Por Raúl Moreno Wonchee
El aumento del número de pobres en 2 millones entre 2012 y 2014 ha provocado un escándalo formidable. O mejor dicho, la cifra está siendo utilizada para generar un gran escándalo que ahorre argumentos a aquellos que con intenciones políticas distintas y hasta aparentemente contrarias sostienen que Peña ha fracasado: los que buscan debilitar al gobierno para que imperen sin cortapisas los poderes fácticos, los que quieren hacerle espacio a sus infundadas propuestas redentoras, los que quieren que la sociedad olvide su reciente paso por el poder y sus atroces secuelas de estancamiento económico y deterioro social. En todo caso, hay que asumir la cifra y explicarla. Acción Nacional y los grandes capitalistas culpan a la maldita reforma fiscal aunque haya entrado en vigor apenas hace unos meses. Lamentan que millones de niños estén naciendo en la pobreza cuando los gobiernos panistas, por motivos ideológicos y religiosos, violaron la Constitución y abandonaron la planeación familiar dejando desprotegidos a millones de pobres que se han visto avasallados por el desbordamiento de la natalidad que los está multiplicando. La cifra marca un momento del proceso que viene del neoliberalismo inicuo y del asistencialismo inocuo. Es la amarga cosecha de lo sembrado por la derecha. Ahora se trata de que la política social sea productiva y la política económica impulse el crecimiento y la redistribución del ingreso. Para eso se hicieron las reformas. Por eso la derecha no sólo se les opone sino las quiere descarrilar. Y los que festinan la cifra, los que escandalizan, no proponen la participación informada sino la pasividad y el pasmo, la despolitización.
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