Hace 37 años dejó de latir el corazón de un gran mexicano, Enrique Ramírez y Ramírez. Hombre íntegro de profundas convicciones revolucionarias, creyente ferviente en el camino trazado por la Revolución Mexicana y a través de este avanzar hacia una sociedad basada en la justicia social.
Asumió la política como la actividad más alta que puede emprender el hombre; política y periodismo fueron en Ramírez y Ramírez dos conceptos y actividades íntimamente relacionados. Su obra política y humana dejó constancia en su quehacer cotidiano. Intelectual en el mejor sentido de la palabra; fue un intelectual de acción para el cambio, la transformación y el avance de las ideas. Que defendió siempre como consta en su obra legislativa, como diputado en la XLVI y L Legislaturas, su visión política fue amplia, tanto como su cultura. Y en el fondo de cuanto decía y escribía plasmaba las mayores ideas de su tiempo, "que no han dejado de ser nuestras".
Enrique Ramírez y Ramírez comentó en algún momento, que si el rumbo no cambia, la crisis podía tornarse definitivamente peligrosa, la crisis tiene dos acicates: el económico y el político, la inconformidad política, suele ser la expresión de la insatisfacción económica. A él le tocó vivir y luchar en la etapa de ascenso de la Revolución Mexicana, de la que fue un militante lúcido y distinguido, su desaparición física coincidió con el inicio de otra etapa: la de la declinación de ese proceso histórico, el cual se intensificó bajo los siguientes gobiernos.
De una economía que en la década de los 60 y parte de los 70, crecía a más del 7% del Producto Nacional Bruto, que tenía un bajo nivel de inflación, de desempleo, un endeudamiento externo tolerante, la alimentación asegurada con productos propios y una autonomía considerable con respeto al exterior, sin embargo, pasamos a depender en más de un 85% de un sólo mercado, el norteamericano que la hace por completo vulnerable de los fenómenos especulativos, una deuda externa impagable, por la que más del 60% de la población está viviendo en la pobreza.
El arribo de los neoliberales al poder, no sólo depuró a los trabajadores de la ciudad y del campo, que conforman la mayoría de la Nación, sino que la gran parte de la planta productiva edificada durante muchos años se perdió, se esterilizó la vida cultural de la Nación, se deterioró la educación nacional y anuló el debate ideológico que caracterizaba a otras épocas de la vida del país.
Enrique Ramírez y Ramírez enriqueció con su pensamiento tanto a la prensa como en la Tribuna ese debate, en el que se confrontaban los proyectos políticos de la Revolución con la derecha, ahora se prefiere la comodidad del centro, o las actitudes conciliatorias, para justificar toda clase de concesiones, a los enemigos tradicionales de nuestro pueblo, que no quieren una parte del poder, están en crisis las viejas instituciones, los viejos valores del pensamiento, de la conducta, del arte, y están en crisis también, formas de acción que no corresponden a la época en la que estamos viviendo; crisis de la intolerancia, crisis de las aptitudes pasionales, crisis en los partidos políticos y en los gobiernos.
La vida mundial en medio de este torbellino de lucha, está engendrando una nueva vida. Por ello la apreciación de los problemas de un país, deben partir de la consideración y el análisis sobre las características del mundo en que vivimos.
¿A que se debió la parte incumplida de los programas de la transformación social?
México se desarrolló, debido a la obra reformista de la Revolución Mexicana que algunos quieren ignorar, por pasión o por ignorancia, y luchan por desaparecerla. En los 30, México dejó de ser más oprimido porque hubo Reforma Agraria, porque se extendió la enseñanza, porque se nacionalizó el petróleo, y pasó a servir al desarrollo industrial del país, en vez de servir a los accionistas del extranjero y porque se realizaron reformas en toda la vida social, que elevaron el nivel de vida con mejores salarios, porque hubo un paso adelante, ¿Pero que ocurrió después?
Debido a una serie de presiones internas y externas, el ritmo de la Reforma se fue debilitando, creció una nueva clase social, que se hizo a la sombra de la Revolución, y por otro lado, las fuerzas populares, obreros, campesinos, clase media, jóvenes se desmoralizan, se dividen, lucha entre sí y se opera un fenómeno: mucho poder de la gente de dinero y cada día menos en la gente del pueblo.
La corriente progresista a la que perteneció Ramírez y Ramírez fue arrinconada y después excluida de los puestos de responsabilidad partidaria, para ser sustituidos por un conjunto de individuos que, consideraban que había muerto la Revolución Mexicana, quisieron que tanto la economía como la política de nuestro país fueran burdas copias de la norteamericana y que desde luego, no había identificación con los intereses de obreros y campesinos, él creía en un nuevo ciclo de reformas profundas: extender más la seguridad social, aliviar el problema de la vivienda, del empleo, de la Reforma Fiscal que obligue a la gente que tiene más dinero a contribuir en mayor proporción a los gastos del Estado, una Reforma Educativa profunda, una reforma política no nada más en la ley electoral sino en los partidos políticos, una Reforma de Estado.
Es cierto, no podemos ni debemos aislarnos, del contexto internacional, del intercambio de valores, económicos, culturales, científicos, técnicos y políticos, son una ley de nuestro tiempo, pero tampoco podemos ni debemos aislarnos, ni separarnos en nombre de ese internacionalismo, ni borrar la diversidad de este mundo, ni suprimir peculiaridades, ni violar fronteras y soberanías, ni pasar por alto la personalidad de cada pueblo.
Vivimos una transición, que se percibía imposible hasta hace algunos cuantos años. De ahí la necesidad de reflexionar sobre los próximos gobiernos, no se puede negar lo hecho por engrandecer a México, que ha sido instrumento para conservar la paz y por encima de sus defectos, ha sabido mantener la estabilidad política.
Entre las premisas que él consideraba como necesarias para que éste tránsito se pudiera dar, estaban las siguientes, que la clase obrera y los campesinos, así como la clase media, tuvieran un importante peso político específico en la vida nacional, que superara la influencia que llegaría a tener la burguesía nacional; una izquierda socialista y marxista, fuerte y unificada, bien organizada, con un importante presencia entre la población en general, que, sin una aptitud sectaria, fuera capaz de establecer alianzas políticas y sociales con otros grupos y clases sociales como la burguesía nacionalista, sin que, por todo ello perdiera su identidad como clase revolucionaria, así como un entorno internacional favorable para efectuar cambios profundos de vida al progreso que habían registrado en el mundo, las fuerzas del socialismo y de la independencia nacional. Siempre luchó Enrique Ramírez y Ramírez impulsado por estos objetivos en la etapa en la que la Revolución Mexicana se encontraba en ascenso y en una etapa constructiva que después fuera en gran parte dilapidada, por la burguesía neoliberal, tanto en el terreno económico como en el político, como sucedió con la herencia histórica de Lázaro Cárdenas y de Adolfo López Mateos, en los cuales se desarrollaron las fuerzas productivas de la Nación, en un nivel sin precedentes en la historia nacional.
Existe una línea constante en Ramírez y Ramírez, él se pronunciaba de una manera reiterada, por el cumplimiento cabal del programa económico y social de la Revolución Mexicana, es decir, por la elevación permanente del nivel de vida de la mayoría de la población, mediante el incremento constante de los ingresos reales, derivados del trabajo de los individuos, la ampliación y el fortalecimiento del sistema democrático, respetando la voluntad popular y las libertades políticas fundamentales y por la preservación de la independencia nacional, sobre todo con Estados Unidos, diversificando nuestro comercio exterior y estableciendo vínculos políticos y culturales con todas las naciones del orbe, especialmente con los países de América Latina, los cambios que se produjeron posteriormente, sobretodo lo relativo al gran periodo que abarcaba desde el régimen de Miguel de la Madrid hasta nuestros días, se apartan de las grandes líneas de pensamiento y acción de Ramírez y Ramírez y más bien, se deben ubicar en su negación más completa. En esta larga etapa, el crecimiento económico nacional, ha permanecido estancado, debido a la aplicación de políticas impuestas o recomendadas por el Fondo Monetario Internacional, que se tradujo en un aumento constante de precios y una inflación permanente no controlada en términos reales; reducción constante del poder de compra del pueblo y un debilitamiento crónico del mercado nacional, una profundización de las diferencias de ingreso entre la mayoría de la población y una minoría privilegiada, una acentuación de la corrupción que se expresa en todos los niveles de la administración pública y en el ámbito de los negocios privados, y una agudización de las relaciones de dependencia y de supeditación con el mercado y el gobierno de los Estados Unidos, hasta el grado de considerarnos y tratarnos como parte de Norteamérica y no de América Latina a cuyos países hermanos se les fue dando la espalda en los últimos años.
Si partimos de las consideraciones que Enrique Ramírez y Ramírez hacía, acerca de los grandes problemas nacionales, los cuales estudiaba de una manera constante, podemos concluir que se han agravado la mayoría de ellos, sobre todo si consideramos que se ha incrementado de una manera notable la población, lo cual se ha manifestado en una profundización de la desigualdad social, de acuerdo a datos oficiales, no obstante que se han invertido muchos recursos económicos para impedir que esto sucediera, son paliativos y no soluciones estructurales o de fondo.
Las organizaciones sociales, experimentaron un problema permanente del poder de compra de los ingresos de sus afiliados; el sector social por el que tanto luchó Enrique R. y R. prácticamente fue desaparecido para dar un notable impulso a las empresas privadas que hoy dominan en nuestra nación, la cuales controlan una gran parte de la distribución de alimentos y de materias primas, entre otros conceptos; se desmanteló el sector público, la mayoría de las empresas estatales se vendieron al capital privado y otras se abrieron al capital extranjero, propiciando que el desarrollo económico nacional ya no dependa de las inversiones internas, sino de los volúmenes del capital extranjero que se ha logrado atraer, es decir, el país se ha hecho cada vez más dependiente de los capitales del exterior.
El país tenía un importante grado de industrialización pero a raíz del ingreso al Tratado de Libre Comercio con los Estados Unidos, más de una tercera parte de esa planta productiva, ha sido desaparecida al no poder soportar la competencia con los productos y artículos del exterior. Otra parte considerable de ellas, se ha convertido en filiales o subsidiarias de empresas norteamericanas, que así han controlado muchas ramas de la economía nacional, entre ellas la alimenticia, la química farmacéutica y la automovilística a las que los gobiernos refieren impropiamente como industrias nacionales, que no lo son ni por su capital ni por la tecnología que disponen, lo único mexicano es la mano de obra o algunas piezas o refacciones.
Ello ha producido una mayor vulnerabilidad de nuestra estructura productiva, con respeto de las decisiones que toma el gobierno de los Estados Unidos, de los grandes monopolios que han extendido sus ramificaciones a nuestro país, así como de los organismos financieros internacionales que funcionan como sus aliados en la tarea de succionar los excedentes económicos de nuestra Nación.
Si partimos del conocimiento de los estudios que elaboró Ramírez y Ramírez, podemos concluir que alentaba muchas expectativas de mejoramiento social, de parte del sector nacionalista de la burguesía nacional que estaba en el poder, pero que, en la actualidad, dicho sector ya no tiene ninguna fuerza en el interior del aparato del Estado, habiendo sido desplazado por el sector derechista neoliberal, que desde 1882 es el responsable político-histórico de todos los cambios que se han suscitado en nuestro país desde entonces y por lo tanto se constituye en el principal factor del agravamiento de la situación nacional, cuyas características vigentes, desde luego, no conoció Enrique Ramírez y Ramírez, él era partidario de analizar los problemas políticos siempre desde una perspectiva de clase, siempre relacionándolos con el cumplimiento del programa de la Revolución Mexicana, es decir, sin tomar en cuenta las característica personales de los gobernantes, que así pasaban a un segundo plano.
En estas condiciones, el ciclo histórico iniciado en 1910, al estallar el movimiento armado del que fuera la primera Revolución social del siglo XX, culminó; y ahora en pleno siglo XXI el país transita por otro camino de desarrollo, el de un capitalismo monopolista muy avanzado y deformado, dependiente del capitalismo de los Estados Unidos en grado extremo, este cambio casi total del paradigma del modelo de Nación que deseamos edificar, exige a todos los partidos, a las personalidades progresistas y democráticas, la necesidad de reelaborar, tanto su táctica como su estrategia, tomando en cuenta, de una manera primordial las experiencias internacionales, y desde luego, las que se han acumulado en nuestro país en las últimas décadas. Es decir, asumirla misma aptitud crítica que Ramírez y Ramírez asumió en el año de 1958, al proclamar la Revolución Nacional para colocarla en concordancia con las características de la época que le tocó vivir.
Enrique Ramírez y Ramírez luchó por una nueva sociedad, en uno de sus últimos discursos en la Cámara expresó: Nada más legítimo que la lucha por una nueva sociedad. ¿Qué es un sueño? Sí es un sueño, pero la política revolucionaria sobre todo, no son las que se hacen con verdades perennes, se hacen también de grandes sueños, de grandes objetivos históricos, "si el hombre estuviera completamente desprovisto, de la facultad de soñar, si no pudiera de tiempo en tiempo adelantarse al presente y contemplar con su imaginación el cuadro coherente enteramente terminado, de la obra que se esboza apenas entre sus manos, decididamente no podría imaginar que motivos debería emprender el hombre, y llevar a término los grandes y fatigantes trabajos del arte, la ciencia y la vida práctica. El desacuerdo entre el pueblo y la realidad no tienen nada de nocivo, siempre que el hombre que sueña, crea seriamente en su sueño, que observe atentamente la vida, compare sus observaciones con sus castillos en el aire y, de una manera general, trabaje a conciencia por la realización de su sueño...", como decía Lenin.
Su fin primordial y último fue la búsqueda de una sociedad más justa; de una nueva sociedad, que el decía --libre ya de zonas de desastre a causa de la miseria--, tan comprometido estuvo en la vida, que todo le fue humano. Escribió una poesía cuyos versos nos trae recuerdos de los viejos cantares de Texcoco.
Nostalgia del Futuro
A veces entristece
pensar que todo esto debe acabarse
porque la vida, múltiple, honda,
jubilosa, amarga,
con la suavidad de la seda
o la dureza de la roca,
toda ella, enigmática y sonora ésta llena de poesía.
A veces duele,
pensar que tantos paisajes, hombres, mujeres, libros y canciones,
quedarán por siempre,
inéditos para uno...
Duele ser ausente de los siglos futuros,
cuando tantos misterios de ahora
se habrán develado,
y muchos sueños de siglos serán realidad.
y habrá en el mundo lágrimas y penas,
pero bajo cielos más claros
y en un aire más limpio.
Qué lástima,
tener que abandonar la tierra
que nos fue dada, en la que amamos
y luchamos; y fuimos amados y odiados;
y en la que talvez en algún día inocente,
seremos recordados con benevolencia.
¡Qué ingrato el día!
En que haya que abandonar
la nave rumorosa
que surca los mares impetuosos
sembrados de islas como estrellas!
E.R.yR. Cocoyoc, Septiembre 22 de 1979