sábado, 22 de agosto de 2015

La nave va. El quebranto

Por Raúl Moreno Wonchee

Se siente como si los huesos se rompieran y las articulaciones se inflaran hasta reventar. La vista se nubla y la fiebre se enciende y sube por arriba de los 39. Los pacientes quedan postrados y de trabajar, mejor ni hablamos. Un virus de reciente aparición que no se sabe de dónde salió aunque sí que llegó de África, de Tanzania donde los makondes denominan chicungunya a la enfermedad que dobla, tuerce, aún más, retuerce a los que la padecen. Un virus que inocula el famosísimoaedes aegipty, el mismo de la fiebre amarilla y el dengue, enfermedades que se explican por la prevalencia de la pobreza y la incuria sanitaria. Del chicungunya hablamos, que hoy azota el trópico mexicano causando graves daños a la salud de la población y gran perjuicio a la economía. Las autoridades sanitarias han subestimado el problema. Me refiero no sólo al chicungunya sino a las enfermedades infecciosas y parasitarias que desde hace algunos años han repuntado junto a la pobreza. En los tiempos de la construcción institucional, en la Universidad Gabino Barreda que originó las escuelas nacionales  de Ciencias Biológicas y  de Antropología e Historia, nació el Instituto de Enfermedades Tropicales que dio eminentes servicios a la salud pública de nuestro país. Cuando el neoliberalismo se enmascaró de modernidad, el Instituto fue cerrado. Bajamos la guardia y el repunte de enfermedades que habían sido desterradas como el paludismo y la tuberculosis, ha acompañado el surgimiento de otras como el dengue y el chicungunya. Está pendiente una reforma sanitaria que ordene y redefina las políticas de salud y reconstruya las instituciones. 

La nave vaLa nave va

El quebranto
Por Raúl Moreno Wonchee
Se siente como si los huesos se rompieran y las articulaciones se inflaran hasta reventar. La vista se nubla y la fiebre se enciende y sube por arriba de los 39. Los pacientes quedan postrados y de trabajar, mejor ni hablamos. Un virus de reciente aparición que no se sabe de dónde salió aunque sí que llegó de África, de Tanzania donde los makondes denominan chicungunya a la enfermedad que dobla, tuerce, aún más, retuerce a los que la padecen. Un virus que inocula el famosísimoaedes aegipty, el mismo de la fiebre amarilla y el dengue, enfermedades que se explican por la prevalencia de la pobreza y la incuria sanitaria. Del chicungunya hablamos, que hoy azota el trópico mexicano causando graves daños a la salud de la población y gran perjuicio a la economía. Las autoridades sanitarias han subestimado el problema. Me refiero no sólo al chicungunya sino a las enfermedades infecciosas y parasitarias que desde hace algunos años han repuntado junto a la pobreza. En los tiempos de la construcción institucional, en la Universidad Gabino Barreda que originó las escuelas nacionales  de Ciencias Biológicas y  de Antropología e Historia, nació el Instituto de Enfermedades Tropicales que dio eminentes servicios a la salud pública de nuestro país. Cuando el neoliberalismo se enmascaró de modernidad, el Instituto fue cerrado. Bajamos la guardia y el repunte de enfermedades que habían sido desterradas como el paludismo y la tuberculosis, ha acompañado el surgimiento de otras como el dengue y el chicungunya. Está pendiente una reforma sanitaria que ordene y redefina las políticas de salud y reconstruya las instituciones. 

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