En México vivimos una época de grandes transformaciones, momentos en que la humanidad precisa de una amplia participación social, para lograr un futuro mejor, en los distintos ámbitos de la vida nacional; por eso es muy importante llevar a cabo una gran cruzada política, cultural, social y educativa que convierta a la mujer mexicana en la detonante del nuevo humanismo y de la modernización cívica del mexicano.
Si por naturaleza y tradición somos quienes educamos a los hijos, tenemos la obligación como madres, ser las detonadoras de una mentalidad distinta del mexicano. La semilla que debe ser sembrada y cultivada en cada familia y en cada hogar, tiene que ser de avanzada a la cual queremos llegar, y eso sólo podrá lograrse si le enseñamos a la mujer que incorpore en la conciencia de sus hijos valores como: la responsabilidad social, la tolerancia, la honradez, el amor y el respeto a su patria, al medio ambiente, a su pareja, a sus semejantes con los principios heredados por una de las revoluciones mas grandes del siglo XX, la Revolución Mexicana y los valores Universales que rigen la ética mundial, la ética de los hombres y de los pueblos independientemente de su raza, credo o nacionalidad.
Hacer de cada mujer una gran arquitecta del mexicano distinto, del mexicano del futuro, del mexicano humano, cívico, politizado, que necesita el país. Y que nuestras diputadas y senadoras sean quienes con las iniciativas de ley trasformen a la mujer mexicana en un motor propulsor de la modernidad.
La República como concepto y conjunto es una mujer, así la pinta la mitología, y con ella las mujeres debemos tener un compromiso, defenderla de los oportunistas que mantienen en la inmovilidad y el estancamiento al país de los hipócritas que se persignan y al mismo tiempo le mienten al pueblo.
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