Por Raúl Moreno Wonchee.
¿Mordió el anzuelo o está en su naturaleza? La señora Clinton encontró el momento para no dejar duda alguna. Secretaria de Estado en el primer gobierno de Obama, cuando éste hizo gala de su mejor oratoria en la Universidad de El Cairo para anunciar el apocalipsis democrático para el Oriente Medio. Fue entonces que Hillary tuvo a su cargo desatar la “primavera” árabe y con las falsas banderas de los derechos humanos y la democracia, sumió a la región en el caos y la guerra. De allí vienen la oleada migratoria que tiene en jaque a Europa y la desestabilización petrolera. Y ahora, como precandidata a la presidencia de su país se ha servido de la colosal y contagiosa estupidez de Trump para hacer sonar las trompetas del juicio semifinal sobre México. Rebasó por la derecha al republicano ya no para anunciar muros imposibles y deportaciones millonarias –el gobierno del que formó parte construyó cientos de kilómetros de muros fronterizos e impuso el récord de expulsiones— sino para culminar la maniobra injerencista que busca señalar a México ante el mundo como un país cuyo Estado carece de voluntad para garantizar los derechos humanos de sus habitantes. ¿Habrá que tener algo de perspicacia para descubrir en las declaraciones de la señora Clinton una confesión y una amenaza? O una promesa electoral. Hasta ahora, el Departamento de Estado había sido dueño de su silencio. Pero a la señora Clinton la traicionó su inconsciente y como a su antigua rival, se le fue la lengua. De aquí en adelante va a ser esclava de lo que dijo, de su mayúscula hipocresía y de su creencia insensata en que tiene la potestad de intervenir en México con el avieso pretexto de defender los derechos humanos.
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