sábado, 21 de noviembre de 2015

La nave va. La tragedia y la farsa.

Por Raúl Moreno Wonchee

Una vez más no se celebró el aniversario de la Revolución. Quiero decir no como se debe hacer, ni siquiera como se hacía antes: en la fecha debida, día feriado para que a nadie escapara la importancia de la conmemoración y permitiera la celebración en todas las ciudades de actos cívicos encabezados por las autoridades con escolares, sindicalistas y  deportistas. Así se recordaba la gesta maderista que inició nuestro andar por la democracia  y la justicia social. Aunque hay quien piensa que la Revolución  comenzó antes, con el Programa del Partido liberal y las huelgas de Cananea y Río Blanco. Y puede decirse que así comenzó el proceso social, pero el movimiento político nacional de masas que depuso a la dictadura, dio lugar al fin del viejo régimen, recuperó la soberanía y desembocó en una Constitución que reivindicó la tierra y el trabajo, comenzó, para la liturgia laica que guarda en nuestra memoria colectiva las efemérides de nuestra nación, el 20 de noviembre de 1910. Pero esta vez la conmemoración dejó de serlo porque nada se significa el 17 sino el sometimiento a los intereses comerciales de la evocación histórica. ¿Sería la Cámara de Comercio la promotora del desaguisado? No lo hurtan, lo heredan de aquellos enemigos de Madero que instigaron el cuartelazo de Huerta, el asesinato del Presidente y vieron con complacencia el martirio de Belisario Domínguez. Y lo que es la vida, uno de sus capitostes actuales ha sido galardonado con la medalla que lleva el nombre y la inspiración del prócer chiapaneco. En su momento, el Senado le dio la espalda a Don Belisario. Ahora lo ha vuelto a hacer.

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