domingo, 13 de noviembre de 2016

La nave va. La noche triste.

Por Raúl Moreno Wonchee

La polka calló y los polkos cayeron; si tuvieran vergüenza debieron callar. Después del fallido advenimiento de la redentora, sus caras no mostraron sorpresa sino estulticia. La buena los dejó helados y la mala los dejó perplejos: perdió Hillary y ganó Trump, dos  noticias en una que El País no se atrevió a dar y desveló a Clinton como impresentable voluntaria al abandonar a sus partidarios en su noche triste. La claque mediática impuso el apoyo a Clinton  ocultando su terrorismo migratorio y sus actos criminales contra México cometidos desde el Departamento de Estado. Cuando vino Trump, le echaron gasolina a la hoguera del descontento inducido y vociferaron contra el Presidente. Pero Peña Nieto es el único jefe de Estado del mundo que ha hablado con Trump y que supo interponer la palabra, instrumento privilegiado de la razón, para que cesara sus injurias contra México. En los últimos dos meses de la campaña y en los debates, el republicano se vio privado de su principal instrumento propagandístico. Para desgracia de Clinton porque entonces Trump dirigió sus baterías contra ella y la hizo pedazos.  Cuando al mismo tiempo que Trump, Clinton  recibió la invitación del Presidente, ni siquiera acusó recibo no obstante que México es el país más importante para Estados Unidos. Ese gesto de inaudita soberbia abonó su aislamiento y su derrota. El Presidente no atacó ni elogió a ninguno de los dos, sólo defendió a México y demostró el valor del diálogo al que Clinton se negó. Aquí, el gran derrotado fue el hillarysmo criollo, lo que causaría hilaridad de no ser por los daños a la dignidad del periodismo y al Senado, que al ponerse la camiseta de Hillary bailó la polka y se cubrió de oprobio. Margarita se quedó sentada. 

No hay comentarios:

Publicar un comentario