Después de la Revolución había
que reconstruir al país, ponerlo a producir, y esto solo podría hacer en la
paz, en la paz de las instituciones y esto fue posible a través del Partido
Nacional Revolucionario que nació en 1929, y que empezó a organizar
políticamente a la Nación y que debe seguir organizándolo.
¿Cuál es la doctrina de éste Partido?
Clara y sencilla, producto de
nuestra historia, de la Revolución Mexicana de 1910 que es una continuación de
la Revolución Liberal de mediados del siglo pasado, y de la Revolución de
Juárez y ésta de la continuación de la Independencia encabezada por Hidalgo y Morelos,
para quienes quieren concebir la historia del país en el aire, hace metafísica
y no política, y no lucha social.
En la amarga época de 300 años
de colonia y hasta en el viejo mundo precortesiano indígena. Hasta allá van los
antecedentes de la Revolución Mexicana.
Mal hacen, mal piensan, mal
sueñan, los que quieren darle otro sentido a la Revolución Mexicana que no sea
el sustento de nuestra propia historia. La lucha por la creación de una nueva
sociedad mexicana, sociedad organizada conforme al principio de la democracia
social, una divisa extraída de nuestra historia hecha en México, e inspirada también
de algunas doctrinas universales, porque nada puede crearse de grande y de
profundo en el aislamiento, pero siempre apoyándose ante todo en nuestra propia
experiencia; la democracia social fue una consigna del partido en 1929 al
nacer.
Por encima de todos sus
defectos, la Revolución Mexicana ha sido un fruto de éste país, hecho con su
materia humana; por eso ha sido un proceso vigoroso, porque a pesar de sus
propias agonías, ella misma no ha podido traicionarse, ni traicionar el gran
aliento que sale de la tierra mexicana y ahí ésta la fuente de la vitalidad histórica
del Partido Nacional Revolucionario, que después se llamó bajo Lázaro Cárdenas Partido
de la Revolución Mexicana y que desde 1946 durante el gobierno de Miguel Alemán
hasta nuestros días, se llama Partido Revolucionario Institucional.
Éste como fruto de la historia
y que hace la historia; no es un partido temporal ni de temporada; sobre sus
propios defectos se levanta su historia, partido de grandes masas de obreros,
campesinos, clase media, partido que en el poder hizo el gran reparto de
millones de hectáreas de tierras. Partido que puso en vigor la legislación derivada
del artículo 123 de la Constitución, que organizó los sindicatos, en el establecimiento
de los trabajos colectivos, la jornada de 8 horas, el descanso semanal; es el
partido que implantó la seguridad social, es el partido que sembró en el país
de escuelas primarias, secundarias, preparatorias, es el partido que construyó una
red educativa desde los jardines de niños hasta las universidades y tecnológicos,
que da educación a millones de niños y jóvenes mexicanos. Es el partido que ha
dado al país ciento de miles de nuevos intelectuales humanistas (abogados,
escritores, artistas, y de intelectuales técnicos: constructores, ingenieros, médicos,
químicos, mecánicos, electricistas, economistas, en fin, siempre adecuándose a
las condiciones que el país requiere). Es el partido en cuyo mandato han
florecido las artes del país, el resplandor del renacimiento mural, que le dio
al mundo artistas de la talla de Orozco, de Rivera, de Siqueiros, de Tamayo y que
le sigue dando muchos otros más.
En una frase, somos creadores
de las instituciones que han contribuido al desarrollo del país, y que por las
presiones mundiales se ha visto obligado a perder soberanía y olvidarse del
fortalecimiento de su mercado interno.
Pero hoy a sus 89 años,
todavía hay una deuda grande con la Nación que no se ha pagado, en la existencia
aún de dos polos, el de la “opulencia y el de la indigencia” que no han podido
ser aliviados y que se debe a la acumulación fabulosa de riquezas en una minoría
y a la alarmante miseria en una gran proporción que no podemos ni debemos
ocultar; el Partido debe asumir la plena conciencia de que esa desigualdad no
ha sido aliviada, que es una desigualdad desgarradora que separa al pueblo de
México, lo divide, crea enemistades entre sí, lo pone cada paso al borde de la
violencia; pone en peligro la estabilidad y la paz lograda.
No puede concebirse un
desarrollo indefinido del país sino se amortigua esa profunda desigualdad. Y ésta
injusta distribución de la riqueza que es lo contrario de lo que prometió el
plan económico de la Revolución Mexicana y que está en contra de la declaración
de principios original y ha sido renovada constantemente por el partido, que es
un partido que debe seguir luchando por la justicia social y por la democracia.
Nuestro partido, tiene que
operar con todas sus energías y con todas sus facultades para volver a México al
camino de la Revolución, aún no terminada. Para corregir las desviaciones que
México ha sufrido en las últimas décadas del siglo pasado y lo que llevamos de
éste siglo; para obligar a una redistribución de la riqueza y del ingreso, que
ponga al país en el camino, no de la igualdad perfecta, que tampoco existe,
sino de una liberación justiciera; de la liberación social de los mexicanos. Sólo
sobre esa base, México puede marchar adelante. No lo hará si sigue acumulando
la desigualdad; desigualdad injusta que es muy mala tierra de cultivo para la
democracia y no podemos hablar de democracia en medio de ésta desigualdad tan
destructiva, ofensiva, como es la que existe en México.
La estrategia del partido debe
tratar de romper más la dependencia del país respecto al extranjero, ser más
independiente, fortaleciendo el mercado interno y buscar su transformación
económica, social, política y cultural en un régimen de democracia social; más
profunda que la que supone la sola elección por el voto popular de los
funcionarios públicos, que sea una democracia económica también, que los
trabajadores en todos los ámbitos alcancen una proporción mucho mayor del fruto
de su propio trabajo, que se proteja más que al capital.
Sin soluciones políticas no es
posible ninguna otra solución.
¿Y de dónde parten las
soluciones? Las soluciones solamente pueden partir de que el pueblo esté
organizado, de que el pueblo sea el principal protagonista de la vida nacional.
El partido debe atender al
pueblo no solamente en las luchas electorales, sino en la lucha de todos los
días, por el pan, por la vivienda, la salud, la educación, la seguridad social.
Que el partido llegue al centro del hogar; no un partido de hombres solos, que
ingresen al partido masivamente. Que sea capaz de unir en torno suyo a la mayoría
de la Nación, que sea el eje de la unidad nacional y de la alianza popular, de
la que tenemos necesidad angustiosa, porque hay que defender a la Nación de las
acechanzas exteriores y defenderla del hambre destructiva, de la inseguridad, de
la opresión.
Que el partido sea el partido
del pueblo, un nuevo PRI armado con armas muchos más poderosas, armas de la
razón, un PRI más radical que vaya a la raíz de las cosas, más apegado a la
tierra de México, a sus hombres y mujeres del pueblo, un PRI que vuelva a las
fuentes originales de las que emana toda fuerza, toda inspiración, toda
victoria, que son las fuerzas del saber, de la voluntad del pueblo. Ave de las tempestades,
partido combatiente de la Nación, que se levante con la mirada puesta hacia un
futuro mejor, en este pleno siglo XXI.