Por Raúl Moreno Wonchee
¿Sirve de algo exagerar los peligros de por sí gravísimos que enfrentaría nuestro país en caso de que Trump ganara la Presidencia de EU? Por ejemplo, que estaríamos al borde de una guerra como la de 1846-47. El petate del muerto o el falso anuncio de la cercanía del lobo sirven para todo menos para prevenir las amenazas reales. Trump es un peligro para México, pero también lo es para EU. Y por el lugar de ese país en el (des)concierto de las naciones, lo es para el mundo entero. Sí, en primer lugar para México, y por eso nos toca prevenirnos y prevenir a los demás. Pero en un infarto de ofuscación histórica, intentando un absurdo paralelismo entre Peña Nieto y Chamberlain (que contemporizó con Hitler), Enrique Krauze ha acusado al presidente Peña por su “política de avestruz” y de perder “la oportunidad de incidir en la elección”. Además de dividir a los mexicanos, semejante ocurrencia daría pretexto a los gringos para “incidir” en las elecciones de acá. Pero México tiene inteligencia histórica, esa arma que la maldita vecindad nos ha obligado, bajo la tutela de Juárez y Carranza, a afinar y a manejar con pericia sin igual. El presidente Peña, en su discurso en la Asamblea General de la ONU y en otras ocasiones relevantes, ha criticado duramente el populismo de derecha aludiendo a Trump sin meterse en la disputa electoral gringa. Ahora, el pueblo mexicano, unido, debe desempeñar su propio papel en la lucha contra Trump y por reivindicar la dignidad nacional. Eso no significaría tomar partido por la candidata demócrata sino advertir que no aceptamos ser carnada electoral ni admitimos la injerencia foránea en nuestra vida pública.
No hay comentarios:
Publicar un comentario