miércoles, 26 de noviembre de 2014

CARTA A LA JUVENTUD POLITÉCNICA

Por Cuauhtémoc Anda Gutiérrez



Soy uno más de los ochocientos mil egresados del Instituto Politécnico Nacional, institución a la que llegué en 1951 cuando tenía 12 años para estudiar la pre-vocacional, luego la vocacional, después ingresé a la Escuela Superior de Comercio y Administración (ESCA) donde concluí la carrera en 1961 y de inmediato me inscribí a la Escuela Superior de Economía (ESE) donde terminé la carrera en 1967. Fui maestro tanto en la ESCA como en la ESE, estudie Maestrías, fui becado en Francia un año y cuatro años en la Universidad de Texas donde hice Maestría y Doctorado, mi Tesis de Maestría está dedicada a la memoria del General Lázaro Cárdenas, sí, soy orgullosamente Politécnico.

Por esto me duele el absurdo paro de actividades de las escuelas de la Institución, mientras una veintena de líderes se lucen retando a funcionarios del Gobierno y provocándolos para sacarlos de sus casillas, todo eso a lo largo de dos meses en las que sus propuestas más importantes como la renuncia de la Directora General, la Dra. Yoloxóchitl Bustamante Diez, la obtuvieron de inmediato, me pregunto ¿vale la pena dejar sin clases a 170 mil educandos, solo para discutir las reglas del juego, para convocar a un Congreso Nacional Politécnico?, cabe señalar que el más elemental sentido común nos dice que no es necesario suspender las clases, si como a todos nos queda claro, están siendo atendidos los jóvenes.

Ante el inminente riesgo de perder el semestre los líderes estudiantiles afirman paladinamente que van a reponer el tiempo y que se va a recalendarizar el semestre. Mienten, todos ellos estudiaron física y ahí aprendieron que el tiempo no se recupera, porque éste llega, pasa y se va.

Si piensan trabajar en las vacaciones que incluyen las posadas, Navidad, año nuevo y los reyes el tiempo no alcanza, en estos días cumplirán dos meses en paro y aún regresando en diciembre, el calendario escolar señala que el 16 de enero se inicia el nuevo semestre, ¿qué necesidad había de llegar a estos extremos? No, no hay una respuesta sensata.

Si las autoridades los hubieran menospreciado o nos les hicieran caso, tal vez tendrían ese pretexto, pero no es eso lo que sucedió, parecieran ser hedonistas o exhibicionistas, queriéndose lucir ante un público, que saben que son miles gracias a la televisión y quieren mostrar sus dotes de braveros, aunque lo que muestren sea su falta de respeto y su mala educación con contadas excepciones.

Al ver a los jóvenes actuales uno celebra por su entusiasmo y alegría de vivir y también nos congratulamos porque forman parte de una sociedad que cuenta con el mayor número de sabios, de científicos, de investigadores de todas las épocas de la humanidad nunca había habido tantos seres humanos produciendo y produciendo conocimientos que desde luego enriquecen el saber, viven en una época que se dice es de la economía del conocimiento, al grado de que en los países en general, es ahora igual de importante el ministerio de educación que el ministerio de economía.

Por esto la pregunta ¿Qué tanto vale la pena desperdiciar más tiempo de su juventud para organizar algo que de todas maneras podían hacer sin suspender clases?, ¿qué tanto vale la pena sacrificar dos meses de la vida de 170 mil compañeros?

Son innumerables los avances tecnológicos que ha logrado la humanidad en los pocos años que han pasado del siglo XXI ¿acaso no tienen hambre del conocimiento? En sus manos está abrevar de ese conocimiento para así cumplir con poner, como buenos politécnicos la TÉCNICA AL SERVICIO DE LA PATRIA.

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