lunes, 14 de julio de 2014

Impacto de la Agricultura familiar en pueblos y países. 4a Parte.

Por Víctor Manuel Barceló R.


Estamos más allá de la mitad del “Año Internacional de la Agricultura Familiar” (AIAF). Diversas tareas se realizan en foros multilaterales y al interior de países, con el fin de dar seguridad e impulso a tal agricultura, tarea vital para 1,5 mil millones de personas en 380 millones de establecimientos rurales, 800 millones con huertos urbanos, 410 millones en bosques y sabanas, 190 millones de pastores y más de 100 millones de pastores campesinos. Juntos suman más de un tercio de la humanidad y producen 70 % de los alimentos del mundo. http://alainet.org/publica/alai496w.pdf  
      

Veíamos que la agricultura campesina abarca: campesinos, indios u originarios, negros o mulatos, recolectores de selvas, ribereños, pescadores, artesanos que son productores rurales. No solo es importante por la cantidad y calidad de bienes alimentarios y de otra naturaleza, que producen, intercambian y comercializan, sino porque mantienen la ansiada tranquilidad y paz, en amplias regiones del mundo. Ver: Heck, Silvino (2014). Ano da agricultura familiar, camponesa e indígena. In http://site.adital.com.br/site/noticia.php?lang=PT&cod=79874
De allí el interés mostrado en la Asamblea de la ONU en que se abordó el tema in extenso, para “reposicionar” a estos productores, en las políticas agrícolas, ambientales y sociales de las agendas nacionales, regionales y globales. Para ello, junto a contados gobiernos nacionales, luchan organizaciones de base campesina, por superar razonamientos -oficiales en diversos países- que conciben la incorporación de los agricultores familiares a los apoyos institucionalizados, como “engancharles” a la cadena agroindustrial global, soslayando que sus normas no les hacen accesible ningún apoyo, reservados todos a empresas grandes, transnacionales, para las que labora la banca internacional y local, en muchos casos.
La lucha por la reivindicación de la agricultura familiar, no es nueva, pero nunca había estado en un momento crucial por diversos motivos. Si de productividad se habla, con “solo 1⁄4 de tierras arables del mundo, campesinos y campesinas alimentamos al 70% de la población mundial, en tanto más del 40% de alimentos de la cadena agroindustrial se pierden por descomposición (FAO).  Sin embargo, los beneficios no son para tal grupo. El 90% del mercado mundial de granos está en manos de 4 corporaciones: ABC, Bunge, Cargil y Dreyfus”. De acuerdo a la CLOC- VC “tenemos claridad: el sistema del capital financiero para el campo es agricultura industrial en manos de ...transnacionales...totalmente contradictorio con la Soberanía Alimentaria y la Agricultura Familiar Campesina Indígena”.
De allí surge otro factor contrapuesto: las grandes empresas agroalimentarias fomentan el monocultivo, en tanto “Muchos predios familiares...están...incrementando su renta con el empleo de principios agroecológicos...participación en nuevas actividades económicas ... producción de nuevos productos...prestación de nuevos servicios, en general distribuidos y ofrecidos a través de nuevos mercados, socialmente construidos…nuevas estrategias (que son) formas de re campesinización, que buscan restaurar la naturaleza campesina de la agricultura al fortalecer el predio familiar...una forma de defender y fortalecer la agricultura familiar”, frente al pleno dominio que ejerce el capital financiero y las transnacionales del agribusiness, haciendo negocios especulativos, sin freno oficial. Ya vimos como esto lleva a la enorme concentración de la propiedad de la tierra, de los bienes de la naturaleza y los alimentos, convertidos en simples comodities para la especulación.
Este modelo de producción –reiterémoslo- es: socialmente injusto -desaloja de sus tierras, mano de obra campesina-; económicamente “inviable” -resulta de importaciones gigantescas de fertilizantes químicos-. Sometido a grandes corporaciones que dominan: semillas, insumos agrícolas, precios, mercado, permite e impulsa que éstas acrecienten su riqueza, quedándose con la parte sustantiva de las ganancias de la producción agrícola mundial.  
Es mortal para la biodiversidad por sus acciones: insustentables para el medio ambiente por el monocultivo que practican, aniquilando la biodiversidad con el uso insensato de agro tóxicos que agotan la fertilidad natural de los suelos y matan sus microorganismos para una producción sana. Así, perjudican al medio ambiente, por ende, a los alimentos producidos, con secuelas de gravedad creciente para la salud de la población, que sufre, nuevamente, enfermedades ya erradicadas y afectaciones desconocidas hasta ahora. Recordemos lo señalado -João Pedro Stedile y Osvaldo León- que en Brasil, el Instituto Nacional del Cáncer (Inca) previno en febrero pasado, que se pronostican para este año 546.000 nuevos casos de cáncer en el país, la mayor parte causada por alimentos contaminados con pesticidas -sobre todo de mama y próstata, las células más frágiles donde los principios activos de venenos químicos actúan a sus anchas-. Consultar: Revista América Latina en Movimiento, No., 496- junio de 2014, que trata sobre el tema de ” Políticas y alternativas en el agro en el año de la agricultura familiar”http://www.alainet.org/publica/496.phtml
Ese es otro elemento a considerar. Para que los pueblos puedan alimentarse con productos sanos, de tierras con fertilizantes naturales, y alejarse de los mercados departamentales, hay que ampliar los mercados familiares que llenan las expectativas de salud personal y social. Para ello hay que luchar en dos sentidos: contra un fenómeno social tangible, cuando las familias de barriadas pobres superan cierto nivel de ingreso, ya no compran alimentos en los mercados populares; “sienten” que elevan su “status social” al acudir a las empresas departamentales. Allí consiguen alimentos sanos pero caros, -a los que no tienen aún acceso- o “populares” producidos masivamente con grandes volúmenes de agroquímicos, semillas “mejoradas” y otros elementos, a los que la investigación adjudica muchas afectaciones a la salud, hoy conocidas, además de las del ambiente y la economía.
Aquí viene otro tema a resolver para apuntalar la agricultura familiar: cubrir "gustos" e intereses de la población no cautiva, por los productos que se expenden en mercados populares. Sin la participación interesada y masiva de los gobiernos, estas acciones son de bajos resultados.
Se trabaja en ello socialmente y con apoyo “temeroso” de algunos estados, pero no con la fuerza requerida. La escasez de recursos y la “frialdad” oficial para crear o apoyar programas con tales fines, impide una adecuada  producción, que permita obtener productos atractivos y competitivos físicamente, con los “chatarra”. También requiere de adecuada preparación de los habitantes de pueblos y comunidades para entender estas cosas, que suelen ser muy sutiles para la población. La educación especializada, sobre todo a los pueblos indígenas, es fundamental, para que asuman su derecho a una educación pertinente, equitativa y de calidad, que reconozca la diversidad lingüística y cultural y con tales competencias adquiridas, puedan velar por mejores condiciones de vida para ellos y sus familias, empezando por una alimentación sana, que ellos mismos pueden proveerse. Ver: Evaluación de Proceso de Cuatro Programas y Estrategias de Educación Indígena publicado el 24 jun 2014. SEP.
Ya marcamos la dificultad de vincular programas concertados en ONU para atender temas integrales. Urge -por ejemplo- que los Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM) se inter relacionen para atender el fondo de los problemas que señalan y pretenden combatir, aunque su tratamiento esté separado programática y presupuestariamente. Dichos objetivos son: Erradicar pobreza extrema y hambre. Lograr enseñanza primaria universal. Promover igualdad de género y autonomía de la mujer. Reducir la mortalidad infantil. Mejorar la salud materna. Combatir el VIH/SIDA, el paludismo y otras enfermedades. Garantizar la sostenibilidad del medio ambiente. Fomentar una Asociación Mundial para el Desarrollo. Los ODM se componen de 8 Objetivos, 21 metas cuantificables supervisadas por 60 indicadores. Podríamos referirlos a un país y su urgencia de atacar tales calamidades, en función de su población y decisiones gubernamentales para atenderles integralmente, con creciente apoyo de países ricos. Al final, todos están íntimamente relacionados con la calidad de la vida de pueblos y países.
El camino inicial para una atención global a la agricultura familiar es aplicar cambios estructurales a la política financiera planetaria, que impulsen una realidad económica basada en justicia social y solidaridad;  que acabe con la pobreza en el mundo, sus causas y manifestaciones, desarrollando el mercado interno agropecuario, sin injerencias transnacionales. En hechos, la situación internacional muestra fracasos en el desarrollo del punto octavo de los ODM. La tremenda crisis global frenó indecisos avances; las medidas “post crisis” tampoco actúan con la eficacia y poder esperados. Más bien conservan y preservan rasgos que refuerzan al sistema comercial y económico vigente, agotado y de confirmada ceguera ante injusticias que serían previsibles. La “política del avestruz” y los instrumentos financieros poco claros, siguen consensuados y al servicio del CT. 
¿Quién, de los auténticos responsables, indemnizará a los afectados?. Esperemos a la rendición de cuentas. Entretanto continuemos la tarea en dos ámbitos: el local, hasta obtener visión y apoyos oficiales congruentes con la línea de acción campesinista y el fortalecimiento del cumplimiento de las metas de los ODM, tanto en lo general como en lo que corresponde a cada país. Para ello existen 60 indicadores que autoevalúan a los gobiernos nacionales, incluso en su rendición de cuentas. No quitemos “el dedo del renglón” hasta obtener los resultados esperados.

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