El
maltrato al interior de los planteles escolares, lo mismo en público que
privado, no es un fenómeno aislado y tampoco de reciente aparición, este
fenómeno cada día más creciente tiene por lo menos más de tres décadas en que
se ha presentado, especialmente se reconocía y conocía inclusive como una
práctica normal en las escuelas de nivel medio superior con el fenómeno del
porrismo, donde los alumnos de nuevo ingreso en especial sufrían vejaciones en
su persona, maltrato psicológico y físico, y el robo de sus pertenencias, entre
muchas otras cosas.
Lo
peor del caso es que a partir de las décadas de los 70`s y hasta la fecha el
maltrato en las escuelas se ha presentado y alcanzado a los niveles de la
educación básica y media básica, es decir primaria y secundaria, niveles en los
que se supone que los maestros frente a grupo, las autoridades del plantel y
los padres de familia, son corresponsables de la seguridad, el buen trato, la
educación, la formación y el desarrollo del estudiante, mandato legal que no se
cumple y por lo tanto al relajarse la disciplina y el no cumplimiento de la ley
y de las obligaciones que cada uno de los actores del proceso educativo, trae
como consecuencia más violencia, menos aprovechamiento en el aula, y un
desinterés generalizado, por cambiar el status que genere un mejor ambiente en
la formación de los niños y adolescentes.
Los
medios de comunicación a diario nos dan cuenta de hechos lamentables de
maltrato e inclusive de pérdidas de vida, generados por los propios estudiantes
con la complacencia de maestros, autoridades escolares, de la Secretaría de
Educación Pública, y porque no decirlo, hasta de los propios padres de familia.
Detener
la violencia al interior de los planteles escolares, no es cuestión de reformas
legales, lo que verdaderamente se requiere es que las autoridades de educación
pública, verdaderamente cumplan sus obligaciones, ejerzan sus cargos con alto
grado de responsabilidad y de sensibilidad social, en cada uno de los eslabones
de mando, desde el secretario de educación pasando por sus subordinados,
subsecretarios, directores generales, delegados de educación, secretarios de
educación en los Estados, supervisores, directores y maestros de grupo. Y en
cada uno de estos eslabones, cada uno de ellos cumpliera con lo que la ley
dispone, seguros estamos que la tranquilidad al interior de las escuelas se
restablecería sin necesidad de reformas educativas o de otra naturaleza, simple
y llanamente con el cumplimiento del deber de todos éstos empleados públicos
que son pagados por la sociedad, y deben estar al servicio de la misma.
Explicaciones
son muchas, pero lo cierto es que resolviendo la principal que es obligar a los
servidores público que cumplan con sus responsabilidades en cada una de las
cadenas de mando la violencia quedaría superada, los niños y jóvenes ganarían y
las sociedad en su conjunto se fortalecería porque estos niños, hombres y
mujeres, que representan el futuro de la nación se convertirían en su momento
en ciudadanos responsables, con una educación diferente a la de la violencia.
En
este delicado problema no caben
autocomplacencia ni simulaciones
y en juego está el futuro del país, la educación es la piedra la angular de
nuestra sociedad, los recursos invertidos son cuantiosos, aquí no cabe
consentir el autoritarismo sindical, llámese SNTE o coordinadora o cualquier
otra corriente sindicalista, tampoco chivos expiatorios de maestros de grupo o
autoridad de menor, para satisfacer a la opinión pública, porque todos sabemos
que al interior de las escuelas públicas, los directores de planteles y
supervisores escolares tienen su designación tiene su origen en la voluntad
sindical por lo tanto el directivo escolar su compromiso no es con la autoridad
inmediata superior, sino más bien con los líderes sindicales, pues de ahí
procede su nombramiento, la autoridad solo avala, en consecuencia un director
de escuela difícilmente puede sancionar a maestros faltistas, maestros que no
cumplen con sus obligaciones frente al grupo y menos aún con el cumplimento de
los programas y planes de estudio, porque si los sanciona el sindicato
inmediatamente presenta su petición de cambio de directo y/o de supervisor.
En
este escenario el panorama se ve muy difícil de resolverse, la violencia
continuara en las escuelas por desgracia, las autoridades de mayor rango,
seguramente saltaran a la opinión pública, ofertando reformas legales para
combatir el bullying, nada más falso que ello pues si aceptamos con realismo
que este se presenta en niños de la escuela primaria, secundaria, éstos
especialmente los de la primaria, ninguna norma penal los prevé como sujetos de
responsabilidades para privarlos de su libertad o cosa que se le parezca, por
lo que le o decimos con un alto sentido de responsabilidad que en realidad, lo
que se requiere es un cambio de actitudes, desde el mando más alto de la
Secretaría que supervise, sanciones y estimule a los servidores públicos que
cumplan con sus obligaciones en toda la cadena de mando, que se acabe la
simulación y la autocomplacencia con el sindicato y con ello se restablezca el
orden, la paz y la tranquilidad en las escuelas en las que además se debe
fortalecer la participación de los padres de familia y el liderazgo del
maestro.
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