lunes, 17 de julio de 2017

La nave va. Botana.

Por Raúl Moreno Wonchee

¿Qué estará en juego en las próximas elecciones presidenciales? Porque junto con el nombre del que resulte ungido, no son pocos los que piensan que algo más  se deberá dirimir en ese torneo electoral. No sólo la filiación del ganador porque por lo visto podría ocurrir que no fuera chicha ni limonada, que resultara tan independiente que la democracia, ya liberada de adjetivos, objetivos y compromisos, perdiera sentido. Absolutamente. Democracia sin sentido, la utopía reaccionaria de estos tiempos.  Por ahora sólo una utopía pero que está haciendo caminar, y cada vez más de prisa, a los enemigos de los partidos, de los políticos, de los parlamentos, de los sindicatos, de los gobiernos, de la política en suma. Ya lo escribió Chesterton: los pobres pueden estar contra uno u otro gobierno, según; mientras, los ricos están contra todos los gobiernos, hasta los que ellos ponen. Pero si en el semestre recién comenzado no les va tan bien a los sacerdotes y acólitos del becerro de oro, algo habrá de resolverse que permita abatir la confusión. ¿Entre los candidatos? Uno que postule revertir las reformas para complacer a la oligarquía y manipular la insatisfacción popular; otro, el de la anomia con el novedoso anhelo de sacar al tricolor de Los Pinos. Y un tercero, el candidato que se proponga rescatar los cambios corrigiéndolos para profundizarlos y extenderlos hasta alcanzar las transformaciones que sustenten el desarrollo democrático nacional, con un partido que unificado en ese propósito, genere la energía ciudadana capaz de darle respaldo electoral y social.   

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