viernes, 27 de junio de 2014

LA ECONOMÍA Y LA EDUCACIÓN


Por Cuauhtémoc Anda Gutiérrez

El avance de la humanidad, si bien espectacular en los últimos siglos, y sobre todo a partir de la Revolución Industrial a finales del siglo XVIII y principios del XIX se fue logrando cada vez mayor prosperidad entre los pueblos. Si bien las guerras han resultado un obstáculo, también han sido fuentes de conocimientos para generar armas más terribles pero también descubrir nuevas formas de administración de los bienes.
Después de la Segunda Guerra Mundial, en términos generales, la humanidad ha vivido en paz, con algunas excepciones de guerras locales, el avance los pueblos se ha medido de acuerdo al Producto Interno Bruto de cada país, es decir, a la suma de productos, bienes y servicios que logra un país al año. 
Con base en éste y otros datos y todavía durante la época de la Guerra Fría entre Rusia y Estados Unidos, se empezó a hablar de países de primer mundo, los países occidentales ricos, del segundo mundo con libertades restringidas, los socialistas y de tercer mundo, los pobres. Desde entonces, lamentablemente México ha pertenecido al tercer mundo y aún cuando los mexicanos mayoritariamente manifiesten su satisfacción e incluso felicidad de vivir en el país, los datos económicos y dolorosamente también de educación, nos muestran en el tercer mundo. 
No obstante, desde hace décadas, diferentes pensadores han señalado que, los pueblos pueden sacudirse la condición de tercermundista simplemente combatiendo los dos peores flagelos de la sociedad, la pobreza y la ignorancia. 
¿Cómo se combate la ignorancia?, con educación, estudiando, estudiando y estudiando. ¿Cómo se combate la pobreza?, trabajando y trabajando.  En materia económica, nuestro país ha vivido épocas malas, florecientes y regulares.
Los números reflejan que desde que obtuvimos la Independencia hasta finales del siglo XIX, la economía mexicana no creció y fue en 1988, cuando Manuel Dublan, Secretario de Hacienda de Porfirio Díaz, renegocio la deuda pública externa y se dio paso al crecimiento económico, vía la inversión extranjera y nacional en la construcción de ferrocarriles, la modernización de la industria minera, la llegada de la industria textil y la energía eléctrica. Fueron bueno años, pero en 1910 con la Revolución Mexicana se abrió un espacio, en el que incluso la población dejó de crecer. Así, en 1910 contábamos con 15 millones de habitantes y una década después el censo contó la misma cantidad.
La mejor época de nuestro país en términos económicos, es a partir de los gobiernos sexenales, de 1934 que toma posesión Lázaro Cárdenas hasta 1982 (48 años) la economía registra un crecimiento promedio anual de 6%, calificado en los medios académicos como “el milagro económico mexicano”, de 1983 a la fecha el crecimiento económico se redujo a alrededor de sólo un tercio de lo que traíamos, en efecto, el promedio anual por sexenio oscila entre el 2 y 3%, con una población ahora, que al censo del 2010 éramos 112 millones de mexicanos residentes en el país, ahora debemos ser unos 116 millones. Simultáneamente muchos mexicanos siguieron saliendo del país y desde luego en esta disminución tienen que ver los empresarios, pero fundamentalmente la política económica del gobierno, también la inseguridad y la corrupción ha colaborado.
Pero la parte más dramática, por desconocida es la que estamos afrontando de un año a la fecha, cuando se empezó a trabajar en la elaboración de una Reforma Educativa en el Congreso y cuyos datos nos llevan de asombro en asombro. La bomba estalló porque, siguiendo consejos de la UNESCO, el Gobierno Mexicano por décadas ha invertido cantidades cada vez mayores en educación y los resultados han ido pasando de malos a mediocres y a desastrosos.
Hace 20 años México entró a la OCDE, un club de poco más de 30 países ricos que entre otras actividades se encargan de analizar las políticas públicas de cada uno de sus miembros y por lo que hace a los gastos en educación no estamos mal, pero a la hora de hacer los exámenes a los muchachos de 15 años, los nuestros quedan en los últimos lugares. Después nos fijamos en las evaluaciones que internamente se hacen en el país y los Estados atrasados en educación suelen ser los mismos, Oaxaca, Chiapas, Guerrero, Michoacán y otros. Pero al revisar el calendario escolar que atiende cada país, nos encontramos que en México se tiene 200 días y sobre todo con unas cuantas horas al día, sus niños asisten, mucho menos tiempo a la escuela en relación a los otros niños. 
Pero todavía peor, en México las organizaciones sindicales han chantajeado a los gobierno locales y año tras año hacen huelgas basados siempre en aumentos salariales y en mejoras de prebendas y condiciones de trabajo. Para el efecto, suspenden clases y hay Estados en que suelen mantenerse en huelga por lo menos un mes al año. Además los maestros suspenden clases los días que tienen elecciones sindicales, el último viernes de cada mes para ajustes, los días festivos, etc., ¡y los niños sin clases! Despilfarrando el tiempo de su niñez y su juventud
Los resultados son desastrosos, los maestros de secundaria se quejan amargamente de que los niños de primaria llegan pesimamente preparados para que después los maestros de preparatoria se quejen de los mismo, de cómo están llegando sus educandos. 
Los dueños de las empresas se quejan de la mala preparación con la que llegan sus empleados al trabajo y el mercado de trabajo reacciona absorbiendo cada vez menos empleados de tiempo completo. Además el salario mínimo que se fija, cada vez compra menos. Si uno recuerda cuánto era el salario mínimo hace 40 años, el que estaba calculado para pagar la canasta básica y lo comparamos con el actual salario mínimo y lo que puede comprar de aquella canasta básica, se encontrará que no llega ni a la mitad.  Los índices de productividad son malos, no levantan ¿qué falta?, trabajo y educación.
Es por eso que cuando llega el censo y al preguntar al señor de la casa, todos dicen tener empleo, todos trabajan, pero no todos están en el Seguro Social, ni gozan de prestaciones, ni trabajan tiempo completo, pero tampoco pagan impuestos en un escenario indeseable en que todo mundo pierde ¿Qué los hace estar así?, en una alta medida, su falta de preparación. 
Pensemos en un momento en los más de 5 millones de mexicanos que en este momento, en pleno siglo XXI son analfabetas ¿qué tipos de empleo se les puede ofrecer?, ¿Qué tipo de vida les espera en un mercado de trabajo tan competitivo?, y la pregunta más incisiva ¿por qué han llegado a la edad adulta sin saber leer ni escribir? No tengo duda, ha hecho falta más atención e interés por parte del Gobierno, de la sociedad y de quienes deberían de ser los más interesados.

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