No dejemos caer las banderas históricas de México, que están en pie.
En la etapa histórica que vive nuestro país, el derecho puede funcionar perfectamente como un instrumento idóneo del cambio; porque el derecho no es sólo una estructura; el derecho también es un agente que influye en la transformación social. El derecho no es sólo el reflejo de la realidad, no sólo es la administración de lo existente, desde el punto de vista legal. El derecho es la fuerza que influye en su transformación social, y creemos que es la única vía democrática de legitimidad, y de avance para ésta etapa que estamos viviendo, que mediante reformas sea el camino justo, correcto y adecuado que tiene nuestro país para llevar adelante su transformación hacia una sociedad más justa, más humana, con mayor equidad y no el dolor y enfrentamiento entre mexicanos ¡que nadie trate de dividirnos!
No creemos en el camino de la violencia, México ya ha pagado con sangre a lo largo de su historia, y muchos han seguido pereciendo en su lucha social. Sólo las mentalidades ofuscadas y ciegas pueden pretender seguir ese camino, buscando a través de cualquier medio incluso los de algunos instrumentos de comunicación cuyas plumas fomentan la intriga, la descalificación, el insulto entre verdades y mentiras, en un país como México, necesitado de ahorrar sus recursos humanos; necesitado de proteger a su pueblo; necesitado de crecer y fortalecerse, y en el que la violencia puede adquirir un signo reaccionario que puede conducirnos al genocidio y al suicidio que nuestro pueblo no merece y rechaza.
Nos oponemos a la violencia y a sus consecuencias; porque la violencia, en las condiciones concretas de México puede ser camino para el reforzamiento, dentro y fuera del gobierno, de las corrientes autoritarias y puede conducir temprano o tarde el surgimiento de formas dictatoriales de gobierno, que una parte de nuestro pueblo sabe y siente y, que son contrarias a su espíritu de libertad. Ninguna dictadura para México; ni de derecha ni de izquierda, ni de centro, ni militar ni civil; ningún gobierno despótico; no ceder a la violencia, no arriesgar, ese es un deber que corresponde al pueblo mexicano y de sus círculos responsables, del gobierno y de los gobernadores.
Buena o mala, la política del gobierno de México la resuelve el gobierno y la tenemos que discutir los mexicanos, no los extranjeros, la política se decide desde la residencia presidencial, del recinto de las Cámaras de Diputados y Senadores, de la Suprema Corte de Justicia de la Nación. No debe decidirse de ninguna fuerza externa o interna, de adentro o de afuera del país. Es bueno recordar que, quien pierde la calma, pierde el honor, pierde la vida y pierde la historia.
No hay comentarios:
Publicar un comentario