Señoras y señores:
Por razones de edad
conocí a Don Enrique Ramírez y Ramírez, ya siendo Director del Periódico “El
Día”. Debo reconocer, agradecer y recordar, que fue su hija Lucía, la que tuvo
a bien presentármelo en una memorable tarde en su casa de la Colonia Portales. Por
este magnífico acontecimiento y por haberme invitado a este evento, muchas gracias
Lucía y mi más amplia valoración a tu esfuerzo para rescatar y socializar la
obra de tu padre.
Como editorialista del
Periódico, tuve la oportunidad de conversar con Don Enrique sobre los temas de
fondo de la realidad del mundo, de Latinoamérica y de México. Siempre con
sensibilidad y capacidad para encontrar sentido a los acontecimientos, cada ocasión
se convertía en una privilegiada clase de conocimientos y aprendizaje y hasta
de discusión y controversia, puesto que con él, había respeto para las
opiniones del interlocutor.
En aquellos tiempos, en
la década de los setentas del siglo pasado, Don Enrique Ramírez era considerado
como un fundamental ideólogo de la izquierda mexicana y aun del Partido
Revolucionario Institucional. De hecho presidía su Comisión Nacional de
Ideología, como antecedente que define a un PRI comprometido con la Revolución
Mexicana, con las reivindicaciones de los trabajadores y con los intereses
supremos de la Nación.
Yo era en aquel
entonces, un sociólogo de reciente regreso de la Cuba Revolucionaria, egresado
de la Universidad de Oriente de Santiago de Cuba, donde pudo presenciar y razonar
la sustitución de un sistema basado en la explotación del hombre por el hombre
por otro inspirado en el principio de hermandad entre los hombres y de que
juntos, pueden construir un mundo de grandeza y alegría.
Con aquella estructura
individual, pude conocer la declaración de Don Enrique, en la Mesa de Marxistas
de enero de 1947, cuando dijo: “Quiero hacer una declaración en mi nombre: creo
en el marxismo victorioso, soy partidario del marxismo victorioso, del marxismo
de esta época, de nuestra época…” Con estas declaraciones, había en
consecuencia, un código compartido para comprender al mundo y surgió una
perdurable amistad.
Ahora, terminada la
centuria anterior y comenzando el nuevo milenio, las ideas perdieron
importancia y las ideologías políticas, se dieron por muertas. La época del
pragmatismo de mercado fue iniciada y el pensamiento abstracto entro en franca
decadencia.
Por ello, en
circunstancia de crisis y decadencia, es trascendente recordar a un hombre cuya
característica esencial, fue la de pensar ideológicamente en la perspectiva de
la realidad de los trabajadores y la inevitabilidad de la revolución, para
construir una sociedad de justicia y de igualdad de oportunidades.
Ideas sugestivas para
la solución de los problemas del presente están contenidas en este primer tomo
de la Obra de Enrique Ramírez y Ramírez para acabar con los mitos que han
servido, “en todos los tiempos – según un artículo de 1939 – para evitar que el
hombre asuma íntegramente la responsabilidad de sí mismo y de la realidad en
que vive”.
Las ideas del libro
sirven también, para combatir a los “hombres huecos”, que son aquellos “deshabitados
de toda fe, los hombres sin oriente, mártires de su propia debilidad ante los
acontecimientos…”.
La globalización del
mercado ha empobrecido al mundo y la conciencia de hombre. Ideas, pensamiento,
principios, la historia misma se pretende sepultar. En México se canceló la
Revolución, el nacionalismo y la conciencia social. Política y democracia perdieron
su contenido popular. ¿Quién sabe ahora lo que es el pueblo? Importa la inversión
y la rentabilidad. La enajenación del dinero es brutal.
Por esta ruta se puede
perder todo, incluyendo al propio país. Así de graves pueden percibirse las circunstancias,
para seguir aprendiendo de su inteligencia, patriotismo y compromiso como el de
nuestro amigo Enrique Ramírez y Ramírez.
Finalmente debo decir
que junto a su inteligencia, estaba la cualidad del comunicador que crecía en
la palabra para formar conciencias. “Nuestra arma preciosa y superior es la
palabra. La palabra con su contenido conceptual, llena de pensamiento, pensamiento
que es como la flor de la naturaleza humana”, decía en el Primer Simposio de la
Prensa Nacional, allá por 1980.
Se podría estar en
desacuerdo con Don Enrique Ramírez y Ramírez en distintas cuestiones tácticas
de la lucha social, pero nunca en asuntos estratégicos, especialmente
relacionados con los trabajadores y el país. Por eso el ejemplo, de quien
comprometió su vida con los grandes cambios a favor del pueblo y con la
grandeza y la independencia de su Patria.
Muchas gracias.
Jerjes Aguirre Avellaneda
México, D.F., a 23 de septiembre del 2015.
No hay comentarios:
Publicar un comentario