Sextante chueco el de quienes basan sus reproches al gobierno en las
exigencias del gran poder económico. La ruta entre Escila y Caribdis obliga
a la nave a buscar referencias en la economía y en las relaciones
internacionales. Un representante del gran capital, el señor Harp, habló en
nombre no sólo de los suyos, que lucran con actividades monopólicas y
especulativas, sino de los otros, los emprendedores que lejos de explotar en
su beneficio el trabajo ajeno, generan la mayor parte del empleo y
fortalecen el mercado interno. El Diablo mayor expresó su desacuerdo con
la reforma fiscal en dos puntos clave: el ISR y las deducciones, y exigió al
Congreso convocar a un período extraordinario. Nuestro malestar
económico se debe al desfavorable entorno mundial y a que los grandes
capitalistas han boicoteado la gestión gubernamental promoviendo amparos
a troche y moche contra la reforma fiscal, llegando incluso a contraer sus
inversiones porque no aceptan que sus cuantiosos intereses sean tocados
por la soberanía popular para fortalecer al Estado y redistribuir el ingreso.
Asimismo, los expresidentes Calderón y Zedillo se sumaron a la exigencia
de los grandes países capitalistas de que los gobiernos de América Latina
condenen a Venezuela por supuestas violaciones a los derechos humanos
–lo que sea que esto signifique-- del gobierno bolivariano del presidente
Maduro. Parece que lo que realmente incomoda a nuestros exmandatarios
es el viraje latinoamericanista que el presidente Peña ha dado a la política
exterior de México que fortalece los principios de no intervención y
autodeterminación de los pueblos.
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