Siempre hay un tema en las primeras horas de la mañana, en nuestra caminata diaria con mi compañero de vida Jose Luis, el de hoy fue sobre el poder, a propósito del libro que acababa de leer sobre Nicolas Maquiavelo, en el que define que para que se tenga un gobierno con bases sólidas se debe contar con buenas leyes y un buen ejercito, también manifestaba que siempre han existido dos grupos en la vida unos que luchan por conquistar territorios y otros por su defensa. Dentro del país los nobles y el pueblo,- los nobles siempre trataran de esclavizar al pueblo, y esté siempre luchara por su libertad así ha sido y será porque así es la condición humana.- El Principe como vive en el poder, aplica la estrategia que más le conviene, -aunque hay algunos que de acuerdo a la situación, a veces se aferran a defender situaciones injustas, y si no se tienen buenas leyes y un buen ejercito saldrán derrotados. Y la de la conquista de nuevos territorios, invadiéndolos como ha sido a lo largo de la historia y que por desgracia sigue en la actualidad, pero de una manera diferente.
Y a propósito de los que luchan por conquistar territorios, pensé en nuestra conquista. Ye esto me hizo llegar a la siguiente reflexión, respecto a nuestra historia a partir de ésta conquista. La nación vino forjándose desde que los conquistadores pusieron sus plantas sobre este territorio, bajo la ambivalencia de un hecho histórico asombroso, en el abrazo de los contrarios, como lo entiende la dialéctica para todo lo que existe y esta en movimiento. En el trasplante de otra cultura y otra civilización en el que la Conquista y Civilización dominaron, humillaron y tazajearon a las culturas autóctonas pero no destruyeron, ni las desarraigaron del suelo popular, radica en buena parte la complicada y peculiar textura de la formación nacional y de nuestras estructuras económicas,sociales y políticas, así como cultural. Los europeos se ilusionaron con la capacidad destructora de su fuerza y las posibilidades absorbentes de su bagaje cultural; pero los vencidos sobrevivieron y las aguas de su cultura, maltrechas, enflaquecidas, siguieron corriendo bajo tierra. Uno y otro genio, el de los conquistadores y el de los conquistados, con el vivaz aporte africano, impusieron la solución superior: (una nueva nacionalidad). fruto de la fusión intempestiva y violenta de elementos diametralmente distintos.
En el terreno de la elaboración de la teoría y doctrina política, el problema, en parte, ha consistido en querer que esta nación, distinta de onda peculariedad histórica y cultural, acepte y practique sin mayor descriminación, asimilacíon y reelaboración, teorías, doctrinas, instituciones y métodos de convivencia social y de organización política que son típicos del mundo occidental europeo, al que esta nación se ha vinculado desde hace siglos, pero sin convertirse en una típica nación occidental.
La subordinación en algunos casos verdaderamente jubilosa y servil nos ha hecho demorar, descuidar la tarea capital de crear los instrumentos teóricos e ideológicos indispensables para el desarrollo del país.
Por eso es importante que los partidos políticos eleven el nivel político de sus militantes y de la mayoría del pueblo para las grandes transformaciones económicas sociales y culturales que México necesita.
"Inspirados en nuestras mejores tradiciones históricas, en el esfuerzo transformador del pueblo frente a un adverso conjunto de circunstancias geográficas, étnicas, sociales y exteriores, así como en las ideas universales que, recreadas, mejor funcionen en nuestro marco circunstancial los principios que tiendan a estructurar una mejor sociedad, abierta al cabal disfrute de los bienes materiales y culturales que requieren hombres y mujeres para vivir con liberta, dignidad, creatividad.
El dominio absoluto de la nación sobre sus recursos naturales para explotarlos racionalmente en beneficio de los mexicanos, el máximo desarrollo de las fuerzas productivas, la intervención del Estado en las actividades económicas en forma planeada para conservar e incrementar el patrimonio nacional; -a pesar de las circunstancias que nos obligan a lo contrario-, la distribución equitativa de la riqueza y el ingreso como requisito para lograr la justicia social y la unidad nacional y las oportunidades de ascenso político - vieja demanda que sigue siendo la misma lucha sentida por el pueblo-,y capilaridad social con el uso de la crítica, la autocrítica y el diálogo elementos esenciales de la democracia ".
Y a propósito de los que luchan por conquistar territorios, pensé en nuestra conquista. Ye esto me hizo llegar a la siguiente reflexión, respecto a nuestra historia a partir de ésta conquista. La nación vino forjándose desde que los conquistadores pusieron sus plantas sobre este territorio, bajo la ambivalencia de un hecho histórico asombroso, en el abrazo de los contrarios, como lo entiende la dialéctica para todo lo que existe y esta en movimiento. En el trasplante de otra cultura y otra civilización en el que la Conquista y Civilización dominaron, humillaron y tazajearon a las culturas autóctonas pero no destruyeron, ni las desarraigaron del suelo popular, radica en buena parte la complicada y peculiar textura de la formación nacional y de nuestras estructuras económicas,sociales y políticas, así como cultural. Los europeos se ilusionaron con la capacidad destructora de su fuerza y las posibilidades absorbentes de su bagaje cultural; pero los vencidos sobrevivieron y las aguas de su cultura, maltrechas, enflaquecidas, siguieron corriendo bajo tierra. Uno y otro genio, el de los conquistadores y el de los conquistados, con el vivaz aporte africano, impusieron la solución superior: (una nueva nacionalidad). fruto de la fusión intempestiva y violenta de elementos diametralmente distintos.
En el terreno de la elaboración de la teoría y doctrina política, el problema, en parte, ha consistido en querer que esta nación, distinta de onda peculariedad histórica y cultural, acepte y practique sin mayor descriminación, asimilacíon y reelaboración, teorías, doctrinas, instituciones y métodos de convivencia social y de organización política que son típicos del mundo occidental europeo, al que esta nación se ha vinculado desde hace siglos, pero sin convertirse en una típica nación occidental.
La subordinación en algunos casos verdaderamente jubilosa y servil nos ha hecho demorar, descuidar la tarea capital de crear los instrumentos teóricos e ideológicos indispensables para el desarrollo del país.
Por eso es importante que los partidos políticos eleven el nivel político de sus militantes y de la mayoría del pueblo para las grandes transformaciones económicas sociales y culturales que México necesita.
"Inspirados en nuestras mejores tradiciones históricas, en el esfuerzo transformador del pueblo frente a un adverso conjunto de circunstancias geográficas, étnicas, sociales y exteriores, así como en las ideas universales que, recreadas, mejor funcionen en nuestro marco circunstancial los principios que tiendan a estructurar una mejor sociedad, abierta al cabal disfrute de los bienes materiales y culturales que requieren hombres y mujeres para vivir con liberta, dignidad, creatividad.
El dominio absoluto de la nación sobre sus recursos naturales para explotarlos racionalmente en beneficio de los mexicanos, el máximo desarrollo de las fuerzas productivas, la intervención del Estado en las actividades económicas en forma planeada para conservar e incrementar el patrimonio nacional; -a pesar de las circunstancias que nos obligan a lo contrario-, la distribución equitativa de la riqueza y el ingreso como requisito para lograr la justicia social y la unidad nacional y las oportunidades de ascenso político - vieja demanda que sigue siendo la misma lucha sentida por el pueblo-,y capilaridad social con el uso de la crítica, la autocrítica y el diálogo elementos esenciales de la democracia ".
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