jueves, 1 de octubre de 2015

En la Presentación de la Obra “Antología Política de Enrique Ramírez y Ramírez”, preparada por Lucía Ramírez Ortíz.

Señoras y señores:


Por razones de edad conocí a Don Enrique Ramírez y Ramírez, ya siendo Director del Periódico “El Día”. Debo reconocer, agradecer y recordar, que fue su hija Lucía, la que tuvo a bien presentármelo en una memorable tarde en su casa de la Colonia Portales. Por este magnífico acontecimiento y por haberme invitado a este evento, muchas gracias Lucía y mi más amplia valoración a tu esfuerzo para rescatar y socializar la obra de tu padre.
Como editorialista del Periódico, tuve la oportunidad de conversar con Don Enrique sobre los temas de fondo de la realidad del mundo, de Latinoamérica y de México. Siempre con sensibilidad y capacidad para encontrar sentido a los acontecimientos, cada ocasión se convertía en una privilegiada clase de conocimientos y aprendizaje y hasta de discusión y controversia, puesto que con él, había respeto para las opiniones del interlocutor.
En aquellos tiempos, en la década de los setentas del siglo pasado, Don Enrique Ramírez era considerado como un fundamental ideólogo de la izquierda mexicana y aun del Partido Revolucionario Institucional. De hecho presidía su Comisión Nacional de Ideología, como antecedente que define a un PRI comprometido con la Revolución Mexicana, con las reivindicaciones de los trabajadores y con los intereses supremos de la Nación.
Yo era en aquel entonces, un sociólogo de reciente regreso de la Cuba Revolucionaria, egresado de la Universidad de Oriente de Santiago de Cuba, donde pudo presenciar y razonar la sustitución de un sistema basado en la explotación del hombre por el hombre por otro inspirado en el principio de hermandad entre los hombres y de que juntos, pueden construir un mundo de grandeza y alegría.
Con aquella estructura individual, pude conocer la declaración de Don Enrique, en la Mesa de Marxistas de enero de 1947, cuando dijo: “Quiero hacer una declaración en mi nombre: creo en el marxismo victorioso, soy partidario del marxismo victorioso, del marxismo de esta época, de nuestra época…” Con estas declaraciones, había en consecuencia, un código compartido para comprender al mundo y surgió una perdurable amistad.
Ahora, terminada la centuria anterior y comenzando el nuevo milenio, las ideas perdieron importancia y las ideologías políticas, se dieron por muertas. La época del pragmatismo de mercado fue iniciada y el pensamiento abstracto entro en franca decadencia.
Por ello, en circunstancia de crisis y decadencia, es trascendente recordar a un hombre cuya característica esencial, fue la de pensar ideológicamente en la perspectiva de la realidad de los trabajadores y la inevitabilidad de la revolución, para construir una sociedad de justicia y de igualdad de oportunidades.
Ideas sugestivas para la solución de los problemas del presente están contenidas en este primer tomo de la Obra de Enrique Ramírez y Ramírez para acabar con los mitos que han servido, “en todos los tiempos – según un artículo de 1939 – para evitar que el hombre asuma íntegramente la responsabilidad de sí mismo y de la realidad en que vive”.
Las ideas del libro sirven también, para combatir a los “hombres huecos”, que son aquellos “deshabitados de toda fe, los hombres sin oriente, mártires de su propia debilidad ante los acontecimientos…”.
La globalización del mercado ha empobrecido al mundo y la conciencia de hombre. Ideas, pensamiento, principios, la historia misma se pretende sepultar. En México se canceló la Revolución, el nacionalismo y la conciencia social. Política y democracia perdieron su contenido popular. ¿Quién sabe ahora lo que es el pueblo? Importa la inversión y la rentabilidad. La enajenación del dinero es brutal.
Por esta ruta se puede perder todo, incluyendo al propio país. Así de graves pueden percibirse las circunstancias, para seguir aprendiendo de su inteligencia, patriotismo y compromiso como el de nuestro amigo Enrique Ramírez y Ramírez.
Finalmente debo decir que junto a su inteligencia, estaba la cualidad del comunicador que crecía en la palabra para formar conciencias. “Nuestra arma preciosa y superior es la palabra. La palabra con su contenido conceptual, llena de pensamiento, pensamiento que es como la flor de la naturaleza humana”, decía en el Primer Simposio de la Prensa Nacional, allá por 1980.
Se podría estar en desacuerdo con Don Enrique Ramírez y Ramírez en distintas cuestiones tácticas de la lucha social, pero nunca en asuntos estratégicos, especialmente relacionados con los trabajadores y el país. Por eso el ejemplo, de quien comprometió su vida con los grandes cambios a favor del pueblo y con la grandeza y la independencia de su Patria.

Muchas gracias.


Jerjes Aguirre Avellaneda


México, D.F., a 23 de septiembre del 2015.

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