Por
Raúl Moreno Wonchee
El
senador panista Javier Corral encontró la solución de lo que para él es un
tremebundo desastre nacional. Cuenta que juntó a cuates de diferentes partidos
o sin partido, de las más variadas actividades pero eso sí, todos religiosos que
unidos por su hartazgo –lo que sea que eso signifique-- confeccionaron una
larga y amorfa lista de calamidades sin precisar su origen ni su evolución ni
establecer correlación alguna entre ellas, y que según sus entendederas
configuran la más aguda crisis económica, política y social que el país ha
vivido en su historia reciente. Inspirado en un supuesto afán de evitar el más horrible
y espantoso estallido social jamás imaginado, Corral encontró la fórmula
secreta: que se vaya el Presidente de la República. No dice adónde pero supongo
que demandar que deje el cargo para el que fue elegido para seis años por una amplia
mayoría es una forma de invocar un golpe de Estado. Se le hizo fácil borrar de
su memoria la Constitución que protestó cumplir y la democracia que su partido
dice abanderar como ninguno otro. Con el señuelo de encontrar la solución milagrosa
de los problemas reales e inventados, Corral propone utilizar las próximas
elecciones para burlar la soberanía popular, quebrantar el orden constitucional
y socavar las instituciones. Y entonces sí, desatar un vendaval autoritario que
deje al país a merced de los más fuertes.
Que los llamados poderes fácticos con su poderío económico basado en el
monopolio y el abuso, sin cortapisa alguna ni ley que los contenga, impongan
sus intereses. Algo tendrían que decir los partidos y por supuesto la
Secretaría de Gobernación.
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