martes, 18 de agosto de 2015

La nave va. El PRI y la circunstancia nacional.

Por Raúl Moreno Wonchee

Hay sentencias políticas lapidarias que luego se quieren aplicar a toda costa y vuelven fallidos los intentos de explicar los hechos. Como aquélla de que en política los enemigos no son los de la acera de enfrente sino los que están al lado. A veces pasa, pero sólo a veces. Porque suele haber políticos cuyo talento consiste en prevenir enemistades en su propio bando y que cuando amenaza la discordia saben llevar al límite de sus intereses su disposición conciliadora. Así ocurrió, por ejemplo, en la última elección de gobernador en el Estado de México cuando Enrique Peña supo aceptar que su partido tuviera un candidato que no formaba parte de su grupo y cuyo arraigo popular lo hacía objeto del deseo faccioso del perredismo. Guardadas las proporciones, algo similar pasó cuando Manlio Fabio Beltrones supo aceptar la candidatura presidencial de Peña garantizando la unidad que permitió derrotar a la derecha entonces en el gobierno y superar a una izquierda cuya impostura no sólo le impidió reconocer su éxito sino lo convirtió en fracaso. Peña y Manlio son, entonces, políticos que conocen  y se reconocen en la circunstancia nacional, lo que les da capacidad para hacer de esa gran amalgama de intereses diversos que es el PRI, un frente unido y coherente que cuenta con un programa, una carta de navegación para surcar las procelosas aguas del segundo trienio bajo una ofensiva sin precedente de fuerzas injerencistas y de la extrema derecha que busca vulnerar al Estado y quebrantar a la nación. Si se logra la continuidad de las reformas y el consiguiente fortalecimiento institucional, la sucesión se resolverá por añadidura. 

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