Por Raúl Moreno Wonchee
A lo largo de la historia, grupos violentos que invocan la fe como pretexto para realizar actos criminales, se han ostentado como miembros representativos de alguna iglesia, es decir, de la comunidad de fieles de una u otra religión. Por fortuna, las reiteraciones han inducido en amplios sectores de la opinión pública mundial actitudes cuidadosas a la hora de señalar culpables. Y como no hay religión importante que escape a este tipo de intrigas, todo el mundo está prevenido. En los últimos años, el Islam ha sido objeto frecuente de provocaciones de esta naturaleza, pero a pocos se les ocurre que de los actos del llamado Ejército Islámico deban responder los islamistas o el propio Islam. Pero cuando después de un atentado algún sector de opinión deja de advertir la felonía y acusa del crimen a la religión utilizada, abona el cumplimiento de uno de los fines de los criminales y propicia la impunidad. El editorial del semanario Desde la fe, órgano de la Arquidiócesis de México, a propósito de los atentados de París hace un juicio sumario al Islam con afirmaciones infundadas contrarias al espíritu ecuménico (que busca el diálogo y respeto entre las religiones) representado por los papas Juan XXIII y Francisco. Y luego de suscribirse al choque de civilizaciones anunciado por Huntington (de donde abreva Trump) acusa a México de escudarse en la no intervención para mostrarse insensible al terrorismo y pusilánime ante el Islam. Algún malpensado podría suponer que semejante embestida, que tiene el mérito de arrollar al mismo tiempo el pensamiento del Papa Francisco y a la Constitución, tendría el propósito de enturbiar el ánimo en la antevíspera de la visita del Papa.
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