Por Raúl Moreno Wonchee
La trayectoria de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos es impecable: en 57 años ha hecho absolutamente nada para proteger o promover esos derechos. Ese juego perfecto sin hit ni carrera se explica en que la Comisión, nacida en la OEA, ha sido un instrumento regional del Departamento de Estado. Curiosamente, todos los países americanos deben pasar por sus horcas caudinas a excepción de Estados Unidos pues es sabido que allí no cabe el racismo, la discriminación, el armamentismo, las guerras de agresión, el intervencionismo, y que el comercio de armas, personas y drogas es limpiamente gestionado por agencias federales que tiran en el vecindario la basura generada. Como EU es el único país libre de toda sospecha y por tanto no suscribe ningún compromiso en la materia, decidió que el sistema interamericano de DH tuviera su sede en Washington DC. En casi seis décadas la CIDH ha producido 60 informes especiales de los cuales el mayor número corresponde naturalmente a Cuba. La invasión de EU a la República Dominicana es tratada con singular benevolencia, y también sobresale la amabilidad hacia Pinochet por sus esfuerzos por suavizar su dictadura. Omite cualquier referencia a la dictadura militar de Brasil y de la barbarie en Argentina se entera hasta que los militares han sido expulsados del gobierno. En los últimos años, Venezuela, Bolivia y Ecuador son clientes preferidos. Sobre México hay un informe especial en 1998 preparatorio de la alternancia y otro fechado el último día de 2015 y cuyos términos son asombrosamente similares al Informe Anual sobre DH en México del Departamento de Estado. Del GIEI mejor ni hablar.
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