sábado, 20 de diciembre de 2014

2015 año clave para redefinir el rumbo del Gobierno Federal


A once días de concluir el 2014, año de éxitos reformadores en su primer semestre para la administración del Presidente Peña Nieto, los nubarrones aparecieron en la escena política en el último cuatrimestre del año; Tlatlaya e Iguala son el resultado del cáncer arraigado en las instituciones públicas que conocemos como impunidad, es decir la no aplicación de la ley, el abuso del poder y la ausencia de un Estado de Derecho que garantice el orden social.
La impunidad y la corrupción no son fenómenos gestados en la administración del Presidente Peña, como algunos sectores y enemigos del régimen lo han tratado de difundir y capitalizar, estos dos flagelos son problemas ancestrales, pero que en las últimas décadas se desarrollaron con mayor fuerza, debido a la falta de acción y responsabilidad de los gobernantes en todos los órdenes de gobierno y de las diferentes fuerzas políticas que hoy son gobierno, y que más allá de sus cálculos electores y partidistas, deben responder a la sociedad, pues es ésta la que da legitimidad y el mandato.
En 1994, consolidadas algunas reformas trascendentales para la vida del país, también aparecieron las reacciones de los intereses afectados, hoy a dos décadas, las reformas más trascendentales e impulsadas por un gobierno priísta estas reacciones volvieron a aparecer, algunos medios de comunicación y los grupos antagónicos al régimen, han hecho corriente de opinión para responsabilizar al Presidente de la República de lo sucedido en Iguala, cuando todos sabemos que es territorio gobernado por las llamadas izquierdas y que en todo caso son éstas las que debieran cargar con toda la responsabilidad y el peso de responder ante la sociedad, lo mismo pasó en Michoacán y en Cancún Quintana Roo recientemente, quizá la culpa del Presidente y su Partido es no reaccionar a tiempo y con respuestas contundentes, aplicando la ley y diciendo las cosas por su nombre, indistintamente a los intereses que se tengan que afectar.
La oportunidad la tiene el Gobierno Federal, restablecer el orden es tarea impostergable del Jefe del Estado Mexicano, para ello cuenta con todas las facultades para nombrar y remover a los servidores públicos, desde el nivel más alto hasta el más elemental, pues son éstos los que ejecutan y ejercen los actos de gobierno en la administración pública federal, y si el Presidente selecciona a las y los colaboradores profesionales, comprometidos y decididos a cumplir con la ley  y combatir la corrupción, será más fácil exigirle al poder judicial que cumpla con su labor de la Procuración de Administración de Justicia para quienes quebrantan la ley y señalar categóricamente las anomalías que desde el poder legislativo también se cometen.
La responsabilidad del Presidente, quien hoy está reprobado por la opinión pública, porque vivimos en una cultura presidencialista, estriba en convencer al gobernado de que los actos del Ejecutivo Federal con todos sus colaboradores se ajusten al marco de la ley, a la cultura de la transparencia y a la rendición de cuentas, dejar de estar cubriendo a las organizaciones sociales y sindicales de tantos actos de corrupción que en nombre del gobierno se cometen, sancionar a los servidores públicos que cometen actos de corrupción o que dejan de combatir a ésta, el Presidente tiene la palabra, la sociedad quiere resultados y los resultados tangibles son amores, la gente volvería a creer en las instituciones y por supuesto que la seguridad pública es una de las tareas fundamentales del Estado, mejoraría sustancialmente el principal problema de México que la gente siente desde hace años, es la falta de seguridad, la falta de sanción a quienes delinquen, a quienes promueven la violencia, sin Estado de Derecho no es posible avanzar.
La inmensa mayoría de los mexicanos, seguros queremos un Estado fuerte, dispuesto a cumplir y hacer cumplir la ley, con diálogo sí, pero firme en las sanciones a quienes no se quieren someter al orden legal, respeto a las diferencias sí, porque es esencia de un Estado democrático, pero también el sometimiento de las minorías a las mayorías; deseamos que el 2015 se inicie con grandes ajustes al gobierno, y que al frente de las instituciones aparezcan hombres y mujeres capaces, institucionales y leales a la gente. ¡¡Felices fiestas!!


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