martes, 5 de agosto de 2014

EDUCADORES Y EL ANALFABETISMO

Por Cuauhtémoc Anda Gutiérrez  y Esperanza Lozoya Meza

Puede parecer curioso pero México, desde que nació como país independiente ha tenido destacados educadores, pero no una “investigación educativa” que organice y aglutine a varios de ellos, de esta manera alrededor del 27 de septiembre de 1821, cuando jurídicamente nace nuestro país, ya habían destacado educadores como José María Mora (guanajuatense político, fue ideólogo, educador e historiador, considerado como uno de los mejores exponentes del liberalismo en México del siglo XIX). Luchó a favor de una reforma educativa para el país. Se convirtió en consejero del entonces Presidente Valentín Gómez Farías (1833-1835), con el que colaboró en asuntos relacionados con la Educación Pública. Fue partidario de la enseñanza laica por ello se esforzó en desligar la educación del clero. Se distinguió por su empeño en lograr el acceso universal a la educación.

Después destacó, Gabino Barreda (poblano, estudioso de las ciencias naturales, médico de profesión y gran educador. Estudió en Francia a mediados del siglo XIX, con el padre de la sociología, Augusto Comte, poco después de su regreso de Francia el Presidente Juárez le pidió ayuda para redactar la llamada Ley Juárez que se expidió el 2 de diciembre de 1867 donde se señala que la educación debe ser “obligatoria, laica y gratuita” y desde entonces la mayoría de los mexicanos hemos estudiado en ese tipo de escuelas).

Recordemos que el maestro Barreda fue fundador y director de la Escuela Nacional Preparatoria, cuyo lema es “amor, orden y progreso”, precisamente también tomado de las ideas de Agusto Comte. Nótese que ni en la Ley Juárez ni en el lema de la preparatoria se lee la palabra religión, circunstancia inusual en los países occidentales de esa época.

Más adelante vinieron con el movimiento de la Revolución Mexicana, Justo Sierra y la Constitución de 1917 que recoge en el Artículo 3° las premisas de la Ley Juárez, que por cierto provocaron problemas posteriores ante la insistencia del clero católico de que se enseñara religión en las escuelas. No olvidemos, que como mexicanos, venimos de muy lejos y muy abajo y que hasta 1921 cuando se crea la Secretaria de Educación Pública y es hasta entonces cuando se comienza a combatir de manera oficial cada vez con mayor y mayor entusiasmo el analfabetismo que campeaba en nuestro país, ya que en 1810 cuando el grito de la Independencia se estima que de los 5 millones y medio de habitantes del país eran analfabetas 96% de los adultos mayores de 15 años.

Cien años después, cuando la Revolución Mexicana en 1910 la población ya era de 15 millones de habitantes (casi 3 veces más la población) y el analfabetismo seguía siendo de más del 90%. Luego, cien años más tarde, en el 2010, la población llegó a 112 millones, casi 7 veces y medio más de habitantes, pero aún con la pesada  asignatura pendiente de 6% de jóvenes mayores de 15 años analfabetas.

Actualmente según el Plan Nacional de Desarrollo (2013-2018) alrededor de 32.3 millones de adultos no han completado la educación básica, lo que equivale al 38.5% de la población mayor de 15 años. En esta cifra se incluyen poco más de 5.1 millones de personas analfabetas, situación que limita su integración al mercado laboral. Asimismo, se estima que alrededor de 15 millones de personas mayores de 18 años no han completado el bachillerato, requisito para acceder a mejores oportunidades de trabajo. Aún tenemos como sociedad, pesadas tareas pendientes en educación.

Cabe señalar que durante el siglo XX se hicieron esfuerzos importantes para abatir el alto índice de analfabetismo que históricamente hemos venido arrastrando y que causa tanto daño a la sociedad, al tratar de incorporar infructuosamente a los ciudadanos analfabetas a una sociedad cada vez más demandante. Sin duda el Gobierno ha hecho grandes esfuerzos, han aparecido educadores como Rafael Ramírez Castañeda, considerado el padre de la educación rural, porque se empecinó en llevar la educación primaria al campo, donde en la década de los años 30 y 40’s se asentaba la mayoría de nuestra población, obteniendo algunos éxitos y sobre todo sensibilizando a la sociedad. 

Después hemos tenido Secretarios de Educación Pública y gobiernos que han abrazado la lucha contra el analfabetismo, al tiempo que paulatinamente se intensificó la relocalización de la población al pasar de los pueblos a las ciudades, donde fue y ha sido más fácil ofrecer escuelas y servicios de salud a la población.

En el combate contra el analfabetismo se creó en 1981 el Instituto Nacional para la Educación de los Adultos (INEA), que sigue esforzándose en el tema, aunque lamentablemente aún estamos lejos de levantar una simbólica bandera blanca  que signifique el alfabetismo total, como ya lo han hecho muchos pueblos del mundo, incluidos varios latinoamericanos.

Entre los grandes educadores del siglo XX, destaca entre otros desde luego Pablo Latapí Sarre, doctor en filosofía, con especialización en ciencias de la educación, por la Universidad de Hamburgo, Alemania. Realizó por más de 40 años investigación educativa con más de 30 libros que han sido publicados. Recibió diversos premios, entre los que se encuentran los nombramientos  como doctor honoris causa de entre los que destaca el del CINVESTAV del Instituto Politécnico Nacional. Fue representante y embajador de México ante la UNESCO periodo 2006–2007. 

Latapi es recordado, además de por sus libros, por haber impulsado la creación del Consejo Mexicano de Investigación Educativa COMIE, que es una Asociación Civil fundada en 1993. Actualmente  reúne investigadores profesionales, con el objetivo central de promover la investigación educativa. Agrupa a 439 investigadores pertenecientes a 88 instituciones (públicas y privadas) de 29 estados de la República.

Se considera que los investigadores educativos de esta Asociación, poco a poco se han ido ganando un espacio en una sociedad, que ante una evidente crisis de calidad de la educación de las nuevas generaciones, requiere trabajos de investigación educativa prácticamente en todos los campos y niveles.

En otro orden de ideas, el censo de maestros y alumnos que hizo recientemente el INEGI por instrucciones de la SEP, aportó resultados escandalosos y dolorosos por el número de aviadores, de comisionados y de irregularidades que muestran a las claras un descomunal desorden educativo que repercute en una mala calidad de la educación y que mancha injustamente a los buenos maestros que contra todo aún conserva la pésima organización educativa.

Desde luego que en esta materia hay mucho, muchísimo trabajo por hacer y se considera que se deben de presentar a la brevedad propuestas oficiales claras, para llevarlas a  la práctica. Nos referimos a lineamientos relacionados con la infraestructura educativa, hay temas tan sencillos por los que debe de empezarse que parecen obvios pero no están claros. Por ejemplo:

¿Es conveniente que las casas de los niños estén en mejores condiciones en la colonia que la escuela a la que acuden?, la respuesta debería ser igual de bien, pero si la colonia es pobre, con problemas de agua potable, de drenaje, de electricidad y comunicaciones (como son muchas), no es conveniente que ese esquema se repita en la escuela, por razones de salubridad, de higiene, de sentido común, la escuela debe de estar limpia, con aulas, pupitres suficientes, baños y claro teléfonos, es decir con todos los servicios mínimos básicos que incluye hoy en día también, las nuevas tecnologías (computadora, cañón, pantalla, etc).


Los datos que el censo apuntó sobre estos temas, son tan tristes que dan ganas de llorar. Pero ¿díganme qué política pública se está rompiendo?, ¿qué promesas y de quién o quiénes no se cumple?, y también, los padres de familia ¿quieren que en esas “semi escuelas” estudien sus hijos?, ¿con qué gusto van  a ir a estudiar?, y ¿a los buenos maestros, en aquel lugar inhóspito se les pide que acudan a cumplir con su deber? En este sentido debe haber una política pública en la que se comprometa el gobierno, en sus tres órdenes de gobierno a resolver esto como un tema prioritario para avanzar de manera integral en la reforma educativa.

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