La visión patrimonialista de las altas
burocracias en los partidos políticos y las crisis ideológicas y de identidad,
en las asimetrías políticas y en las últimas dos décadas al menos se han venido
presentando en la lucha electoral en México, han dado como resultado la
desesperación y el hartazgo de los militantes y los simpatizantes de las
principales fuerzas políticas del país.
La concepción que al menos se percibe de
manera casi generalizada en la militancia y
liderazgos de base de la mayoría de los partidos políticos, es que las
altas dirigencias de sus partidos, han abusado de la concertación que más bien se
convierte en concertaseciones que no son otra cosa que la negociación y el
acuerdo para entregar determinados espacios geográficos electorales entre las
propias cúpulas para controlar los espacios de Gobierno y legislativos en
disputa, fenómeno que particularmente se ha hecho notorio en Estados como Baja
California, el Distrito Federal, Guerrero y Morelos, entre otros, pero
especialmente en la capital del país, donde casi a dos décadas de haberse
instalado en el poder, la izquierda mexicana con todo el abuso del uso de los
recursos públicos y del control de toda actividad por el gobierno de la ciudad
y su partido, sin importar el atropello de la ley, han repetido una y otra vez
el control en la organización de las campañas políticas, de los órganos
electorales y con ello los resultados en favor del PRD y sus aliados, frente a
una actitud complaciente, desinteresada y consentida por los partidos
opositores, PRI y PAN.
Los seis procesos que de manera consecutiva
el PRD ha derrotado con carro completo al PRI y casi en el mismo fenómeno al
PAN, la militancia de esos Partidos, especialmente la del PRI la conciben como
una concertaseción hacia los partidos de la izquierda y por ello han dejado la
imagen de que importa más el arreglo entre las cúpulas que luchar palmo a palmo
durante las campañas política y previo a ellas señalar los desasiertos de las
desastrosas e ineficaces
administraciones en las demarcaciones delegacionales, el Gobierno
central y el abuso en la Asamblea Legislativa, donde el mayoriteo de la
representación perredista y sus aliados han convertido en este espacio
legislativo en un apéndice del Jefe de Gobierno en turno.
Especialmente en el Priísmo aunque no sea
exclusivo de éste, los militantes y simpatizantes se sienten traicionados,
olvidados y en consecuencia desanimados para hacer trabajo en favor del PRI y
sus candidatos, sin embargo en éstos 17 años, más que como militantes del PRI o
del PAN, por sus necesidades y carencias manifiestas en la prestación de los
servicios públicos, la corrupción generalizada, la prepotencia y el autoritarismo
de las autoridades del Distrito Federal han generado un sentimiento de
solidaridad y de lucha para buscar nuevas fórmulas que sin importar militancia
partidista o asimetría ideológica, la formación de alianzas organizadas que les
permitan con posibilidades de triunfo con candidatos comunes para generar la
alternancia en los gobiernos delegacionales y en la integración de la Asamblea
Legislativa del Distrito Federal.
Esta forma de participación política de los
grupos se empezó a manifestar en la campaña política del 2012, hoy escuchamos
que en diversas delegaciones del Distrito Federal se están agrupando liderazgos
de base del priísmo, del panismo, de nueva alianza y del Partido Verde,
inclusive, algunas corrientes del perredismo cansadas de los abusos y que
haciendo causa común su pretensión se centra en promover la alternancia y
quitar el monopolio al PRD en la ciudad de México.
La estrategia no es mala, por el contrario
frente a las prácticas antidemocráticas,
el uso faccioso de los recursos públicos por parte de los gobiernos perredistas
que controlan toda actividad pública en la ciudad y de cualquier costo, y sin
importar la crítica apagan cualquier movimiento ciudadano o de partido político
alguno que vaya en contra o ponga en riesgo, el triunfo del perredismo en las
urnas, creemos que las alianzas de éstos liderazgos naturales son el camino
necesario para permitir que sea la voluntad ciudadana manifestada en la boleta
electoral, en plena libertad y sin condicionamiento que imponga el gobierno la
que debe determinar cuál debe ser la propuesta que gobierne, es decir, las
alianzas plurales y ciudadanas son el resultado de la impotencia, el hartazgo y
la desesperación de amplios sectores de la población con Partido y sin partido
e inconformes con los gobiernos patrimonialistas y hereditarios entre familias
que ha impulsado el PRD en ya casi 20 años de gobierno, ejemplo claro Gustavo
A. Madero, donde la Jefa Delegacional heredó el cargo de su pareja Victor Hugo
Lugo, pero lo mismo pasa en Iztacalco, en Iztapalapa, en Tláhuac, o en
Azcapotzalco o en cualquier delegación que le busquemos, en todas encontramos
la herencia de los puestos entre familias.
Ya no más uso y control monopólico del PRD y
su gobierno de los recursos públicos, es el clamor de los aliancistas, por ello
sus voces deben ser escuchadas por las cúpulas partidistas, especialmente del
PRI, del PAN, de Nueva Alianza y del Partido Verde, para que en este proceso
electoral del 2015, si se consolidan las alianzas de las bases de manera plural
y las dirigencias partidistas lo avalan para darle forma en términos de la
legislación electoral que hagan posible las candidaturas comunes en los
diferentes espacios que estarán en disputa en el 2015, la ciudad de México
tendrá como resultado gobiernos delegacionales democráticos, una asamblea
plural que sirva de contrapeso al Gobierno local y que se fomente el
parlamentarismo en el que las leyes sean producto de los consensos plurales con
una visión de futuro para las mayorías
de los capitalinos al igual que la revisión de los presupuestos, el control del
gasto y la rendición de cuentas, sean políticas públicas, condición de estado y
no actos de capricho y de ocurrencias del gobernante que da como resultado las
políticas fallidas como la obra de la línea 12 del metro, obras inconclusas y
mal hechas como los segundos pisos del periférico la falta de mantenimiento al
metro y el incremento de la corrupción en todo trámite que los capitalinos
deben realizar ante las delegaciones o las dependencias del Gobierno central.
Las alianzas y los acuerdos de las fuerzas
políticas contrarias al gobierno de la ciudad, como alternativa con toda
seguridad, aparejadas a una mayor dedicación a las estructuras territoriales,
para cuidar las urnas nos llevaran a la alternancia en el Distrito Federal.
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