sábado, 3 de diciembre de 2016

La nave va. Hasta siempre.

Por Raúl Moreno Wonchee

Han ido pasando días de tristeza profunda y azorada. Mientras las hienas intentan en vano destrozar su memoria a dentelladas mediáticas de odio y rencor por haber hecho de Cuba un ejemplo mundial de dignidad, de humanidad completa, su pueblo habló en primera persona: ¡Fidel soy yo! proclamaron miles de miles en honor del Comandante. El inmenso coro se transmutó en sentencia definitoria: Fidel es Cuba y Cuba es Fidel, como lo  atestiguó el medio centenar de dignatarios que en nombre de sus naciones fueron hasta La Habana a condolerse por la inmensa pérdida y a enaltecer la obra del gran revolucionario que al conducir a su pueblo por los senderos de la independencia y la soberanía, dio una contribución mayor a la lucha de la humanidad por la libertad, la igualdad y la fraternidad. Frente al imperio mantuvo incólume la integridad de Cuba y la liberó del analfabetismo, de la ignorancia, del latifundismo, de la insalubridad, de la injusticia, de la miseria, del hambre, de la explotación. Una y la misma lucha por la liberación nacional, la emancipación social y la democracia, no la del dinero que falsifica la voluntad popular, sino de la que nace de la educación, del trabajo, del bienestar social. Democracia revolucionaria, de trabajadores. En la FIL sonó la voz del rector Graue: Fidel fortaleció la identidad latinoamericana; al pie del monumento a Martí el presidente Peña coincidió con el Rector de la UNAM al considerar a Fidel figura emblemática de nuestro siglo XX. Y reafirmó el compromiso de los mexicanos de acompañar a Cuba en su lucha histórica. De Fidel puede decirse lo que Robespierre dijo de Rousseau: el más elocuente y virtuoso de los hombres.

No hay comentarios:

Publicar un comentario