Indudablemente
todas las medidas que los Gobiernos instrumentan para mejorar la calidad del
aire en el Valle de México, son bienvenidas por el ciudadano, sin embargo,
muchos nos cuestionamos que tan realistas, efectivas y sustentadas son éstas
políticas para reducir la contaminación del aire, porque el gobierno de la
ciudad y la propia Asamblea legislativa del Distrito Federal saben que medidas
como las recientemente publicadas por el Jefe de Gobierno del Distrito Federal,
no van a atacar a los principales contaminantes y que si es bien cierto que los
automóviles de mayor uso contribuyen considerablemente la contaminación del
aire, cierto es que muchos propietarios de estos vehículos viejitos harán el
esfuerzo de comprar otro automóvil para poder satisfacer sus necesidades de
transporte y el de su familia.
Es
saludable que el Gobierno examine con estricto sentido crítico, ¿quiénes
son los factores que mayoritariamente contribuyen a la contaminación?, para que
de esta manera se ataque de fondo, donde todos quienes vivimos en la Ciudad, en
la megalópolis más grande del mundo, igual compromiso es que todos
contribuyamos a resolver el problema de la contaminación del aire.
El
jefe de gobierno en su nuevo programa del hoy no circula, no menciona medidas
para el transporte público concesionado (microbuceros, autobuses, taxis, los
camiones que surten los enceres básicos de la ciudad); tampoco señala cómo
atacar el problema de la entrada y salida en las escuelas privadas y públicas,
donde los padres de familia materialmente bloquean avenidas estacionándose en
doble y triple fila, los transportistas concesionados recogen pasaje en
cualquier parte sin fijarles paradas exclusivas; la revisión periódica de
fundidoras, fábricas, talleres, entre muchas empresas, que si bien es cierto
generan fuentes de trabajo, también es cierto que éstas en su mayor parte
no son revisadas o se incurre a la corrupción para no clausurarlas y obligarlas
a introducir maquinaria moderna y no contaminante; los paraderos de los propios
transportes municipales que el Gobierno ofrece son causas que elevan la contaminación,
los propios parques vehiculares oficiales del gobierno de la ciudad dejan mucho
que desear, incluyendo a muchas patrullas y vehículos que conducen los
agentes de investigación.
El
problema requiere de una reingeniería en la que todos tengamos que contribuir a
la solución de la contaminación del aire, no es válido que el gobierno solo
piense en como perjudicar a los más necesitados, los propios gobernantes
saben que por difícil que sea para una mejor calidad de vida para los moradores
de la metrópolis se requiere revisar cómo funciona y en que condiciones se
encuentra el transporte público concesionado, no desaparecerlo, por el
contrario mediante estímulos fiscales y créditos blandos, apoyar a los
transportistas para que periódicamente le den mantenimiento a sus unidades,
renovar el parque vehicular, otorgando créditos transparentes a los interesados
y no a los líderes transportistas que se han convertido en verdaderas lacras
para impedir que los recursos lleguen a los pequeños propietarios de una o dos
unidades que es de donde sacan para mantener a su familia, ésta fuente de
trabajo hay que conservarla y acrecentarla.
El
Gobierno tiene que ofertar un mejor transporte, más líneas del metro, ampliar
los horarios de funcionamiento y la seguridad pública de la que tanto se carece
y por ello la gente opta por hacer esfuerzo para adquirir un nuevo automóvil.
Si
hay transporte público suficiente, de calidad, en horarios más amplios, y con
seguridad para no ser asaltados, necesariamente la gente tendrá que dejar su
automóvil guardado y utilizar el transporte público como sucede en muchas
metrópolis del mundo, agregado a un transporte a la altura de nuestros tiempos,
revisar el funcionamiento de entrada y salida en las escuelas, carga y descarga
en los mercados y grandes tiendas de autoservicio, revisar el funcionamiento de
fábricas, talleres, fundidoras y mejorar los transportes de recolección de
basura, sería lo más recomendable y explicativo, y no solamente sacar de
circulación los sábados los automóviles más viejitos que son los que ocupan la
gente más pobre de la ciudad.
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