Por Raúl Moreno Wonchee
La Mexicana fue la primera revolución social del siglo XX porque la Constitución reconoció los derechos individuales y colectivos generados por el trabajo. Gran logro que busca no sólo atenuar los efectos perniciosos de un inevitable cuanto tardío capitalismo, sino avanzar hacia la emancipación de México en la Idea de ser una nación soberana y libre de la explotación humana. El tripartismo ha sido la vía mexicana para que las contradicciones del proceso económico den lugar, mediante la intervención del Estado, al diálogo social que se ha traducido en instituciones fundamentales, entre ellas las Juntas de Conciliación y Arbitraje cuya supresión está en curso. Sin argumentos, sólo con la percepción superficial de que son corruptas y sin un diagnóstico de los mecanismos de esta suposición, estamos a punto de tirar el agua sucia de la bañera con todo y el niño. Todos los principios invocados para justificar la nueva figura judicial podrían introducirse en las Juntas con una sola excepción: la imparcialidad, pues lo que está en juego son derechos de los trabajadores que el Estado está obligado a tutelar. Lo mismo puede decirse del conciliador cuyo vínculo con la soberanía popular se disuelve en una autonomía fuera de lugar. El Ejecutivo será excluido de la justicia laboral y las partes quedarán enfrentadas en instancias “imparciales y autónomas” donde el que tenga más saliva comerá más pinole. La receta culmina dictando que los sindicatos elijan a sus dirigentes, diriman sus controversias y procesen sus demandas por voto directo y secreto, lo que viola la libertad y la independencia sindicales, pone a nuestro país al margen de la Organización Internacional del Trabajo e impone a los trabajadores procedimientos ajenos a la naturaleza de sus organizaciones. El voto secreto y directo estimula las diferencias y permite intromisiones ahí donde los trabajadores deben unificarse para defender de sus derechos y su identidad clasista. Todas las clases, sectores y grupos sociales tienen libertad de asociación, la que se pretende conculcar a los trabajadores ¡en el Artículo 123 de la Constitución! Un siglo estuvo México en la vanguardia del Derecho del trabajo; la contrarreforma al 123 podría ponernos a la cola del mundo civilizado.
No hay comentarios:
Publicar un comentario