domingo, 29 de junio de 2014

Impacto de la Agricultura familiar en pueblos y países.


2ª Parte. 
Víctor Manuel Barceló R.                                           
Recordemos: la ONU (Asamblea General del 2011) determinó que el 2014 sería “Año Internacional de la Agricultura Familiar” (AIAF). Tal agricultura exhibía su importancia porque existen “(...) 1,5 mil millones de personas en 380 millones de establecimientos rurales, 800 millones con huertos urbanos, 410 millones en bosques y sabanas, 190 millones de pastores y más de 100 millones de pastores campesinos. (De ellos) 370 millones de indígenas. Juntos, los 3 mil millones de agricultores familiares, campesinos e indígenas suman más de un tercio de la humanidad y producen 70 % de los alimentos del mundo“ http://alainet.org/publica/alai496w.pdf
Una nación sin campesinos es “incompleta, menos diversificada e históricamente árida, por ausencia de sectores de sus pueblos relacionados productiva, armoniosa y placenteramente con la naturaleza”. La agricultura campesina abarca: campesinos, indios u originarios, negros o mulatos, recolectores de selvas, ribereños, pescadores, artesanales que son productores rurales. El amplio espectro de pueblos no solo es importante por la cantidad y calidad de bienes alimentarios y de otro tipo, que producen, intercambian y comercializan, sino porque mantienen tranquilidad y paz, en amplias regiones del mundo. Heck, Silvino (2014). Ano da agricultura familiar, camponesa e indígena. In http://site.adital.com.br/ site/noticia.php?lang=PT&cod=79874
La Declaración oficial de la ONU señala como objetivo general: “promover la conciencia internacional y apoyar planes impulsados por los países, para fortalecer la contribución de la agricultura familiar y pequeños agricultores, a la erradicación del hambre y la reducción de la pobreza rural, conduciendo así al desarrollo sostenible de las zonas rurales y a la seguridad alimentaria”. Aquí cabe una apostilla: al ser documentos de consenso, la Secretaría de la ONU tiene que buscar una redacción un tanto “light” para recibir el Vo. Bo. de los países hegemónicos.
Lo que de verdad interesa y quedó plasmado en discursos de funcionarios, incluso Presidentes de países presentes en la Asamblea es “reposicionar” a esta porción de productores, en las políticas agrícolas, ambientales y sociales de las agendas nacionales, regionales y globales, por su contribución significativa, tanto a la industria mundial de alimentos, la preservación de los tradicionales, creación de empleo y atenuación de la pobreza, como a la protección de la biodiversidad y herencias culturales.
Ya vimos que entienden a la “integración” de los agricultores familiares como el engancharles a la cadena agroindustrial global, en un mercado libre –rehén de corporaciones y el capital financiero- en el que todos podemos competir y donde las reglas se definen “claras”, pero sus normas les hacen accesibles solo a las empresas grandes, generalmente transnacionales. La Coordinadora Latinoamericana de Organizaciones del Campo – Vía Campesina (CLOC-VC) da algunos datos: con “solo 1⁄4 de tierras arables del mundo, campesinos y campesinas alimentamos al 70% de la población mundial, en tanto más del 40% de alimentos de la cadena agroindustrial se pierden por descomposición (FAO). El 90% del mercado mundial de granos está en manos de cuatro corporaciones: ABC, Bunge, Cargil y Dreyfus”. Finaliza la CLOC-VC “tenemos claridad: el sistema del capital financiero para el campo es agricultura industrial en manos de
…transnacionales…totalmente contradictorio con la Soberanía Alimentaria y la Agricultura Familiar Campesina Indígena”.
Se afirma que “Muchos predios familiares…están…incrementado su renta con el empleo de principios agroecológicos…participación en nuevas actividades económicas …producción de nuevos productos…prestación de nuevos servicios, en general distribuidos y ofrecidos a través de nuevos mercados, socialmente construidos…estas nuevas estrategias (son) formas de recampesinización, que buscan restaurar la naturaleza campesina de la agricultura al fortalecer el predio familiar…una forma de defender y fortalecer la agricultura familiar”.
Frente a esta situación, se trabaja en la conformación de una vía campesina, alternativa a la fase del capitalismo vigente. Habrá que considerar que desde los ’80s del Siglo XX, se implanta, por los organismos financieros multilaterales (FMI y Banco Mundial) y el apoyo planeado de otros órganos (FAO, ONUDI, OMC y organismos regionales) una nueva fase del capitalismo, bajo pleno dominio del capital financiero y las transnacionales. A paso firme y constante van controlando la producción de las principales mercancías, desarmando los mecanismos de protección (nacionales y regionales) para lograr un comercio mundial globalizado, motivando cambios en las estructuras en la producción agrícola planetaria. 
Los interesados en el proceso económico de cada nación, constatamos y documentamos como el capital financiero (CF) fue creciendo como bola de nieve, cayendo sobre los bienes de las naciones, mediante una circulación monstruosa y especulativa en el Planeta, en una escala de cinco a uno, como proporción entre circulante y producción (255 billones de dólares en monedas y apenas 55 billones de dólares en bienes anuales). Para llegar a esas dimensiones el CF convenció, presionó, tiró gobiernos o negoció con ellos –mediante un lobby gigantesco- para transformar leyes y reglamentos internos que protegían el uso de los recursos naturales, en nuevos mecanismos que convirtieron “los bienes de la naturaleza -la tierra, el agua, la energía, los minerales- en simples mercancías bajo su dominio”. 
Las usufructuarias de las nuevas condiciones agrarias en el mundo son alrededor de 100 empresas agroalimentarias transnacionales (Cargill, Monsanto, Dreyfus, ADM, Syngenta, Bunge, etc.). Ellas dominan la mayor parte de la producción mundial de fertilizantes, agroquímicos, pesticidas, agroindustrias y el mercado de alimentos.  Los alimentos entraron en la espiral de la especulación: se venden y trafican en las bolsas de valores internacionales, como cualquier otra materia prima de apetencia transnacional (cobre, hierro, petróleo, etc.). Queda en manos de los grandes inversionistas financieros, la adquisición de millones de toneladas de alimentos, que sin moverse de sus centros de producción, son manejados virtualmente para especular. Ocurre con millones de Ton. de soya, maíz, trigo, arroz; zafras venideras, ni siquiera sembradas, en calidad de comodities , ya están vendidas con años de antelación, constriñendo los precios de los productores –el nivel más débil de la cadena- a lo que la especulación decida en cuanto a sus producciones, que aún no existen, pero que por la “magia” especulativa ya tienen dueño.
Eso explica la enorme concentración de la propiedad de la tierra, de los  bienes de la naturaleza y de los alimentos. México escapa -en parte- porque los campesinos dotados de tierra por la Reforma Agraria de la Revolución Mexicana de principios del siglo XX, estuvo vigente hasta los ochentas. A pesar de los cambios posteriores en sus leyes, que abrieron la puerta al comercio de la tierra agraria, el impacto en venta de ese patrimonio campesino, aún no es de la magnitud que se da en otros países –incluidos los Latinoamericanos- debido, en buena medida, a que aún persisten organizaciones campesinas que aglutinan y encausan el uso de la tierra,  mediante fórmulas que no requieren su enajenación, si bien su renta y el mantenimiento de la conciencia de que la tierra es de quien la trabaja y no, como ahora se afirma, que es de quien la perfora.    

Este modelo de producción que el capital transnacional está “plantando” en todo el Planeta  -agronegocio (agribusiness)- organiza la producción agrícola en monocultivos en enormes extensiones de tierra, obtenidas por medios lícitos pero también ilícitos, a los que aplica el uso intensivo de maquinaria agrícola, agrotóxicos, y semillas transgénicas. Ello hace que este mecanismo productivo sea: socialmente injusto, al desalojar de sus tierras, mano de obra campesina; económicamente “inviable”, al resultar de importaciones gigantescas de fertilizantes químicos. Al estar sometido a grandes corporaciones que dominan: semillas, insumos agrícolas, precios, mercado, permite e impulsa que éstas acaben acrecentando su riqueza,  con la parte sustantiva de las ganancias de la producción agrícola.
Graves para la biodiversidad son sus acciones: insustentables para el medio ambiente por  el monocultivo que practican, aniquilando la biodiversidad de la naturaleza con el uso insensato de agrotóxicos que agotan la fertilidad natural de los suelos y matan a sus microorganismos buenos para una producción sana. De ese modo intoxican al medio ambiente, por ende, a los alimentos producidos, con secuelas de gravedad creciente para la salud de la población, que sufre nuevamente enfermedades ya erradicadas y afectaciones desconocidas hasta ahora. Como ejemplo señalan João Pedro Stedile y Osvaldo León, que en Brasil, el Instituto Nacional del Cáncer (Inca) previno en febrero pasado, que se pronostican para este año 546.000 nuevos casos de cáncer en el país, la mayor parte causada por alimentos contaminados con pesticidas, sobre todo cáncer de mama y de próstata, que son las células más frágiles donde los principios activos de venenos químicos actúan a sus anchas. Consultar: Revista América Latina en Movimiento, No., 496 de junio de 2014, que trata sobre el tema de " Políticas y alternativas en el agro en el año de la agricultura familiar" – (continuará)

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