La
tarea del Gobernante es y siempre ha sido, el quehacer más difícil de hombres y
mujeres que se dedican a la noble profesión de la política, guiados siempre de
buena fe, por el principio universal de la misma, que define como el arte del
servicio a los demás, sin duda una filosofía muy bonita, con gran calidad
humana y alto sentido de servicio, pero que en la práctica en todos los
tiempos, pero más ahora, donde la degradación de los valores han propiciado la
sustitución del valor de la política al servicio de los demás, por la
persecución de una ambición personal a cualquier costa no importando, a quien o
a quienes se tenga que lastimar.
Los
políticos modernos, hoy en día, responden más a las ambiciones personales, a la
conquista del poder sin importar los medios y menos aún, ponen en práctica los
valores más altos que la ciencia y la política demandan, ambición generalizada
por desgracia, que aleja la credibilidad del ciudadano común en las
instituciones y en los hombres y las mujeres en el poder, este fenómeno, de una
lucha intestina entre los políticos, la encontramos en todos los niveles, en
los que la diatriba, a guerra sucia, la traición, son práctica cotidiana, y la
lucha la vemos desde los niveles básicos de la organización política y en las
más altas esferas.
Es
el eje del ejecutivo federal el que se convierte en el hombre más solo y
abandonado, ya lo decía Cosío Villegas en el siglo pasado – los hombres del
Presidente responden más a los intereses y ambiciones personales, que a los
buenos propósitos del gobernante en turno y la lucha por la sucesión en el
cargo, olvida los principios de lealtad y amistad con quien los nombró - y lo
que es peor, los planes y programas de cada una de las dependencias, responsables
de hacer vigente los objetivos trazados por el Presidente, para servir a los
distintos sectores sociales, que no se cumplen en el mejor de los casos, y en
algunos otros los recursos son utilizados para promociones personales y la
propia corrupción.
Los
Secretarios de Estado y sus colaboradores en cadena, sólo permiten que el
Presidente escuche lo que a ellos conviene, para promocionarse o al menos
mantenerse en los cargos públicos, de ahí el fracaso de las políticas públicas
en cada uno de los distintos ramos, que contempla el Plan Nacional de Desarrollo
y en el sector agrario, miles de millones se destinan de buena fe por el
Presidente de la República y sin embargo, la inconformidad social de los
hombres del campo crece, en la política social, lo medios de comunicación
masiva y los informes que se presentan por las dependencias encargadas de la
misma, dan cuentas alegres en la reducción de la pobreza, producto de la
implementación de los programas sociales, la realidad nos dice todo lo
contrario, la política social, es una política asistencialista y clientelar,
las organizaciones sociales en su mayor parte están lideradas por hombres y
mujeres que en el transcurso del tiempo han convertido a éstos programas en sus
puentes de enriquecimiento y formadores de empresas personales, lo que
desvirtúa la noble intención del Presidente, de invertir recursos en los
sectores más pobres, no para darles de comer, sino para generar un cambio de
conducta que logre la emancipación de los más pobres, llevándoles fuentes de
trabajo arraigándolos en sus lugares de origen y propiciando con ello un
desarrollo social sustentable, esta aspiración que los mexicanos de buena fe
sabemos que es el objetivo del Presidente, no se cumple por la falta de
compromiso en los responsables de instrumentar las políticas públicas para el
desarrollo y bienestar social, igual condición hace en educación o en el sector
salud, o en cualquiera de las áreas del gobierno federal, porque si los
colaboradores y supuestos amigos del Presidente, en lugar de aplicarse y
entregarse al cumplimiento de su deber, están más preocupados por sus
promociones políticas personales que por servirle a su amigo, y menos aún a la
sociedad a la que supuestamente sirven, por ello, muchos decimos que el
Presidente resulta ser como bien lo decía Cosío Villegas – se convierte en el
hombre más solo y abandonado durante el ejercicio del poder, donde los amigos
desaparecen y los colaboradores dejan de servir al cumplimiento de programas y
responsabilidades que el Presidente les confirió, privilegiando sus promociones
individuales sin importar los medios que pudieran utilizar -.
En
síntesis, los Presidentes, indistintamente de su origen partidario y de su
formación social, les sería útil, aceptar una sencilla sugerencia, que la
mayoría del pueblo seguramente desea, que en lugar de amigos como
colaboradores, desde el primer círculo del gobierno hasta las esferas
superativas, nombre a las mejores mujeres y hombres profesionales del servicio
público, comprometidos con el trabajo y leales al proyecto que encabeza el
titular del ejecutivo, y todos los colaboradores desde el rango más alto hasta
el encargado de ventanilla cumplan con su deber; si se aplicaran supervisiones
y correctivos oportunos, con toda seguridad, más que reformas educativas, se
requerirían los cambios de conducta y de actitud de los colaboradores del
primer círculo presidencial hasta el elemental, para cumplir con todos los
ofrecimientos del titular del ejecutivo.
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