lunes, 27 de febrero de 2017

La nave va. Febrero intenso.

Por Raúl Moreno Wonchee

En los trabajadores, la unidad nacional es de oficio. Dígalo si no el mitin con el que la Confederación de Trabajadores de México conmemoró los cien años de la Constitución. Decenas de miles de afiliados a sindicatos cetemistas se reunieron en el Monumento a la Revolución el mero día del centenario al mismo tiempo en que se realizaban las ceremonias oficiales, en un acto que no tuvo paralelo en la llamada sociedad civil. Por su lado, los partidos políticos fueron especialmente omisos a la fecha ignorando que una de sus funciones sustantivas es la educación política de sus militantes y vaya si la ocasión los obligaba. Y con la excepción reglamentaria, en las instituciones no hubo siquiera referencias al acontecimiento histórico al que deben su existencia. ¿Ingratitud? ¿Ignorancia? ¿Desidia? Todo eso y más. Y luego pululan los insensibles que andan diciendo de la manifestación de los valientes en defensa de la   soberanía, a la que por lo visto la mayoría de sus convocantes y de sus críticos no asistió, fue una marchita y desangelada marchita de los marchitos. Por eso y por otras muchas razones, tuvo sentido el tono pedagógico del discurso del presidente Peña el Día de la Bandera: con paciencia infinita explicó que la unidad nacional no es unanimidad ni dogmatismo, tampoco resultado de la imposición o de la censura, ni darse en apoyo a una persona sino en torno a la Constitución donde la soberanía tiene su origen y mantiene su vigencia contra los vientos huracanados del norte. Y es la mejor arma de nuestro equipo nacional de esgrima que con una destreza diplomática portentosa está ganando puntos para la Patria.

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