A
once días de concluir el 2014, año de éxitos reformadores en su primer semestre
para la administración del Presidente Peña Nieto, los nubarrones aparecieron en
la escena política en el último cuatrimestre del año; Tlatlaya e Iguala son el
resultado del cáncer arraigado en las instituciones públicas que conocemos como
impunidad, es decir la no aplicación de la ley, el abuso del poder y la
ausencia de un Estado de Derecho que garantice el orden social.
La
impunidad y la corrupción no son fenómenos gestados en la administración del
Presidente Peña, como algunos sectores y enemigos del régimen lo han tratado de
difundir y capitalizar, estos dos flagelos son problemas ancestrales, pero que
en las últimas décadas se desarrollaron con mayor fuerza, debido a la falta de
acción y responsabilidad de los gobernantes en todos los órdenes de gobierno y
de las diferentes fuerzas políticas que hoy son gobierno, y que más allá de sus
cálculos electores y partidistas, deben responder a la sociedad, pues es ésta
la que da legitimidad y el mandato.
En
1994, consolidadas algunas reformas trascendentales para la vida del país,
también aparecieron las reacciones de los intereses afectados, hoy a dos
décadas, las reformas más trascendentales e impulsadas por un gobierno priísta
estas reacciones volvieron a aparecer, algunos medios de comunicación y los
grupos antagónicos al régimen, han hecho corriente de opinión para
responsabilizar al Presidente de la República de lo sucedido en Iguala, cuando
todos sabemos que es territorio gobernado por las llamadas izquierdas y que en
todo caso son éstas las que debieran cargar con toda la responsabilidad y el
peso de responder ante la sociedad, lo mismo pasó en Michoacán y en Cancún
Quintana Roo recientemente, quizá la culpa del Presidente y su Partido es no
reaccionar a tiempo y con respuestas contundentes, aplicando la ley y diciendo
las cosas por su nombre, indistintamente a los intereses que se tengan que
afectar.
La
oportunidad la tiene el Gobierno Federal, restablecer el orden es tarea
impostergable del Jefe del Estado Mexicano, para ello cuenta con todas las
facultades para nombrar y remover a los servidores públicos, desde el nivel más
alto hasta el más elemental, pues son éstos los que ejecutan y ejercen los
actos de gobierno en la administración pública federal, y si el Presidente
selecciona a las y los colaboradores profesionales, comprometidos y decididos a
cumplir con la ley y combatir la
corrupción, será más fácil exigirle al poder judicial que cumpla con su labor
de la Procuración de Administración de Justicia para quienes quebrantan la ley
y señalar categóricamente las anomalías que desde el poder legislativo también
se cometen.
La
responsabilidad del Presidente, quien hoy está reprobado por la opinión
pública, porque vivimos en una cultura presidencialista, estriba en convencer
al gobernado de que los actos del Ejecutivo Federal con todos sus colaboradores
se ajusten al marco de la ley, a la cultura de la transparencia y a la
rendición de cuentas, dejar de estar cubriendo a las organizaciones sociales y
sindicales de tantos actos de corrupción que en nombre del gobierno se cometen,
sancionar a los servidores públicos que cometen actos de corrupción o que dejan
de combatir a ésta, el Presidente tiene la palabra, la sociedad quiere
resultados y los resultados tangibles son amores, la gente volvería a creer en
las instituciones y por supuesto que la seguridad pública es una de las tareas
fundamentales del Estado, mejoraría sustancialmente el principal problema de
México que la gente siente desde hace años, es la falta de seguridad, la falta
de sanción a quienes delinquen, a quienes promueven la violencia, sin Estado de
Derecho no es posible avanzar.
La
inmensa mayoría de los mexicanos, seguros queremos un Estado fuerte, dispuesto
a cumplir y hacer cumplir la ley, con diálogo sí, pero firme en las sanciones a
quienes no se quieren someter al orden legal, respeto a las diferencias sí,
porque es esencia de un Estado democrático, pero también el sometimiento de las
minorías a las mayorías; deseamos que el 2015 se inicie con grandes ajustes al
gobierno, y que al frente de las instituciones aparezcan hombres y mujeres
capaces, institucionales y leales a la gente. ¡¡Felices fiestas!!
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