lunes, 24 de abril de 2017

La nave va. Nuevo ciclo.

Por Raúl Moreno Wonchee

Gran entelequia de nuestro tiempo, el movimiento obrero cambió para siempre el orden de los factores de la historia al hacer del trabajo el componente mayor del progreso social y del desarrollo humano. En los inicios del siglo XX las luchas obreras anunciaron el advenimiento de la Revolución a la que aportaron programa y sustancia. El movimiento obrero se incorporó a la lucha armada donde preparó su alianza ulterior con el Estado entonces en gestación. Alianza que no ha sido miel sobre hojuelas sino una ardua e ininterrumpida contienda social cuya dialéctica, aparentemente irreductible por las contradicciones de la estructura económica, ha abierto el camino del desarrollo democrático nacional. Porque han sido los trabajadores los que se han echado al hombro el país a la hora de enfrentar las crisis originadas en las inclemencias de la economía internacional y los quebrantos generados por  el conservadurismo estabilizador. Es decir, la lucha de las clases trabajadoras no ha sido sólo por su mejoramiento sino porque en nuestro país se alcancen y prevalezcan las condiciones para el ejercicio de la soberanía popular. Sin embargo, el movimiento obrero no ha alcanzado el protagonismo correspondiente a la  aportación de los trabajadores a la producción de los bienes y servicios que sustentan la economía y a la creación de las condiciones políticas que han hecho posible la democracia. Ahora, con la presidencia de Carlos Aceves del Olmo, el Congreso del Trabajo inicia un nuevo ciclo que apunta a fortalecer y ampliar la unidad y a renovar sus relaciones con el gobierno. Los avances en empleo y salarios son indicativos y favorables. 

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