La ONU, en su Asamblea General de 2011 -en plena crisis alimentaria- determinó que el 2014 sería el Año Internacional de la Agricultura Familiar (AIAF). Entonces se adujo que la agricultura familiar exhibía su importancia en el mundo, en que existen “(...) 1,5 mil millones de personas en 380 millones de establecimientos rurales, 800 millones con huertos urbanos, 410 millones en bosques y sabanas, 190 millones de pastores y más de 100 millones de pastores campesinos. (De ellos) 370 millones de indígenas. Juntos, estos 3 mil millones de agricultores familiares, campesinos e indígenas constituyen más de un tercio de la humanidad y producen el 70 % de los alimentos del mundo“ http://alainet.org/publica/alai496w.pdf
Se considera que una nación sin campesinos es “incompleta, menos diversificada e históricamente árida, por la ausencia de sectores de sus pueblos que se relacionan productiva, armoniosa y placenteramente con la naturaleza”. Por ello, la agricultura campesina abarca prácticamente a todos los pueblos (campesinos, indios u originarios, negros o mulatos, recolectores de las selvas, ribereños, pescadores, artesanales que son productores rurales. El amplio espectro de pueblos que participan en este tipo de agricultura, no solo es importante por la cantidad y calidad de bienes alimentarios y de otro tipo que producen, intercambian y comercializan, sino porque sus acciones mantienen la tranquilidad y la paz, en amplias regiones del mundo.
La Declaración oficial de la ONU señala como objetivo general el de “promover la conciencia internacional y apoyar los planes impulsados por los países, para fortalecer la contribución de la agricultura familiar y los pequeños agricultores, a la erradicación del hambre y la reducción de la pobreza rural, conduciendo así al desarrollo sostenible de las zonas rurales y a la seguridad alimentaria”. En tratándose de un documento oficial de la ONU, este incorpora ideas y preceptos en positivo, con el objetivo de el AIAF de “reposicionar” esta porción, en las políticas agrícolas, ambientales y sociales de las agendas nacionales, regionales y globales, por su contribución significativa, tanto a la industria mundial de alimentos, la preservación de los tradicionales, creación de empleo y atenuación de la pobreza, como a la preservación de la biodiversidad y herencias culturales.
Tal afirmación nos lleva a corroborar, que muy a pesar de que la actividad productiva con la tierra, aleja a los núcleos de campesinos y campesinas, para poner la producción en manos de empresas con capacidad para asumir deuda y aplicar las tecnologías más modernas, aunque alteren incluso el ADN de sus productos, en aras de mercados ampliados; a pesar de ello, los productores nativos del campo son muy importantes para todas las sociedades actuales del Planeta.
1 Heck, Silvino (2014). Ano da agricultura familiar, camponesa e indígena. In http://site.adital.com.br/ site/noticia.php?lang=PT&cod=79874
Diversos analistas señalan lo difícil y complicado que es trazar una línea entre la agricultura de las sociedades anónimas, que se apropia del campo y su explotación comercial; las cotizaciones en bolsa que éstas realizan, junto a la especulación financiera de que son objeto los productos del campo; la producción indiscriminada de semillas esterilizadas en la agricultura campesina de los mercados internos cooptados y la “biodiversidad cultivada”, frente a la agricultura familiar. Se discute si es suficiente delimitarla como toda actividad agraria operada por una familia y que depende principalmente de la mano de obra familiar. La principal discusión está en que la familia no es el único modelo para desarrollar agricultura campesina a pequeña escala.
A la Agricultura Familiar se la caracteriza como “una forma de organizar la agricultura, ganadería, silvicultura, pesca, acuicultura y pastoreo, administrada y operada por una familia, misma que depende preponderantemente del trabajo familiar (mujeres y hombres). La familia y la granja están vinculados, coevolucionan y combinan funciones económicas, ambientales, sociales y culturales”.http://alainet.org/active/74283
Esta “disputa de sentidos” se está dando en diferentes planos, en vista de que AIAF -como ocurre con diversos eventos que propicia la ONU- levantó polémica planetaria acerca de un fundamental asunto de la agenda, que toca profundamente la estructura agraria de todos los países –no solo de los pobres- que se mantenía “oculto” por el vínculo interesado de los poderes fácticos con el mediático, que lo minimizan cada vez que toma fuerza en las luchas sociales de cada país o región.
Por su lado las corporaciones no pierden el tiempo. La información reunida para la Asamblea General de la ONU, que fue utilizada para decretar el Año de la agricultura Familiar, exacerbó su apetito por someter toda la agricultura mundial a sus intereses, incluida la agricultura familiar, para dominar toda la cadena productiva. En la 37ª Reunión anual del Fondo Internacional de Desarrollo Agrícola (FIDA) (Roma19-20, febrero 2014), tal organismo presentó como primer logro del AIAF, un convenio con Unilever, afirmando que ambas organizaciones se rigen por principios afines y coinciden en objetivos y compromisos, en torno a la agricultura familiar.
En un comunicado del FIDA, el Director Ejecutivo de Unilever, Paul Polman, “resaltó cómo conectar mejor a las multinacionales, pequeñas y medianas empresas con los pequeños agricultores, de manera recíprocamente beneficiosa y productiva”. Recuérdese que Unilever opera en 100 países, con materia prima en la que predominan transgénicos y agrotóxicos, conservadores y químicos, cuestionada por enmascarar trabajo infantil.
“La “integración” de los agricultores familiares es solo un enganche a la cadena agroindustrial global, en un libre mercado –rehén de las corporaciones y el capital financiero- en el que todos podemos competir y donde las reglas se definen “claras”, según determinación de la Coordinadora Latinoamericana de Organizaciones del Campo – Vía Campesina (CLOC-VC); “Veamos -señala- algunos datos: con tan solo 1⁄4 de tierras arables del mundo, campesinos y campesinas alimentamos al 70% de la población mundial, en tanto más del 40% de alimentos de la cadena agroindustrial se pierden por descomposición(FAO). El 90% del mercado mundial de granos está en manos de cuatro corporaciones: ABC, Bunge, Cargil y Dreyfus”.
Monsanto por su lado, “controla el 27% del mercado global de semillas, y con otras 9 corporaciones más del mercado de agrotóxicos. Por ello pueden presionar especulativamente para que los precios de los commodities crezcan constantemente. Su mezquina alianza con la banca internacional les deja disponer de una masa de capital colosal, especulativa, con que acapara tierras, paga lobby e influye en los gobiernos, prohijando la corrupción”. http://alainet.org/active/72077&lang=es
Los problemas de pérdida de biodiversidad, la crisis ambiental provocada por enormes extensiones de monocultivos, los problemas graves de salud y contaminación inducidos por miles de millones de toneladas de agrotóxicos, con que fumigan sin distinción, el trabajo semiesclavo, el uso indiscriminado de combustibles fósiles, la destrucción de mercados locales -sobre todo- exhibe con claridad, que no es conveniente –ni posible- armonizar agricultura campesina, con la de corporaciones, como será imposible terminar con el Hambre, a partir de tal sistema “nacido con la revolución verde”. La CLOC-VC afirma, “tenemos claridad: el sistema del capital financiero para el campo es la agricultura industrial en manos de corporaciones transnacionales y eso es totalmente contradictorio con la Soberanía Alimentaria y la Agricultura Familiar Campesina Indígena”.
En un texto referido a las cualidades de la agricultura familiar, Jan Douwe van der Ploeg establece que entre las amenazas internas está la directriz a entrar en artes empresariales que afectan continuidad y justeza de la agricultura familiar; destaca que hay tendencias importantes en sentido positivo. Aduce: “Muchos predios familiares se están fortaleciendo e incrementado su renta con el empleo de principios agroecológicos, con la participación en nuevas actividades económicas o con la producción de nuevos productos y la prestación de nuevos servicios, en general distribuidos y ofrecidos a través de nuevos mercados, socialmente construidos”. Indica que “estas nuevas estrategias se definen como formas de recampesinización, que buscan restaurar la naturaleza campesina de la agricultura al fortalecer el predio familiar…una forma de defender y fortalecer la agricultura familiar”. Frente a esta situación, se trabaja en la conformación de una vía campesina, alternativa a la fase del capitalismo vigente. (Continuará).
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