Por Raúl Moreno Wonchee
Abril, el mes más cruel, escribió el poeta. Sería porque la primavera desvela las tierras baldías y las almas vacías, o porque a la vuelta de la esquina está la Semana Santa y la muerte del redentor. En México, abril de 1914 sí que fue cruel: el extraño enemigo profanó el suelo de la Patria. La defensa de la democracia y del honor fue el pretexto de Wilson para ocupar Veracruz. Dizque unos soldados huertistas humillaron a unos marines y se mearon en las barras y las estrellas. Sin decir agua va, la armada yanqui bombardeó el Puerto defendido heroicamente por la población civil y los cadetes de la Escuela Naval. Wilson le escribió a Carranza: quería castigar a Huerta y exigirle se disculpara por los agravios cometidos. El Primer Jefe replicó: el chacal no representa a México y sus actos no pueden ser usados para agredirnos. Y a pesar de la asimetría militar, los mexicanos estamos dispuestos a la guerra en defensa del territorio. Argentina, Brasil y Chile ofrecieron mediar, lo que aceptaron Wilson y Huerta pero rechazó Carranza. Wilson exigió entonces se le solicitara la desocupación y se reconociera su acción como favorable a la democracia. No hubo solicitud y la ilegitimidad de la intervención fue denunciada: se van como llegaron, ¡la soberanía es primero! proclamó el Primer Jefe. El pueblo en armas depuso a Huerta en julio pero los gringos se fueron hasta noviembre dejando en evidencia sus fracasadas intenciones de intimidar al constitucionalismo y mediatizar la soberanía. Así fundó Carranza la política exterior de la Revolución que daría dignidad constitucional a los principios de autodeterminación de los pueblos y de no intervención. En el ejemplo de Carranza hay inspiración bastante para que la política exterior de la República siga, invariablemente, el cauce de la Constitución.
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