Por Raúl Moreno Wonchee
Vaya cataclismo el que ha ocurrido en el mundillo de las ideas políticas con la visita del presidente Barack Obama a la Cuba revolucionaria que lo sigue y lo seguirá siendo. Por lo pronto, se ha demostrado que ese pequeño mundo, al igual que el grande, es redondo y como dijo el gran Salvador Allende la extrema izquierda es una manera de llegar a la derecha y viceversa. Por allá van los convencidos de que si la realidad no está de acuerdo con ellos, peor para la realidad. Unos postulan que cualquier victoria popular es imposible y que todo lo que lo parezca es una vulgar operación de compra-venta. Otros, que el gran gesto de Obama es una traición a la democracia porque legitima la “dictadura de los Castro”. En cualquier caso, prohibido pensar, versión en némesis menor del Mayo del 68. Pero la Revolución Cubana siempre ha sido un poderoso inductor del pensamiento. Pronto serán cuatro décadas de que Leopoldo Zea planteó: en ejercicio de su derecho de autodeterminación, Cuba ha buscado en el marxismo solución a problemas que son comunes a todos nuestros pueblos. En el marxismo como instrumento, como en el pasado lo fuera para otros el liberalismo. En busca de afianzar su revolución encontró las soluciones que ofrecía el marxismo. Pero la revolución no se hizo de acuerdo con las tesis marxistas, las tesis marxistas se adecuaron a la revolución. Luego, el filósofo mayor del latinoamericanismo advirtió que con el fin de la guerra fría, la hostilidad norteamericana hacia Cuba, debida no sólo a la pugna Este-Oeste sino al afán de dominación imperialista, no declinaría. Y ahora, un cuarto de siglo de resistencia imbatible después del colapso del campo socialista, Cuba ha alcanzado una sensacional victoria.
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