miércoles, 28 de junio de 2017

La nave va. La incandescencia y el ruido.

Por Raúl Moreno Wonchee

En los últimos tres años nuestro país ha estado en riesgo. Grave, podría decirse, pues desde la tragedia de Ayotzinapa, el fantasma de la desestabilización ha recorrido nuestra geografía dividiendo a la sociedad y provocando un deterioro creciente de la política. No ha sido un proceso espontáneo sino aviesamente preparado y conducido por fuerzas con inclinaciones ostensibles. En efecto, los abusos de los monopolios y del gran capital financiero, la injerencia extranjera y las graves distorsiones sociales y económicas del crimen organizado, sólo pueden ser contenidos por un Estado con instituciones cuya fortaleza se nutra de su continua renovación democrática. En eso estábamos cuando se nos vino encima la desestabilización. Las reformas alcanzadas y el método para lograrlas así como las políticas públicas concomitantes abrieron  camino al crecimiento y al desarrollo democrático nacional. Fue entonces que la desestabilización, tramada en la oscuridad de los grandes intereses afectados, entró en la escena. Organizaciones del narcotráfico patrocinadas por los encargados de garantizar el abasto oportuno y suficiente del gran mercado norteamericano de la droga, cometieron actos brutales que provocaron un shock en la sociedad. La incandescencia y el ruido, a cargo de los monopolios mediáticos, enceguecieron a la clase media donde avanzó sin resistencia la confusión y retozan impúdicamente los falsificadores de la opinión pública fabricando escándalos que no llevan a ninguna parte sino a erosionar la convivencia política. Y en el colmo, los partidos se empeñan en darles la razón a sus detractores cuando invisten al gerente de la OEA en autoridad electoral y ningunean al INE… en las goteras de la elección presidencial. 

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