“El hombre”, escribe Ortega
y Gasset, “constantemente hace mundo”. Esto no significa que seamos los
creadores del mundo, sino los hacedores de nuestra historia personal y general.
Ahora bien, toda la vida está dentro del tiempo aunque sea el mismo tiempo el
que viven los que son, entre sí, contemporáneos. En otras palabras, entre los
contemporáneos existen tres tiempos, el que en cualquier facha dada es un
muchacho, el que en esta misma fecha en un hombre maduro y el que, en ella, es
viejo. De este modo y manera, no todos los contemporáneos forman una misma
generación; de hecho la forman los que Ortega llama “los coetáneos”. En otras
palabras, en el “hoy” existen varias generaciones que, de manera aproximada,
Ortega hace durar unos 30 años. Escribe Ortega: “el mundo vigente en cada fecha
es el factor primordial de la historia”. Las generaciones muestran que el
hombre es “sustancialmente histórico” y hacen ver que, de una a otra, existe un
cambio, aunque este cambio no tenga las características de una crisis
propiamente dicha puesto que los contemporáneos, aunque no sean coetáneos,
suelen vivir un mismo sistema de creencias. Si es verdad que el hombre adquiere
sus propias ideas entre los 30 y los 40 años y las desarrolla entre los 45 y
los 60 “un generación histórica vive 15 años de gestación y 15 de gestión”. De
esta manera, Enrique Ramírez y Ramírez se suscribe a la generación que produjo
la Revista Barandal, editada por un Octavio Paz, joven; pero a su vez, también
está relacionado con los movimientos literarios, creados por los Contemporáneos
y los Estridentistas.
Pero no solo eso, si existe
un verdadero atisbo para crearnos un perfil de Ramírez y Ramírez es el que
apunta Ismael Carvallo Robledo al afirmar que sobre él “se apreciaba un hombre
decantado intelectual y políticamente por los filtros de dos grandes pasiones
vinculadas con dos de los más apasionados y geniales hombres que, en el siglo
XX ha dado México: José Vasconcelos y José Revueltas.”
Enrique Ramírez y Ramírez
nació en la ciudad de México el 5 de Marzo de 1915, fue miembro de la
Federación de Estudiantes Revolucionarios, “era de contextura delgada, bajo de
estatura, de facciones finas y pálido, destacaban sus ojos penetrantes, hondos
y quietos. Solía usar una cachucha gris hasta las negras cejas; era capaz de
expresarse en público con disciplina y ponderación”. Desde sus primeras
andanzas de existencia de este escritor estuvo marcada por una madura
intensidad, “pues se cruzaron en ella vectores fundamentales de la vida
política nacional de México, troquelando la suya, como solo con los grandes
sucede, a la escala dialéctica, por sintética, compleja, del Estado, (en el
sentido de que no todo era solamente la crítica ciudadana desde la militancia o
desde la sociedad civil al poder; estaba a la vista también y a acaso de manera
más acuciosa y problemática por tratarse del momento del Estado, la necesidad
de su ejercicio): la Revolución Mexicana, el Vasconcelismo, el comunismo, el
cardenismo, el PRI. No hay ángulo o aspecto orgánicos del México de nuestro
tiempo que no encuentre en esos vectores, de manera recta u oblicua… sus claves
definitorias”.
Si bien es cierto que el
nombre de este escritor está presente en nuestros días, por sus aportaciones en
los campos del periodismo (como fundador del Diario “El Día”), la política y el
nacionalismo, específicamente su pensamiento revolucionario y laico. También es
notable su adscripción a la Revista Barandal, manifiesta en las tres colaboraciones
que realizó y donde sobresale “La soledad en el mundo nuevo”. Además de ello,
sobre el legado de su vida y obra, puede leerse la reciente antología de
Socorro Díaz, publicada por la editorial Tinta: Enrique Ramírez y Ramírez. Remembranza e iconografía.
A casi 34 años de la muerte
de este hombre ilustre que ayudó en la construcción del México Contemporáneo,
queda el recuerdo de las palabras que José Revueltas, escribiera en Las Evocaciones Requeridas, en el
apéndice del tomo I, donde dice: “Dedico éstas evocaciones a Enrique Ramírez y
Ramírez, amigo entrañable; en materia de nuestra vida política, largamente
unidos unas veces, y otras, severamente separados. Nuestra amistad parecería
representar la síntesis en que se expresa la dialéctica del corazón humano”.
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