Para Arnaldo Córdoba.
Profundo analista del México contemporáneo.
In memorian
Por Víctor Manuel Barceló
Recordemos: la ONU (Asamblea General del 2011) determinó que el 2014 sería
“Año Internacional de la Agricultura Familiar” (AIAF). Tal agricultura exhibía su importancia porque existen “(...) 1,5 mil millones de personas en 380 millones de establecimientos rurales, 800 millones con huertos urbanos, 410 millones en bosques y sabanas, 190 millones de pastores y más de 100 millones de pastores campesinos. (De ellos) 370 millones de indígenas. Juntos, los 3 mil millones de agricultores familiares, campesinos e indígenas suman más de un tercio de la humanidad y producen 70 % de los alimentos del mundo“ http:// alainet.org/publica/alai496w.pdf
Una nación sin campesinos es “incompleta, menos diversificada e históricamente árida, por ausencia de sectores de sus pueblos relacionados productiva, armoniosa y placenteramente con la naturaleza”. La agricultura campesina abarca: campesinos, indios u originarios, negros o mulatos, recolectores de selvas, ribereños, pescadores, artesanos que son productores rurales. El amplio espectro de pueblos no solo es importante por la cantidad y calidad de bienes alimentarios y de otro tipo, que producen, intercambian y comercializan, sino porque mantienen tranquilidad y paz, en amplias regiones del mundo. Ver: Heck, Silvino (2014). Ano da agricultura familiar, camponesa e indígena. In http://site.adital.com.br/site/noticia.php?lang=PT&cod=79874
Lo que de verdad interesa y quedó plasmado en discursos de funcionarios, incluso Presidentes de países presentes en la Asamblea es “reposicionar” a esta porción de productores, en las políticas agrícolas, ambientales y sociales de las agendas nacionales, regionales y globales, por su contribución significativa, tanto a la industria mundial de alimentos, la preservación de los tradicionales, creación de empleo y atenuación de la pobreza, como a la protección de la biodiversidad y herencias culturales. Habrán de superarse los criterios, incluso oficiales en diversos países, que entienden a la “integración” de los agricultores familiares como el engancharles a la cadena agroindustrial global, en que sus normas le hacen accesible solo a las empresas grandes, generalmente transnacionales.
Se aprecia que no interesa a los gobiernos que con “solo 1⁄4 de tierras arables del mundo, campesinos y campesinas alimentamos al 70% de la población mundial, en tanto más del 40% de alimentos de la cadena agroindustrial se pierden por descomposición (FAO). El 90% del mercado mundial de granos está en manos de cuatro corporaciones: ABC, Bunge, Cargil y Dreyfus”, de acuerdo a la CLOC- VC “tenemos claridad: el sistema del capital financiero para el campo es agricultura industrial en manos de ...transnacionales...totalmente contradictorio con la Soberanía Alimentaria y la Agricultura Familiar Campesina Indígena”.
“Muchos predios familiares...están...incrementando su renta con el empleo de principios agroecológicos...participación en nuevas actividades económicas ... producción de nuevos productos...prestación de nuevos servicios, en general distribuidos y ofrecidos a través de nuevos mercados, socialmente construidos...estas nuevas estrategias (son) formas de re campesinización, que buscan restaurar la naturaleza campesina de la agricultura al fortalecer el predio familiar...una forma de defender y fortalecer la agricultura familiar”.
La vía campesina, alternativa a la fase del capitalismo vigente, se construye a contrapelo del implante que, desde los ’80s del Siglo XX, realizan organismos financieros multilaterales (FMI y Banco Mundial) y otros órganos (FAO, ONUDI, OMC y organismos regionales). Esta es una nueva fase del capitalismo, bajo pleno dominio del capital financiero y las transnacionales. El capital financiero (CF) fue creciendo como bola de nieve, cayendo sobre los bienes de las naciones, mediante una circulación monstruosa y especulativa en el Planeta, en una escala de cinco a uno, como proporción entre circulante y producción (255 billones de Dls. en monedas y apenas 55 billones de Dls. en bienes anuales). De allí la enorme concentración de la propiedad de la tierra, de los bienes de la naturaleza y de los alimentos. Pero aún hay organizaciones campesinas que encausan el uso de la tierra, mediante fórmulas que no requieren enajenación, si bien su renta y el mantenimiento de la conciencia de que la tierra es de quien la trabaja, y no como ahora se afirma, que es de quien la perfora.
Las nuevas condiciones agrarias en el mundo están bajo control de no más de 100 transnacionales quienes dominan la mayor parte de la producción mundial de fertilizantes, agroquímicos, pesticidas, agroindustrias y mercado de alimentos, incorporando a estos, en la espiral de la especulación: se venden y trafican en bolsas de valores internacionales, como cualquier materia prima de apetencia transnacional. Queda en manos de grandes inversionistas financieros, la adquisición de millones de toneladas de alimentos, que sin moverse de sus centros de producción, son manejados virtualmente para especular. Ocurre con soya, maíz, trigo, arroz; zafras venideras, ni siquiera sembradas, se venden o comprometen en calidad de comodities.
Este modelo de producción que el capital transnacional está “plantando” en todo el Planeta -agronegocio (agribusiness)- organiza la producción agrícola en monocultivos con enormes extensiones de tierra, obtenida por medios lícitos pero también ilícitos, a los que aplica el uso intensivo de maquinaria agrícola, agrotóxicos, y semillas transgénicas. Ello hace que este mecanismo productivo sea: socialmente injusto -desaloja de sus tierras, mano de obra campesina-; económicamente “inviable” -resulta de importaciones gigantescas de fertilizantes químicos. Sometido a grandes corporaciones que dominan: semillas, insumos agrícolas, precios, mercado, permite e impulsa que éstas acaben acrecentando su riqueza, con la parte sustantiva de las ganancias de la producción agrícola.
Graves para la biodiversidad son sus acciones: insustentables para el medio ambiente por el monocultivo que practican, aniquilando la biodiversidad de la naturaleza con el uso insensato de agrotóxicos que agotan la fertilidad natural de los suelos y matan a sus microorganismos, buenos para una producción sana. De ese modo intoxican al medio ambiente, por ende, a los alimentos producidos, con secuelas de gravedad creciente para la salud de la población, que sufre nuevamente enfermedades ya erradicadas y afectaciones desconocidas hasta ahora.
Como ejemplo señalan -João Pedro Stedile y Osvaldo León- que en Brasil, el Instituto Nacional del Cáncer (Inca) previno en febrero pasado, que se pronostican para este año 546.000 nuevos casos de cáncer en el país, la mayor parte causada por alimentos contaminados con pesticidas -sobre todo de mama y próstata, las células más frágiles donde los principios activos de venenos químicos actúan a sus anchas-. Consultar: Revista América Latina en Movimiento, No., 496 de junio de 2014, que trata sobre el tema de ” Políticas y alternativas en el agro en el año de la agricultura familiar”http://www.alainet.org/publica/496.phtml
Pero los pobladores tienen que alimentarse y si no tienen a mano productos sanos logrados en tierras con fertilizantes naturales, tienen que consumir lo que hay en los mercados departamentales. Pocos y en lugares muy especiales tienen acceso a lo producido por las empresas familiares, tal vez menos "agradables" a la vista, pero que llenan las expectativas de la salud personal y social. Llegar a cubrir "gustos" de la población por los productos que se expenden en mercados populares, requiere de una adecuada preparación de los habitantes de pueblos y comunidades. La educación especializada, sobre todo a los pueblos indígenas, es fundamental. Para ello debe trabajarse en identificar condiciones y factores que impulsan la efectividad de los programas de educación indígena, como respuesta a su derecho a una educación pertinente, equitativa y de calidad, que reconozca la diversidad lingüística y cultural. Ver: Evaluación de Proceso de Cuatro Programas y Estrategias de Educación Indígena publicado el 24 jun 2014. SEP.
No es usual la vinculación de diversos programas concertados en la ONU para juntarlos en temas integrales. Tal debiera ocurrir -por ejemplo- con los Objetivos de desarrollo del Milenio, desde que allí se consideran temas que se inter relacionan, aunque su tratamiento está separado por razones programáticas y presupuestarias. Recordemos, los objetivos son: 1Erradicar la pobreza extrema y el hambre. 2Lograr la enseñanza primaria universal. 3Promover la igualdad de género y autonomía de la mujer 4Reducir la mortalidad infantil. 5Mejorar la salud materna. 6Combatir el VIH/SIDA, el paludismo y otras enfermedades.7Garantizar la sostenibilidad del medio ambiente. 8Fomentar una asociación mundial para el desarrollo. Podríamos referirlo a un país y a la urgencia de atacar tales calamidades, en función de su población y decisiones gubernamentales para atacarles profundamente.
Es el caso de México, con una Población de 115.2 millones, índice de pobreza 45.5%, Ingreso per cápita $15,100 e IDH igual a 0.775, que requiere de impulsos sustanciales para ir al fondo de dichos asuntos de manera integral. Ver:MX.UNDP.org (Continuará).
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