Muy bien cayó el gesto de humildad del Presidente de la República, al pedir perdón a los mexicanos en el tema de la tan llamada y traída “Casa Blanca”, para los mexicanos de buena fe, que creemos en la corrección del rumbo cuando el gobernante se equivoca, o este se ve involucrado en posibles actos de corrupción, pero que de manera abierta y pública asume la responsabilidad, que trasciende a la esfera personal y afecta a las instituciones del gobierno, como es el caso y que tanto daño ha causado a la sociedad, que cada vez cree menos en los gobernantes y en los partidos políticos.
Claro que no todos están conformes, ni lo estarán con cualquier declaración, o inclusive éstas acompañadas de actos concretos de verdadero combate a la descomposición del gobierno, que se genera por la corrupción y la impunidad, hechos por cierto, no sólo cometidos en los gobiernos priístas, ni tampoco son desviaciones patrimonio de un solo partido político, pues vemos los escándalos generados en Sonora, Baja California, Guanajuato o el propio municipio de Monterrey, espacios gobernados por el panismo, o los hechos lamentables en gobiernos como el de Ángel Aguirre en Guerrero, en Oaxaca y en Zacatecas, donde gobernó la izquierda, y en la propia Ciudad de México y en los gobiernos del mismo signo, inclusive durante el gobierno del dirigente de Morena, en todos ellos, actos escandalosos como los generados actualmente en Veracruz, Quintana Roo, Chihuahua o Tamaulipas, pero a ellos, los detractores del actual Presidente y su partido, los ven pero los encubren, como los del señor de las ligas y el señor Ahumada en el gobierno de López Obrador. Por ello la reacción al perdón del Presidente, de este tipo de personaje es la descalificación y consecuentemente a través de las redes sociales y demás medios masivos de comunicación denostar un acto de buena fe, que esperemos la inmensa mayoría de los mexicanos que se traduzcan en hechos concretos y en un verdadero combate a la corrupción, a la impunidad, en todos los frentes, empezando por el gobierno federal, en todas las esferas y en todos los niveles, donde la ineficacia y la corrupción siguen imperando, pero en igual circunstancias, en todos los frentes de los gobiernos estatales y municipales, en los congresos legislativos, federal y locales, y en el propio poder judicial, sin importar el signo político partidista de quienes gobiernan.
Señor Presidente, que su declaración que muchos quisiéramos entender de buena fe y con un firme propósito de corregir el rumbo, de cerrarle la puerta al verdadero problema que provoca la desconfianza del mexicano en sus instituciones y que muchos consideramos que son los verdaderos flagelos que han provocado fenómenos tan desagradables como la inseguridad pública y con ello la falta de inversión, tanto nacional como extranjera y la generación de empleos para elevar la calidad de vida de los mexicanos, hoy está usted frente a la oportunidad de la historia de pasar del discurso a los hechos, para señalar a los responsables, sean del partido que sea, ante los tribunales y a que paguen la afrenta a la sociedad, que sin duda es la que con su voto legitima a los gobiernos el ejercicio democrático del poder, ciertamente con tolerancia, no a los extremos con que se deja de juzgar a quienes cometieron delitos desde el ejercicio mismo del poder, hay que llevar a la justicia a los gobernantes corruptos, a los supuestos líderes sociales que se han apoderado bajo siglas partidistas de los programas sociales y que como consecuencia, la multimillonaria inversión pública, destinada al combate a la pobreza, no llega a sus destinatario, por eso esta crece en lugar de decrecer.
El clientelismo electoral de todos los partidos debe combatirse, actos como el vandalismo de los supuestos maestros apoyados por supuestas organizaciones sociales victimizan a millones de infantes, y no es real que los padres de familia apoyen a maestros faltistas, pues que padre de buena fe en un sano juicio quiere que sus hijos en lugar de recibir conocimientos en las aulas, éstas se conviertan en espacios de tiempo perdido y que sus hijos no agoten los programas educativos que les permita una preparación eficaz, para convertirse en buenos ciudadanos y mejores profesionales, capaces de competir en el mercado profesional con los mejores del mundo.
Sólo le quedan señor Presidente 28 meses de gobierno, no pase a la historia como uno de los mandatarios más grises de la misma, si no como el mejor, para lograrlo solo tiene que seleccionar a las mejores mujeres y hombres en los mandos públicos, someterlos a una evaluación permanente y encarcelar a los que cometan delitos, desvíos de recursos o relevar a burócratas vividores que han hecho a lo largo de los años al espacio de la administración pública como el instrumento de enriquecimiento personal, y finalmente es recomendable que revise porque la administración pública no funciona o no da resultados, mucho tienen que ver en este aspecto los liderazgos sindicales eternos, que en realidad se han convertidos en verdaderos negocios personales y familiares, antes que defensores de los derechos de los trabajadores.
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