Análisis de Enrique Ramírez y Ramírez del sexto informe de gobierno del presidente Adolfo López Mateos.
Hemos rebasado los tiempos del provincianismo, del aislamiento y de la reclusión en nuestra área geográfica. Los días en que México hacía una política exterior limitada y vacilante, fruto de sus graves percances del pasado y de su inestabilidad económica y política, se han superado, paulatinamente, pero con firmeza.
En torno nuestro, con nuestra cooperación, un muno nuevo se está integrando. No es ya el mundo cuya suerte se decidía en dos o tres capitales. El crecimiento de la ONU, de la que hemos sido miembros activos y leales desde su fundación, acusa el crecimiento económico y político del mundo, la interdependencia creciente de todas las naciones. En tales circunstancia, México asume un papel internacional cada vez más activo.
El dinamismo, el espíritu de iniciativa y la audacia de la política exterior del presidente López Mateos han causado no pocas sorpresas en círculos nacionales y extranjeros. Los cuatro viajes internacionales del presidente --Estados Unidos, América del sur, Lejano Oriente y Europa-- no ha sido comprendido del todo y hasta hay quienes, en su analfabetismo o su pasión partidista, les atribuyen finalidades ociosas o platónicas. Tal es el atraso mental en que todavía se encuentran algunas esferas políticas.
Vistas objetivamente las cosas, se comprende que la política exterior activa seguida por López Mateos no es, en sustancia, más que el reflejo, o la proyección hacia afuera, de una política interior empeñada ante todo en el desarrollo nacional, Esta unidad esencial es lógica y obligada ¿Como podría practicarse en el interior una política tendiente al desarrollo, y al mismo tiempo guardar una actitud pasiva en el campo exterior, o contribuir al agravamiento de las condiciones internacionales que amenazan al desarrollo de todos los países, particularmente los más débiles? Ni la indolencia ni la sumisión son actitudes que correspondan en el orden internacional, a los intereses de un país resuelto a lograr su desarrollo.
Ciertamente, la política exterior de México se ha sustentado siempre en principos de independencia y paz. Pero aparte de que en determinados períodos esa linea de conducta ha sido rota, o se ha aplicado con extrema vacilación, existe también la necesidad de formular toda una política de doctrina internacional mexicana, capaz de operar con buen éxito en las condiciones de la nueva, complejísima y cambiante situación del mundo.
En su mensaje, El presidente expone con absoluta claridad los fundamentos y las lineas principales de su política exterior.
"Nuestra plena integración menguaría su sentido, si no la proyectamos en la esferas internacional o si olvidamos en que parte del mundo nos encontramos; si no pensamos seriamente que estamos en America y, concretamente, en Latinoamérica; que formamos parte de los países en desarrollo, y que somos de los que aman la paz y la independencia.
"Nuestra región geográfica, nuestra cultura original, nuestros ideales y proyecciones, en conjunto dan sentido a la participación que tenemos y hemos de tener en el concierto de los asuntos mundiales."
En estos sobrios términos está expresada no sólo una ubicación geográfica, histórica, cultural y política, sino una peculiar visión estratégica.Vivimos en una región del mundo en la que conviven un país con el más alto poder económico, político y militar (EUA) y países débiles, subdesarrollados o en proceso de desarrollo (América Latina). Nosotros formamos parte de América Latina, y en general de lo que se llama tercer mundo
De sta concepción básica sobre nuestra situación en el mundo actual, debe partirse necesariamente, como el presidente lo recalca, para trazar y ejecutar nuestra política internacional. En nuestra situación hay elementos debilidad, pero también los hay de seguridad y fuerza. Apreciando correctamente estos distintos factores, y teniendo por guía superior las aspiraciones de paz y de independencia de nuestro pueblo, puede y debe desarrollarse ---como el presidente López Mateos lo ha venido demostrando--- una política exterior positiva y constructiva, tan ajena a los complejos de inferioridad, como a las jactancias y a las aventuras irresponsables. Esta política corresponde primordialmente a los intereses de México, a sus tradiciones, a sus perspectivas, y si bien se relaciona objetiva o deliberadamente con las políticas de otras naciones y pueblos ---que también luchan, a su modo, desde su situación peculiar, por la paz y la independencia---, no se asimila a ninguna otra política exterior. Es independiente, pero no neutral en cuanto a los grandes problemas que se encuentran en el primer plano de la querella de nuestra época. No se identifica con la linea general de ninguno de los bloques políticos y militares en pugna; mas no desdeña las posibilidades de coincidencia o de cooperación con países que pertenezcan a uno u otro bloques. Situado en esta zona de intereses y de propósitos no intermedia, sino deferente a la de los agrupamientos antagónicos, se esfuerza por hacer valer ---sin subestimación ni sobrestimación de su influencia y sus capacidades--- sus buenos oficios para amortiguar la rivalidad entre las grandes potencias, negociar las diferencias, eliminar la guerra fría y abrir paso al entendimiento mundial que haga posible el desarme. la supresión definitiva de las armas y exterminio total y el desarrollo de la cooperación pacífica entre todos los países.
La justificación y el fundamento de esta política es menos platónica de lo que suponen los desprevenidos espectadores.
"En forma alguna ---dijo el Presidente en su informe--- nuestro país se encuentra aislado ni puede aislarse de los demás.
'Multiples son las ligas que tenemos con otros pueblos del mundo en nuestra economía y en nuestra cultura, no solamente por la región geográfica en donde nos hallamos sino por la solidaridad internacional que es imperativo de nuestra era. Como es también imperativo que los hombres y pueblos deben vivir en paz.
'Nada de lo que sucede en otros pueblos nos puede ser ajeno;si bien respetamos escrupulosamente el camino y las orientaciones propias de los demás países, nos sentimos interesados en su marcha, con especialidad en la de aquellos que recientemente se han incorporado como entidades soberanas, a la comunidad internacional.
'Estamos asimismo atentos a la vida de los pueblos que por diversas circunstancias no han podido alcanzar, a pesa de sus deseos, su autonomía e independencia.
'Estos últimos constituyen factores de inquietud mundial que no podrán eliminarse, si no sxe pone fin al dominio injusto que sobre ellos se ejerce y son auxiliados por los demás, para comenzar una vida nacional libre, digna y respetada."
El tono en que están expresados estos conceptos no puede ser más sereno; sin embargo, el contenido es bien claro. Se trata de una posición, la de México, radical y enérgicamente contraria a la dominación colonialista y a la subsistencia de todo tipo de imperio de unas naciones sobre otras. Ante la lucha ruda y prolongada entre países opresores y pueblos que reclaman su independencia, la actitud de México no puede ser neutral, sino solidaria. Esta linea fundamental de la política exterior mexicana ha sido practicada con entereza, particularmente en el caso (por lo demás tan escabroso y cargado de explosivos riesgos para el mundo entero) de Cuba y su derecho de autodeterminación.
"...Hemos entendido ---prosigue el Presidente--- que si la estabilidad política, económica y social es requisito básico para nuestro desarrollo, la paz también lo es para nosotros y para todos los continentes y regiones...
'La paz mundial es un designio de nuestro tiempo. Nosotros la demandamos no sólo como un imperativo de la más profunda humanidad sino para impulsar nuestro progreso y bienestar; otros pueblos la necesitan con urgencia para iniciar o proseguir su desenvolvimiento, y algunos la requieren para conservar los niveles de vida que ya conquistaron".
"La paz es necesaria para avivar nuestro crecimiento y para desterrar el impulso que la llamada 'guerra fría' causa en los países que, como el nuestro, están en proceso acelerado."
"México aspira a lograr su grandeza para ponerla al servicio de sus habitantes, de los pueblos que requieran de su cooperación y de los altos ideales del hombre".
He aquí, pues, la proyección internacional de la tesis de López Mateos sobre el camino de México. A un esfuerzo interior por acelerar el desarrollo, debe corresponder, en el exterior, una política activa para asegurar un clima internacional de paz y cooperación que propicie ese desarrollo. Si se busca, en el plano nacional, la multiplicación de la fuerza productiva y una nueva distribución del ingreso, en provecho de la mayoría, también debe propugnarse en el orden mundial un acrecentamiento de las fuerzas productivas de la humanidad y una nueva distribución de productos y bienes entre todas las naciones, auxiliando especialmente al tercer mundo, que es el que más sufre hambre y miseria. La paz, el respeto a la autodeterminación de los pueblos, la no intervención de unos países en los asuntos de los otros, la liquidación de la guerra fría, la disolución de los bloques beligerantes, la suspensión de las pruebas de armas nucleares, el desarme universal, la firma de un pacto mundial de no agresión, son los medios indispensables para establecer el ambiente de seguridad que propicie el desarrollo progresista de todos los países.
De ese modo, con los trazos de una política exterior independiente, pacífica y de cooperación económica y cultural, la concepción de López Mateos sobre el desarrollo de México, alcanza su cabal amplitud. Tiene que ser vista así, indivisible en sus dos aspectos: el nacional y el internacional. Pretender a estas horas ignorar la importancia básica, determinante, de lo internacional, sería tan erróneo como menospreciar la importancia de los factores internos.
México no puede retroceder al provincianismo, al aldeanismo de otros periodos de su historia. Su relación con el mundo, su interdependencia con el exterior, exige cada día mayor atención, firmeza, prudencia y audacia en su propia política internacional.
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