Por
Cuauhtémoc Anda Gutiérrez
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n el año 55 a.C. el poderoso
romano Marco Tulio Cicerón, dirigiéndose a sus contemporáneos dijo las
siguientes sabias palabras: “El presupuesto debe equilibrarse, el Tesoro debe
ser reaprovisionado, la deuda pública debe ser disminuida, la arrogancia
de los funcionarios públicos debe ser moderada y controlada, y la ayuda a
otros países debe eliminarse, para que Roma no vaya a la
bancarrota. La gente debe aprender nuevamente a trabajar, en lugar de
vivir a costa del Estado”.
Sabias palabras que nos hacen
meditar sobre el México contemporáneo, empecemos: “El presupuesto debe equilibrarse”.
Se refiere al Presupuesto Federal y el equilibrio consiste en no gastar más de
lo que se recauda. Sencilla lección que es aplicable a todos los hogares, para
que la gente actúe con prudencia y no desequilibre el propio presupuesto
familiar.
Lamentablemente a nuestros
Gobiernos les ha costado mucho trabajo aprender una simple lección en la que en
muy contadas ocasiones en los siglos XIX y XX el presupuesto anual ha sido equilibrado,
por eso ahora que la iniciativa presenta un pequeño desequilibrio del 0.4% se
nos paran los “pelos de punta”.
“El tesoro debe ser reaprovisionado”,
para esto se esperaba que el 60% de los ciudadanos que no contribuyen al
Impuesto Sobre la Renta (ISR), pero participan en la economía informal como
vendedores ambulantes, algunos pescadores, campesinos, algunos gremios, etc.,
ahora sí pagarían, pero la mala noticia es que tampoco contribuirán en ésta
ocasión. Claro que cuando consumen pagan el IVA, pero como alimentos y
medicinas siguen exentos al consumir estos productos tampoco pagaran nada de
impuestos. En fin, que la carga fiscal se recarga como de costumbre en los
causantes cautivos, los que son los menos, ya que son 4 de cada 10 los que
pagan, mientras que 6 de cada 10 no pagan.
“La deuda pública debe ser
disminuida”, es una estupenda idea que se ha seguido con cuidado desde nuestra
última renegociación de la Deuda Pública Externa que fue en 1989, desde
entonces la deuda se maneja con márgenes razonables.
“La arrogancia de los funcionarios
públicos debe ser moderada y controlada”. En términos generales, esa
clase de arrogancia tiende a disminuir y se puede decir que en general es
moderada, aunque nunca faltan las excepciones que obligan al ciudadano a
señalarla. Luego aconseja “que la ayuda a otros países se elimine”.
A la vista no se observa este tema como un peligro.
Pero el remate de lo dicho por
Cicerón es contundente “la gente debe aprender nuevamente a trabajar
en lugar de vivir a costa del Estado”. En este campo, si hay mucho por
hacer.
La educación, como gran maestra
de la sociedad debe eliminar de su organización a decenas de miles de personas
que cobran como maestros sin estar académicamente preparados para ejercer ese
trabajo y los mismo pasa con una buena parte de los burócratas, pero además,
por el lado positivo, la educación debe ser la gran maestra que nos enseñe a
todas las nuevas generaciones que pagar impuestos cuando se es adulto en
actividad, es un honor, que los contribuyentes son así llamados, porque en
efecto, contribuyen a construir la grandeza del país.
Desde niños se les debe de
enseñar que el trabajo ennoblece y que eso de vivir a costa del Estado sin
mayor esfuerzo, es además de un delito, impropio de gente civilizada y
consciente de la responsabilidad que se tiene al vivir en sociedad.
Al repasar estas breves notas,
nos damos cuenta que algo dicho hace poco más de 20 siglos, sigue siendo
vigente y que ahora que estamos en los prolegómenos de los Foros de Discusión sobre
la Reforma Hacendaria, frases tan sencillas como las que dijo Cicerón, sirvan
en buena medida como hilo conductor que nos lleve a mejores escenarios.
Por otra parte, la tecnología
moderna, permite conocer el monto de lo aportado por la sociedad de cada país
para luego, simplemente compararlo con su propio Producto Interno Bruto (PIB),
así sabemos que los países ricos captan más del 30% de su PIB, las economías
medianas más del 20% y los países pobres, alrededor del 10%. Como en años
recientes, en México sólo hemos captado el 10% del PIB, sería bueno que nos
trazáramos un meta a 10 ó 15 años para poder recaudar lo que las economías
medianas logran (Brasil, Argentina, Chile, Venezuela, etc.), es decir, el doble
de lo que a la fecha se recibe, con el propósito de que desaparezcan de nuestro
horizonte casas de cartón donde viven mexicanos que al primer aguacero o
soplido del viento se caen. Mujeres que al llegar a la clínica para su parto,
dan a luz al aire libre en jardines o patios de la clínica donde no hay un
médico de guardia para atender estas emergencias. Ver por la televisión el bochornoso
caso de escuelas en ruinas, el increíble fenómeno de que los aguaceros un año
sí y el otro también destruyen carreteras que van dejando localidades aisladas
y a los que aún para llevarles despensas para su sobrevivencia se requiere
hacerlo en helicópteros.
No nos engañemos, la pobreza de
nuestro país está a flor de piel, hay millones de gente pobre que reclaman
servicios médicos, despensas, oportunidades de empleo y por tanto educación,
educación y más educación. No, no sólo me refiero a los damnificados que en
Guerrero y en otros Estados nos muestran cotidianamente la TV, me refiero
concretamente a los millones de mexicanos, quienes desde que nacieron ya eran
damnificados.