La descomposición social conduce a la violencia, como el desgobierno al caos generalizado y pérdida de la gobernabilidad, el orden institucional y el Estado de derecho.
La sociedad mexicana en la última década ha experimentado un gran crecimiento de la violencia, el suelo patrio se ha convertido en tierra fértil, para la proliferación de grandes cárteles de la droga y del crimen organizado, hasta convertirse en una industria que genera grandes riquezas y miles de empleos, especialmente para la población joven y de escasos recursos, que ven en la puerta falsa de ésta industria, la salida a sus problemas por la falta de oportunidades educativas y laborales.
Atrás quedaron las décadas del crecimiento sustentable, de la prosperidad y del avance del país, el México del orden y del respeto a las leyes e instituciones, no se veían actos de barbarie como los que ahora se registran en amplias regiones del país, hombres y mujeres descuartizados, restos humanos apilados en fosas clandestinas, secuestro, vejación y tortura, métodos propios de las organizaciones criminales, que han rebasado la capacidad de respuesta de las instituciones y de gobernantes comprometidos con la sociedad y con la prosperidad del país.
Miles de preguntas surgen de todos los sectores sociales, desde los más ilustrados hasta aquellos que han sido privados de las oportunidades de acceder al conocimiento por la vía de instituciones escolares, los más humildes, sabios por el aprendizaje que la vida les ha dado, se escuchan comentarios y murmullos de la gente ¿por que tanta violencia? Y ¿Por qué no hay respuestas contundentes de los gobiernos democráticamente electos? Las respuestas en el discurso de gobernantes, legisladores y administradores de la justicia y de los propios partidos políticos, señalan causas y motivos diversos, ambiguos y muchas veces sin sustento, encuadrados la mayoría de las veces en defender sus territorios y espacios de poder al costo que sea necesario, pero nunca atacando el fondo y el origen de los problemas para remediar los males, lo que ha hecho que en lugar de solucionar la violencia que se vive en el país, se acreciente día con día, porque ante lo que algunos llaman la debilidad institucional, el crimen se ríe y se burla del gobierno en sus diferentes niveles, crecen sus territorios y aumenta el terror y el miedo para la población que nada tiene que ver, con las actividades ilícitas de éstas bandas.
La población demanda y exige paz y tranquilidad social para el desarrollo de sus quehaceres diarios, eligió gobernantes para establecer el orden con estricto apego a las leyes, ni con el abuso del poder pero tampoco con la complacencia o lo que algunos llaman tolerancia ante actos vandálicos, como los que se han vivido en las cotidianas marchas en las principales ciudades del país, o los destrozos e incendios como el del día lunes 13 de octubre en Chilpancingo, capital del Estado de Guerrero, donde por mucho coraje y rabia que se tenga, el vandalismo no puede ser ni deber ser tolerado o calificado como actos de molestia legitimo de un grupo social.
En un Estado de derecho y en una sociedad democrática a la que dicen defender las fuerzas políticas, cuando se es gobierno no se puede justificar el anteponer los intereses partidarios y de grupos políticos, ante el interés general de la nación, todos estamos de acuerdo que en México hemos luchado por establecer un Estado democrático y plural, gobiernos fuertes en los tres niveles que hagan valer la ley, que impongan el orden y que combatan todo signo de abuso de autoridad, pero también del abuso de las libertades que conllevan al desorden social.
Lo que se vive en Oaxaca, Michoacán, Guerrero, Morelos, Tamaulipas y en muchas regiones más del país, sin duda nos lleva a reflexionar que se requiere un gran liderazgo que convoque a un gran pacto nacional, en el que todos pongamos, para que todos ganemos y esa gran convocatoria al pacto nacional debe venir del Gobierno, con gran responsabilidad y compromiso de las fuerzas políticas, de los sectores empresariales, de los medios de comunicación, de los académicos e intelectuales, de los trabajadores del campo y de la ciudad, para que anteponiendo los intereses personales y de grupo, se sustituya la lucha por el poder para unos cuantos por el interés general en el que todos ganemos.
La corrupción se ha dicho por todos los actores políticos, es el cáncer principal del que se generan todos los males sociales y se encuban en gobernantes con sus complicidades, legisladores con sus moches, partidos políticos con su defensa irracional hacia sus correligionarios, sin importar las barbaries de éstos, medios de comunicación con el chayote, sindicatos y organizaciones gremiales generadores de liderazgos sin sustento en la base con grandes fortunas económicas y una burocracia con altísimos niveles de corrupción, en que nadie se ocupe de ellos.
Puede resultar una visión catastrófica lo que aquí estamos señalando, sin embargo, para las mentes alejadas de la maldad, con visión de futuro, con un compromiso social sólido, sabemos que esto es lo que está pasando, nos alarma lo sucedido el 26 de septiembre en Iguala Guerrero, que sólo es la punta del iceberg, porque en realidad este hecho vergonzoso e inhumano que vincula al gobierno municipal con el crimen organizado, no constituye un hecho aislado del que no conociera las dirigencias estatales y nacionales de las llamadas fuerzas de izquierda, lo conocían y lo sabían, pero no es el único caso ya cayó el Presidente Municipal de Cocula y si en verdad, quisieran investigar al resto de los presidentes municipales y funcionarios de los cabildos, muchos más gobernantes en el nivel municipal de gobierno sirven al crimen por voluntad o porque ellos los pusieron y financiaron sus campañas, y otros más por amenazas y sometimientos forzosos por los grupos criminales, debido a la falta de recursos y debilidad de los gobiernos en los municipios.
El problema no sólo es en Guerreo, en Michoacán, Tamaulipas, los medios de comunicación dieron cuenta de gobiernos municipales infiltrados por la mafia y hasta en los niveles estatales y federales que han presentado casos, frente a ello y partiendo de la base, en no sólo Michoacán, Oaxaca y Morelos, sino la imperiosa necesidad de revisar todas las estructuras de gobierno para tener la certeza de que en las instituciones públicas no se encuentren por voluntad, por intereses o bien por sometimiento a la fuerza, criminales o empleados al servicio de los cárteles.
Lo sucedido en Iguala, requiere una amplia convocatoria nacional a la unidad, al sometimiento al imperio de la ley, dejar de lado la justificación a ultranza de los líderes partidistas de sus correligionarios que hoy son gobierno como el caso del gobernador de Guerrero y la defensa sin razón que hacen sus líderes nacionales, hecho que nada contribuye a alcanzar la paz y la tranquilidad social para lograr la prosperidad y el desarrollo del pueblo.
No basta el llamado de algunos dirigentes políticos que apenas hace unos días con motivo de lo sucedido en Iguala, proponen pactos para que previo a la postulación de candidatos, los aspirantes de todas las fuerzas políticas sean investigados por los órganos del gobierno encargados de la materia, pues a la hora de la verdad, las propias dirigencias, cuando algunos de sus militantes es señalado por las Procuradurías, éstos salen en su defensa, pero además, es una forma elegante de quitarse la responsabilidad que estrictamente es de las fuerzas políticas, pues son ellos los que debe conocer los antecedentes de sus militantes que aspiran a algún puesto de elección popular y lo que posiblemente pretendan, panistas y perredistas es que si en el futuro quienes resulten electos en las urnas se vincularan con el crimen organizado, seguramente, hecharían la culpa a los órganos de gobierno encargados d investigación para decir que estos fallaron y no el partido político.
Finalmente, los mexicanos debemos convertir la democracia en un espacio y forma de gobierno que nos impulse al desarrollo que nos haga más participativo, más comprometido con el todo social, con el cumplimiento a la ley, con el respeto a las instituciones, tolerantes ante las divergencias, pero no convertirnos en un pueblo sin respeto a la ley, a las instituciones y al gobierno, porque ello nos conduciría al agravamiento de la ruptura del tejido social y con ello, se potencialidad un estallido social generalizado.
No hay comentarios:
Publicar un comentario