martes, 4 de octubre de 2016

La nave va. Paso que dura.

Por Raúl Moreno Wonchee

Hace un año, al intervenir  en la Asamblea General de las Naciones Unidas, el presidente Peña Nieto puso especial énfasis en la defensa de los migrantes contra el racismo y la discriminación. Y llamó a estar alertas contra los carentes de entendimiento, responsabilidad y sentido ético, que siembran odio y rencor con el fin de cumplir agendas políticas y satisfacer ambiciones personales. No fue sólo una alusión a Trump sino un claro posicionamiento frente al populismo derechista, xenófobo, racista y discriminador que catapultó al plutócrata a la candidatura republicana.  En los meses siguientes el Presidente mantuvo el tono en sucesivas declaraciones contra la demagogia antimexicana del magnate y luego tomó la iniciativa: la invitación a los candidatos no fue una cortesía ni mucho menos una intromisión en su disputa, sino una respuesta tajante a las intenciones de usar a México como carnada electoral.  Ante Trump, el presidente Peña argumentó las sólidas razones de México y los legítimos intereses de los mexicanos. Las estridencias y las majaderías de Trump resultaron de su impotencia argumental. Y hace unos días, otra vez en la ONU, el presidente Peña reiteró el rechazo de México al racismo y a la discriminación y reivindicó a los migrantes en una lúcida disertación con la que fundamentó su propuesta de que México sea la sede, en 2017, de la reunión internacional preparatoria del pacto global para la migración que deberá aprobarse en 2018. En suma: nacionalismo moderno con visión estratégica. Mientras tanto, los nuevos polkos están buscando, a toda costa, debilitar al Presidente. ¿En favor de quién? 

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