Es indiscutible que uno de los principales retos del nuevo Gobierno de la República responde a la recuperación del orden y la tranquilidad social.
Sin duda, en una sociedad compleja, desconfiada y con falta de credibilidad en las instituciones públicas, en la clase política y en sus gobernantes, se requiere de pasar de las generalidades y de las propuestas a consolidar políticas públicas que de inmediato de resultados que el ciudadano común persiva y sienta.
Por ello, cuando nos enteramos de un programa de la prevención de la violencia y la delincuencia, muchos pensamos que éste tendrá resultados evaluables en muy poco tiempo si se dirigen a sectores sociales, fácil de organizar, como los padres de familia, los ejidatarios, comuneros, y productores del campo en general, los obreros en los en la fábricas y en los talleres y los empleados en las oficinas públicas y privadas, que resultan ser los más abandonados y al mismo tiempo los más preocupados por resolver necesidades que les son comunes.
Frente a ello, proponemos aterrizar en acciones muy concretas que en corto tiempo brinden los resultados deseados.
En el renglón educativo los padres de familia deben ser el eje articulador de un programa preventivo de la violencia que se inicie en el seno del hogar para lo cual conviene integrar organizaciones por cada centro escolar independientes a la sociedad de padres de familia o bien aprovechando éstas en las que formen parte aquellas madres y padres convencidas de que solo con la participación activa y entusiasta de ellos se puede llegar a erradicar laviolencia entre los estudiantes y haciendo participes acada uno de los padres y o tutores de cada uno de los niños yadolescente.
Para ello se requiere de recursos humanos especializados en la psicología, capacitados para la elaboración de fichas técnicas que sujan de la entrevista directa a los padres y tutores, datos que nos permitan conocer la ocupación y preparación de los mismos e inclusive sus relaciones interfamiliares.
Conociendo las condiciones en que viven las familias, su nivel económico, su formación académica y cultural, el tiempo que dedican a la convivencia familiar, sus creencias y los ratos de la recrecían y el esparcimiento, nos llevara al diseño de las politicas que se deben instrumentar en la prevención de la violencia, primero del hogar y luego de la escuela y del barrio o colonia en la que se vive.
con una información amplia y con la articipación de especialistas se deben diseñar una serie de folletos, material didáctico y otros instrumentos con alto contenido de los valores fundamentales del ser humano.
No es anticuado ni un regreso al pasado el pensar en la recuperación de la ética y la moral como instrumentos para recomponer la vida individual, familiar y colectiva de hombres y mujeres que hoy con tantos programas que desvalorizan a través de los medios de comunicación el orden social se ha visto amenazado dejando atrás ;a paz y tranquilidad pública para dar paso a la violencia, al consumo de estupefacientes y tantos otros vicios que son propios de las grandes metrópolis y megalópolis pero que tampoco dejan exentos a las pequeñas y medianas comunidades rurales.
La tarea no es nada sencilla, requiere de mucha dedicación, de recursos económicos y humanos muy importantes para que el programa verdaderamente obtenga los éxitos que seguramente el Presidente de la Republica y su equipo de trabajo se han planteado y que sin duda responden a un reclamo generalizado de la sociedad.
Ahora bien el éxito tiene que estar acompañado con la suma de los medios de comunicación masiva pues resultan ser éstos en haras de una realidad de expresión malentendida los que más contribuyen con sus espacios noticiosos a la nota roja, fuente de inspiración de muchos niños adolescentes y jóvenes que al llegar a una edad más madura se convierten en la principal presa de la delincuencia que les ofrece mejores ganancias econeomicas con un menor esfuerzo.
A los medios de comunicación y a los padres de familia hay que sumarles el esfuerzo de múltiples organizaciones civiles muchas ellas altruistas que colaboran para aliviar el dolor de las víctimas, pero o que se requiere es que estas actúen antes de la conducta antisocial, como medicina preventiva y no curativa.
Organizar a la sociedad en torno a causas comunes cuando existe un programa bien diseñado y orientado a ello, los resultados se ven de inmediato ejemplos los tenemos hoy en día en zonas del Estado de Guerrero donde las comunidades se han organizado por sus propios medios para hacerle frente al lacerante problema de la inseguridad revasando inclusive las estructuras del Estado.
Este hecho puede resultar peligroso para la seguridad nacional si el gobierno en sus tres órdenes se queda resagado y no es éste el que organize y encabeze las políticas de la prevención de la violencia y el delito.
En esa circunstancia es que proponemos que através de la escuela se organice a la sociedad dado que en todos los rincones del país existe una escuela a la que llegan invariablemente los padres, los abuelos, los hermanos, y hasta los vecinos del lugar en que se vive y en la mayoría de ellos se encuentra latente la preocupación por el bienestar y el crecimiento de toda índole de sus menores hijos, lo más preciado de la vida de una madre o de un padre.
Lucía Ramírez.