sábado, 17 de septiembre de 2016

La nave va. Diálogo.

Por Raúl Moreno Wonchee

Confieso mi pesadumbre: no había visto una adhesión tan incondicional a la irracionalidad política como la que ha tenido lugar en torno a la invitación de Peña Nieto a los candidatos presidenciales de EU a dialogar sobre las relaciones bilaterales. No por su incidencia sino por el activismo de quienes la han provocado y la pasividad de los que deben afrontarla. Y en la medida en que crece el coro fácil, el consiguiente repliegue de la razón deja espacios para que prospere la confusión, se imponga el vicio sobre la virtud y la intransigencia usurpe el lugar de la firmeza, la estridencia desplace el argumento, la fuerza bruta, en fin, no encuentre respuesta. Frente al poder económico y militar de los vecinos del norte, la mejor manera de defendernos es interponer la palabra. El diálogo es el instrumento que nos permite acudir a la ley y a la razón. En la historia contemporánea, Vietnam y Cuba son ejemplos luminosos. Víctimas no de insultos y amenazas sino de brutales agresiones de EU, ambas naciones alcanzaron en el diálogo sus victorias históricas. Y cuando lo vislumbraron, no interpusieron requisitos que hubieran favorecido la cerrazón de los agresores. Bastaría con nuestra propia historia que la autodenigración oculta. Se están cumpliendo cien años de la última invasión gringa. Pero desde que la Constitución entró en vigor, el desarrollo institucional abrió paso al diálogo y con él a la convivencia pacífica. La abyección panista, hoy olvidada por los neonacionalistas, fue un costoso retroceso. Ante un injerencismo exacerbado, Peña encontró, cuando se está redefiniendo el poder imperial, el momento oportuno para dialogar sobre las relaciones bilaterales.  

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