lunes, 5 de marzo de 2018

Reflexión a los 89 del nacimiento del Partido Revolucionario Institucional


Después de la Revolución había que reconstruir al país, ponerlo a producir, y esto solo podría hacer en la paz, en la paz de las instituciones y esto fue posible a través del Partido Nacional Revolucionario que nació en 1929, y que empezó a organizar políticamente a la Nación y que debe seguir organizándolo.

¿Cuál es la doctrina de éste Partido?

Clara y sencilla, producto de nuestra historia, de la Revolución Mexicana de 1910 que es una continuación de la Revolución Liberal de mediados del siglo pasado, y de la Revolución de Juárez y ésta de la continuación de la Independencia encabezada por Hidalgo y Morelos, para quienes quieren concebir la historia del país en el aire, hace metafísica y no política, y no lucha social.

En la amarga época de 300 años de colonia y hasta en el viejo mundo precortesiano indígena. Hasta allá van los antecedentes de la Revolución Mexicana.
Mal hacen, mal piensan, mal sueñan, los que quieren darle otro sentido a la Revolución Mexicana que no sea el sustento de nuestra propia historia. La lucha por la creación de una nueva sociedad mexicana, sociedad organizada conforme al principio de la democracia social, una divisa extraída de nuestra historia hecha en México, e inspirada también de algunas doctrinas universales, porque nada puede crearse de grande y de profundo en el aislamiento, pero siempre apoyándose ante todo en nuestra propia experiencia; la democracia social fue una consigna del partido en 1929 al nacer.

Por encima de todos sus defectos, la Revolución Mexicana ha sido un fruto de éste país, hecho con su materia humana; por eso ha sido un proceso vigoroso, porque a pesar de sus propias agonías, ella misma no ha podido traicionarse, ni traicionar el gran aliento que sale de la tierra mexicana y ahí ésta la fuente de la vitalidad histórica del Partido Nacional Revolucionario, que después se llamó bajo Lázaro Cárdenas Partido de la Revolución Mexicana y que desde 1946 durante el gobierno de Miguel Alemán hasta nuestros días, se llama Partido Revolucionario Institucional.

Éste como fruto de la historia y que hace la historia; no es un partido temporal ni de temporada; sobre sus propios defectos se levanta su historia, partido de grandes masas de obreros, campesinos, clase media, partido que en el poder hizo el gran reparto de millones de hectáreas de tierras. Partido que puso en vigor la legislación derivada del artículo 123 de la Constitución, que organizó los sindicatos, en el establecimiento de los trabajos colectivos, la jornada de 8 horas, el descanso semanal; es el partido que implantó la seguridad social, es el partido que sembró en el país de escuelas primarias, secundarias, preparatorias, es el partido que construyó una red educativa desde los jardines de niños hasta las universidades y tecnológicos, que da educación a millones de niños y jóvenes mexicanos. Es el partido que ha dado al país ciento de miles de nuevos intelectuales humanistas (abogados, escritores, artistas, y de intelectuales técnicos: constructores, ingenieros, médicos, químicos, mecánicos, electricistas, economistas, en fin, siempre adecuándose a las condiciones que el país requiere). Es el partido en cuyo mandato han florecido las artes del país, el resplandor del renacimiento mural, que le dio al mundo artistas de la talla de Orozco, de Rivera, de Siqueiros, de Tamayo y que le sigue dando muchos otros más.

En una frase, somos creadores de las instituciones que han contribuido al desarrollo del país, y que por las presiones mundiales se ha visto obligado a perder soberanía y olvidarse del fortalecimiento de su mercado interno.

Pero hoy a sus 89 años, todavía hay una deuda grande con la Nación que no se ha pagado, en la existencia aún de dos polos, el de la “opulencia y el de la indigencia” que no han podido ser aliviados y que se debe a la acumulación fabulosa de riquezas en una minoría y a la alarmante miseria en una gran proporción que no podemos ni debemos ocultar; el Partido debe asumir la plena conciencia de que esa desigualdad no ha sido aliviada, que es una desigualdad desgarradora que separa al pueblo de México, lo divide, crea enemistades entre sí, lo pone cada paso al borde de la violencia; pone en peligro la estabilidad y la paz lograda.

No puede concebirse un desarrollo indefinido del país sino se amortigua esa profunda desigualdad. Y ésta injusta distribución de la riqueza que es lo contrario de lo que prometió el plan económico de la Revolución Mexicana y que está en contra de la declaración de principios original y ha sido renovada constantemente por el partido, que es un partido que debe seguir luchando por la justicia social y por la democracia.

Nuestro partido, tiene que operar con todas sus energías y con todas sus facultades para volver a México al camino de la Revolución, aún no terminada. Para corregir las desviaciones que México ha sufrido en las últimas décadas del siglo pasado y lo que llevamos de éste siglo; para obligar a una redistribución de la riqueza y del ingreso, que ponga al país en el camino, no de la igualdad perfecta, que tampoco existe, sino de una liberación justiciera; de la liberación social de los mexicanos. Sólo sobre esa base, México puede marchar adelante. No lo hará si sigue acumulando la desigualdad; desigualdad injusta que es muy mala tierra de cultivo para la democracia y no podemos hablar de democracia en medio de ésta desigualdad tan destructiva, ofensiva, como es la que existe en México.

La estrategia del partido debe tratar de romper más la dependencia del país respecto al extranjero, ser más independiente, fortaleciendo el mercado interno y buscar su transformación económica, social, política y cultural en un régimen de democracia social; más profunda que la que supone la sola elección por el voto popular de los funcionarios públicos, que sea una democracia económica también, que los trabajadores en todos los ámbitos alcancen una proporción mucho mayor del fruto de su propio trabajo, que se proteja más que al capital.

Sin soluciones políticas no es posible ninguna otra solución.
¿Y de dónde parten las soluciones? Las soluciones solamente pueden partir de que el pueblo esté organizado, de que el pueblo sea el principal protagonista de la vida nacional.
El partido debe atender al pueblo no solamente en las luchas electorales, sino en la lucha de todos los días, por el pan, por la vivienda, la salud, la educación, la seguridad social. Que el partido llegue al centro del hogar; no un partido de hombres solos, que ingresen al partido masivamente. Que sea capaz de unir en torno suyo a la mayoría de la Nación, que sea el eje de la unidad nacional y de la alianza popular, de la que tenemos necesidad angustiosa, porque hay que defender a la Nación de las acechanzas exteriores y defenderla del hambre destructiva, de la inseguridad, de la opresión.

Que el partido sea el partido del pueblo, un nuevo PRI armado con armas muchos más poderosas, armas de la razón, un PRI más radical que vaya a la raíz de las cosas, más apegado a la tierra de México, a sus hombres y mujeres del pueblo, un PRI que vuelva a las fuentes originales de las que emana toda fuerza, toda inspiración, toda victoria, que son las fuerzas del saber, de la voluntad del pueblo. Ave de las tempestades, partido combatiente de la Nación, que se levante con la mirada puesta hacia un futuro mejor, en este pleno siglo XXI.