lunes, 26 de octubre de 2015

La nave va. La raza y el espíritu.

Por Raúl Moreno Wonchee

Los plazos se van cumpliendo y de 16 aspirantes quedaron 10 candidatos. Si los primeros eran muchedumbre los segundos son multitud. Como que esos números desajustan el torneo convocado por la Junta de Gobierno de la UNAM para que el ganador, sin derrotar a nadie, sea rector de esa Casa por los próximos cuatro años. Elección singular que no pocos califican de antidemocrática pero que a lo largo del medio siglo de vigencia de la Ley Orgánica ha sido mecanismo eficaz para equilibrar la academia, la política y la administración. Un proceso en cuyo curso debe de irse forjando el espíritu que le dará al nuevo rector la fuerza moral para gobernar, con las armas de la razón, el pandemónium de la raza, las inquietudes desatadas por el conocimiento y la cultura. Y encauzar esa fuerza para ponerla al servicio de una  sociedad cada día más necesitada de los recursos de la inteligencia para remediar sus males y abrirse paso a un futuro mejor. Pero el número de candidatos deja entrever una comunidad fragmentada en la que podría prosperar una intencionalidad política negativa para la vida universitaria. El doctor José Sarukhán, ex rector de grata memoria, ya advirtió que una sobreexposición de los candidatos en los medios conlleva el riesgo de politizar el proceso, una manera de decir que intereses ajenos a la institución buscan tener injerencia en un asunto exclusivo de los universitarios. Una vez más la sabiduría institucional de la Junta será puesta a prueba. Ojalá que haga la lectura correcta de su propio protocolo para que encuentre y haga valer la piedra filosofal de la Universidad Nacional: la autonomía.   

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