Diversas razones políticas y sociales, llevaron a sustituir el propósito enunciado en el lema "constitución y reforma" por el de una nueva constitución: la vigente, aprobada en Querétaro en 1917, que sentó las bases jurídicas de una nueva sociedad, de una sociedad detenida, surge una sociedad en movimiento, resolviendo problemas de enorme complejidad como los conflictos entre el estado y la iglesia, del acaparamiento otra vez de tierras y riquezas; la enajenación de los recursos naturales del país, establece una forma de vida democrática, sustentada en las libertades, la tolerancia y el respeto a los derechos humanos.
La constitución de 1917, consecuencia de la revolución, establece un nuevo orden con ese sentido revolucionario, como lo refleja su artículo tercero constitucional, relativo a la educación, que reafirma como obligatoria la laicidad, con un carácter más amplio y más profundo que dice: "La enseñanza será libre, pero la que imparte el estado en las escuelas será laica", y establece prohibiciones, para que corporaciones e individuos de cualquier culto religioso no intervengan en la educación. En este artículo se reflejan las luchas en torno a la educación en todo el siglo anterior y durante la revolución, y también refleja la prevención del nuevo estado respecto a la intervención de fuerzas sectarias o intolerantes contrarias al rumbo revolucionario del estado.
La educación fue principio y ordenamiento que animó la modernización de México, con ella construimos conciencias libres y nos dimos la posibilidad de que mujeres y hombres pudieran acceder a los conocimientos tecnológicos y científicos que requerían nuestra transformación. Persistiendo en recuperar sus intereses perdidos, el episcopado mexicano fue nuevamente el principal agresor del estado laico, quien avaló la guerra Cristera con la bendición papal, que al grito de "Viva Cristo Rey" miles de campesinos obedecieron el mandato despiadado de la jerarquía católica, una de las más crueles y atroces embestidas al estado laico con la esperanza de nulificar los logros de la revolución mexicana, su lema era "libertad religiosa", - siguieron pidiendo lo mismo - pretendiendo recuperar esa libertad en el sentido que ellas lo conciben, verse favorecidos en sus pretenciones, recuperar su imperio perdido. La participación abierta del clero en los medios de comunicación para impartir su doctrina, la asistencia religiosa en hospitales, asilos, reclusorios y la que más extrañan la "impartición de educación religiosa en las escuelas publicas", esa es la libertad religiosa en que la jerarquía católica y sus aliados no quita el dedo del renglón; cambiando libertad de creencias y culto, por libertad religiosa, quieren convencer que esta connotación engloba la actual libertad de culto y de creencias, concepto que atenta y pretende aniquilar al estado laico. hoy vemos su participación abierta en contra de leyes sobre aborto, eutanasia y la de matrimonios entre personas del mismo sexo. (continuará tercera parte).
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