Pedro Armenta R.
¿Sabes para qué sirve y a quiénes va a
beneficiar ésta llamada reforma política del Distrito Federal, hoy Ciudad de
México…?
Como habitante de esta ciudad, capital
del país, hemos escuchado por muchos años hablar de la transformación del
Distrito Federal en un Estado más de la República, la argumentación y
fundamentos de quienes han promovido y hasta el día de hoy siguen promoviendo
este cambio de “estatus jurídico”, señalan la recuperación de los derechos
políticos del ciudadano capitalino, para elegir a sus autoridades locales, y
sustentan su dicho en que habrá mayor presupuesto federal, para atender las
necesidades de quienes vivimos aquí en la capital, asiento de los poderes
federales, recibiendo el beneficio de otras entidades federativas, y tal vez se
tenga razón en parte, pero al mismo tiempo, se debe señalar que la Ciudad de
México, ha sido históricamente la más beneficiada por muchas prestaciones de
los gobiernos federales, ello explica que en la gran ciudad, el costo de la
vida promedio es más barato que en cualquier Ciudad del país, datos que son
reconocidos por el propio INEGI.
Si bien es cierto, que con la Reforma,
los residentes de la capital podrán elegir a sus autoridades locales, lo cierto
es que también esto representa una mayor carga económica, porque se amplían los
órganos de gobierno y con ellos la burocracia administrativa y también los
gastos de los partidos políticos, quienes pelean los espacios electorales que
se traducen en gobiernos, obteniendo mayores prebendas y repartos del quehacer
público. Ésta es la verdadera razón que se oculta al ciudadano común, al que
sólo le interesa en estricto sentido elevar
los niveles de vida y de bienestar de su familia, recibir mejores servicios
públicos (recolección de basura, alumbrado público, bacheo y pavimentación,
transporte público eficiente y barato, vialidad rápida para que no contamine, mayores
extensiones de áreas verdes, seguridad pública, educación, salud, etc.), así
como contar con una Procuración y Administración de Justicia pronta y expedita,
servidores públicos en todos los ámbitos que son pagados con recursos del
pueblo que sean honestos, trabajadores y transparentes, es decir, transformar
en las actuales condiciones de la Ciudad en la que los Partidos y sus gobiernos
se han adueñado de las estructuras políticas, para prolongarse en el tiempo y
sin ninguna posibilidad de un cambio real que beneficie, antes señalado, el
bienestar general de la población y menos aún el desarrollo armónico de la vida
social cotidiana.
Durante los últimos 40 años o más,
hemos escuchado la instauración de figuras como la revocación del mandato, la rendición
de cuentas, el referéndum, la iniciativa popular y el plebiscito, que son los grupos de las llamadas
izquierdas, quienes impulsaban éstas figuras, y hoy que son gobierno, y en las
dos décadas que están al frente de los poderes públicos locales, no se ha visto
que por iniciativa de ellos, se apliquen éstas figuras y menos aún permiten que
otros intereses de otras fuerzas políticas, realmente las impulsen, las
consoliden y las conviertan en una práctica para castigar a los malos
gobernantes, que los hay y muchos en todos los signos políticos, izquierdas,
derechas, centros y otros.
Es por ello, que hoy que vivimos la
guerra de declaraciones de las diferentes corrientes partidistas, algunas de
ellas inclusive recurriendo a términos muy populares para caracterizar al
capitalino que les dé mayor simpatía, para sus planillas, es oportuno
manifestar que únicamente el voto ciudadano tiene gran importancia en las
elecciones a la hora de emitir nuestro voto, reflexionemos antes de votar por
el partido que sea, para mandar un mensaje a quienes dirigen los partidos
políticos y los gobiernos locales, que la participación ciudadana ya está
despertando y no quiere más de lo mismo, y no es más que reiterarles la idea
que en el fondo ellos tienen y que nosotros como ciudadanos ya nos dimos
cuenta, les damos el poder, pero no la responsabilidad de informarnos, que lo
único que buscan con su reforma es ganar más espacios de gobierno, obtener más
recursos públicos para los dirigentes y sus familias, y tomando decisiones al margen
de quienes les dimos el voto, afianzar los malos gobiernos y las ineficientes
administraciones de los mismos, para que las mayorías sigamos perdiendo y unos
cuántos poniéndose de acuerdo en las cúpulas de partidos y gobiernos sigan
ganando.
Por eso esta es una oportunidad histórica
de los futuros constituyentes “asentar en la Constitución la revocación del
mandato, la rendición de cuentas, el referéndum, la iniciativa popular, el
plebiscito y ponerlas en función”.